- Domingo, 1 de mayo de 2005 -

Cardenal Juan Luis Cipriani: “La Iglesia está viva”

Queridos hermanos:

Hace una semana estaba concelebrando la Santa Misa con Benedicto XVI, en la Plaza de San Pedro, en su entronización como nuevo Papa. Fueron momentos de enorme emoción, en los que tuve al Perú en el corazón.

Estas han sido semanas importantes en la historia de la Iglesia. En ellas hemos vivido la muerte de Juan Pablo II y la elección de Benedicto XVI, hemos estado muy unidos en la oración, dando gracias a Dios y pidiéndole al Espíritu Santo que ayude a su Iglesia en la elección del nuevo Papa.

Ya estamos aquí de vuelta. Por eso, en primer lugar mi alegría de volver a dirigirme a todos ustedes como cada domingo, y lo hago recordando palabras de ese domingo en que Benedicto XVI, por primera vez se presentó en la Plaza de San Pedro. Nos decía él, hablando del Papa Juan Pablo II: “cruzó el umbral hacia la otra vida, entrando en el misterio de Dios”.

Hermanos, cuando contemplaba millones, jóvenes, ancianos, niños, de tantos países del mundo, que hacían colas interminables para poder pasar unos instantes delante del cuerpo de Juan Pablo II, pensábamos todos: en algún momento me tocará.

Quien cree nunca está solo, ni en la vida ni en la muerte

Cuando el Papa habla de ese “umbral”, de pasar a la otra vida, y dice “Juan Pablo II no dio el paso solo”, nos dice que quien cree nunca está solo, no lo está ni en la vida ni en la muerte. Esta es una idea muy bonita de Benedicto XVI.

Por eso, esta presencia de Dios, a través de la muerte de Juan Pablo II, movilizó a millones a través de los medios de comunicación. ¿Qué hacían ahí? ¿Por qué estaban tan cercanos? ¿Qué los movía?.

Me atrevo a responderlo con una frase breve: “Veían en Juan Pablo II al rostro de Cristo. Habían experimentado la bondad de Cristo, su alegría, su perdón, al Padre que es Cristo. Por eso la humanidad, de una manera maravillosa se ha sentido como huérfana.

Hermanos, quien cree nunca está sólo. Hoy que te hablo invoco a Juan Pablo II para que en tu propia vida despiertes a esa pregunta: ¿Cómo estoy viviendo? ¿Cómo va a ser ese paso a la eternidad? ¿Cómo ese milagro que Dios ha hecho unir a toda la familia humana para despedir a quien ha sido al luz del mundo?.

La Iglesia está viva

Juan Pablo II ha sido para nosotros –como Cristo- camino, verdad y vida. Por eso vuelvo sobre el mensaje de Benedicto XVI: “Quien cree nunca está solo”. ¿Tú tienes alguna preocupación que te agobia? ¿Será por que no estás con Dios?.

Y luego, nos habló del Papa de una manera muy bonita. La Iglesia está viva. Lo ha visto el mundo entero. Ha visto como jóvenes, ancianos, pobres y ricos, de toda edad y cultura, creyentes y no creyentes, se reunían junto a un suceso: el Vicario de Cristo ha muerto, que luego continuaba con la noticia de que el Vicario de Cristo ha sido elegido.

Esta es la maravillosa experiencia que hemos visto en estos días. Aprovéchala, medítala en tu vida y en tu trabajo. Que no sea una noticia que pasa de una semana a la siguiente. Date cuenta que Dios ha pasado muy cerca de ti, de tu familia, de tu vida, con la alegría, con el dolor, con la novedad, con la curiosidad.

¿Por qué tenías dentro de ti esa inquietud? Porque la Iglesia está viva, porque el Cuerpo Místico de Cristo –que es la Iglesia- sigue vivo porque vivo está Cristo. Cristo ha resucitado y esa resurrección de Cristo te lleva a decir: “Puedes hablar con Él, acompañarte con Él, buscarlo a Él, en tu marido, en tu esposa, en tus hijos, en la salud y en la enfermedad”.

La juventud es el futuro de la Iglesia

Nuestra Iglesia está viva. Eran grandes aplausos en san Pedro, más de medio millón de personas que experimentaban esa Iglesia viva aplaudiendo a ese Papa que con su personalidad diferente ya se había metido en el bolsillo, la alegría de esa multitud.

Y luego también dijo: “Y la Iglesia es joven, porque Juan Pablo II dedicó mucho tiempo a la juventud porque –mencionaba- es el futuro de la Iglesia, su esperanza”.

Por eso también me dirijo a esa juventud. “La Iglesia también es joven porque Cristo no tiene edad. Y si el Cuerpo de Cristo es la Iglesia, la edad de Cristo es permanentemente joven”.

A ti joven, que a veces dudas, a veces tienes preocupaciones o piensas que el mundo en el que vives no es fácil; y tienes razón cuando piensas que no hay trabajo y te maltratan... Reflexiona en las palabras de Benedicto XVI.

Los desiertos exteriores son fruto del desierto interior

El Papa lo explicó muy bien. Dijo: “Hay desiertos en los que no hay Dios, en los que hay hambre, duda, violencia, en donde la gente se ha perdido y no encuentra el rumbo. Esos desiertos exteriores que uno ve en su alrededor, en su casa, en su trabajo, es fruto del desierto interior”.

Él nos mencionó también: “A veces, lo que tienes dentro es un vacío. Ese vacío de Cristo es el desierto interior. Cuando no tienes a Cristo por guía, te pierdes. Cuando Cristo vivo no está contigo, te pierdes. Cuando la muerte es el final triste, entonces la vida no tiene sentido.

Por eso, con este gozo de retornar al país, con esta alegría de haber vivido una cercanía con Dios muy grande, les transmito la bendición que Benedicto XVI envía a todo el pueblo peruano.

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca siempre.

Amén.

 
 

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