- Domingo, 2 de enero de 2005 -

Cardenal Juan Luis Cipriani:
“Que la paz reine siempre en sus corazones”

Queridos hermanos:

Hoy, primer domingo del año, quiero empezar deseándoles un feliz año y lo hago con las palabras que Juan Pablo II nos propone para el 2005. Nos dice el Papa: No te dejes vencer por el mal, vence al mal con el bien.

Fíjate que bonito este objetivo para todo un año. Estas palabras que toma el Papa vienen de San Pablo, quien nos quiere decir: no superes el mal con el mal. O como tantas veces uno dice: ojo por ojo, diente por diente (Si me trata mal, por qué lo voy a tratar bien).

El Papa nos quiere plantear algo urgente para el mundo entero: la paz. Recuerdan que hace poco cuando celebramos la Navidad, los ángeles le anuncian a los pastores: ¡Paz en la tierra, a los hombres que ama el Señor!

Luego, vemos como cuando Jesús resucita, lo primero que les dice a los apóstoles que están reunidos muertos de miedo: ¡La paz este con ustedes! Hermanos, el Señor le da una importancia muy grande a la paz.

La paz se promueve con el bien

El Papa nos explica de dónde viene esa paz, por eso nos dice: la paz es un bien que se promueve con el bien. Es un bien para las personas, es un bien que hay que custodiar y fomentar, sin devolver a nadie mal por mal. Hay que salir del círculo vicioso del mal por el mal.

La humanidad ha tenido siempre una experiencia del mal. Juan Pablo II nos recuerda que el mal no es una fuerza anónima, sino que tiene nombre y apellido, tiene un rostro. Esto te lo digo al empezar el año para que te propongas desde hoy a sembrar el bien, el perdón, la alegría, a promover la paz, primero en tu corazón.

Si tu no tienes paz, es imposible que puedas trasmitirla en el ambiente en el que me mueva, con tu palabra, con tu gesto, con tu conversación, con tu actitud.

El amor es una tarea para sembrar la paz

Sigue avanzando el Papa y nos dice: el mal, en el fondo es huir de las exigencias del amor. Por lo tanto el amor también es una tarea para sembrar la paz. Y el amor siempre supone sacrificio.

Por eso busca sembrar unidad, alegría, paz, especialmente con los niños, jóvenes, con tu familia, y verás como de esa manera encontrarás, que esa lucha que todos emprendemos en la vida, va acompañada de un clima de paz.

Vence el mal con el bien

Es tan bonito este plan que Juan Pablo II nos propone al iniciar el año: vence el mal con el bien.

El Santo Padre nos quiere decir que no nos dejemos llevar por la espiral: me han hecho daño, yo también hago daño. Si no me saludan, yo tampoco saludo. Si no me perdonan, yo tampoco. Esa es la lógica del mal, dale vuelta.

Pon amor donde no hay y sacarás amor, pon alegría donde no hay y sacarás alegría. Hermanos no nos dejemos llevar por este mundo al que le está faltando alma, espíritu, alegría, felicidad, bien y verdad. Si hacemos este propósito tendremos como consecuencia esa paz que todos anhelamos.

Por eso te invito a encontrarte con Dios y contigo mismo y de esta manera podrás fácilmente tener ese nuevo modo de mirar, esa lógica del amor.

Reza por la paz

Entremos con confianza a este año 2005 para que la paz reine en nuestro corazón, en nuestra familia y en todo el país.

Reza por la paz, contemplemos ese mundo que se ha quedado totalmente sorprendido con la tragedia de ese enorme maremoto en Asia, pensemos un poquito en la fuerza de la naturaleza, del creador.

Son miles y miles de familiares que lloran a sus seres queridos. Por eso es bueno que consideremos lo bueno que es Dios, quien me da la vida, la familia.

Hoy, al empezar este nuevo año, quiero realmente pedirles a todos –siguiendo este consejo de Juan Pablo II- fomentemos actitudes nobles, desinteresadas, fomentemos la ley universal moral que te dice: has el bien y evita el mal.

Con esa gramática encontraremos todos en este año que comienza un camino maravilloso de paz. La paz no será el primer objetivo, sino la consecuencia de nuestro actuar. Empezaremos por el bien, la alegría, la verdad, por la comprensión. Empezaremos por pedirle a Dios que perdone nuestras ofensas, como también perdonamos a los que nos ofenden.

Si sigues este camino, verás como de tu corazón brota ese entusiasmo, esa maravilla de saber que somos hijos de Dios.

Quiero terminar deseándole a toda la familia peruana un año en el que la paz reine en sus corazones, y para ello debemos vencer el mal con el bien. Donde no hay bien, pon el bien, donde no hay verdad pon la verdad. Donde hay pecado pon confesión. Yo creo que de esta manera gozaremos todos de esa patria grande, de ese mundo maravilloso que Dios ha puesto en nuestras manos.

Qué Jesús, que la Virgen María y San José, bendigan con la paz del Señor sus hogares.

Me aúno a esa alegría bendiciéndoles,

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

 
 

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