- Domingo, 3 de julio de 2005 -

“Cuando hablamos del matrimonio,
no estamos comprando un objeto”,
enfatiza Cardenal Cipriani

Queridos hermanos,

La palabra este domingo nos habla de la carta del apóstol San Pablo a los Romanos en la que les dice: “Hermanos, ustedes no están sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el espíritu de Dios habita en ustedes”

Todos nosotros tenemos un cuerpo, ese cuerpo tiene ojos, tiene brazos, tiene piernas, pelo y tiene peso, es lo que tantas veces los médicos tienen que curar. Y nos dice San Pablo sobre ese cuerpo: Ustedes no están sujetos a ese cuerpo, es decir el cuerpo no manda en tu vida sino el espíritu.

El espíritu es aquella parte de la persona –ya no de tu cuerpo- donde está tu amor, tu alegría, tu dolor, tu tristeza, tus ilusiones, tu recuerdo. ¿Dónde está todo eso? En el espíritu y cuando uno se pregunta sobre determinada persona si es más cuerpo o más espíritu, te digo que depende de ti.

Hay gente que solamente se dedicará a ver que come, cómo disfruta del sueño, cómo se dedica a ejercitar el deporte, cómo se dedica al placer sexual y hará un mayor culto a su cuerpo.

Habrán otros –vamos a exagerar- que se dedican a estar metidos en sí mismos, tratar de ver cómo se encuentran, quién los quiere, quién no los quiere, porqué me tratan bien, porqué me tratan mal y viven un mundo de fantasía en el que su espíritu es como un manicomio, donde la locura de su nostalgia, de su envidia, de su pena, de su decepción, constantemente los agobia. Ese cuerpo y ese espíritu –tuyo y mío- se deben desarrollar armónicamente unidos.

Recuerda los valores

Evidentemente, el cuerpo está dado por Dios para que como personas podamos hablar, trabajar, traer hijos al mundo; pero el espíritu es lo que a mí preocupa. Como dice San Pablo: ‘El espíritu de Dios habita en ustedes, el que no tiene el espíritu de Cristo no es de Cristo’.

Y aquí viene una palabra de la que tanto se habla: los valores. Los valores que tantas veces vemos que no existen en las personas, en la sociedad, en los padres de familia, en el deporte, en el gobierno, en todos los ambientes de la sociedad faltan valores. Eso es lo que decimos.

Esos valores ¿dónde están? En el espíritu. ¿Qué valores podemos resaltar? Por ejemplo, el respeto a tu cuerpo. Tu cuerpo no es una herramienta de placer, no es un objeto en venta, tampoco es un objeto para la vanidad ¡No! La dignidad, el respeto a tu cuerpo te dice: ‘Tu cuerpo es templo de Dios’.

Por lo tanto toda esa maravilla que Dios te ha dado en el cuerpo hay que ponerla al servicio de Dios. Si eres un padre de familia: siendo fiel a tu esposa, educando a tus hijos, y no dedicarte a la borrachera, a buscar a otra mujer, a las drogas, o al engaño ¡No! Respeta tu dignidad, pon ese valor en tu espíritu.

También te puedo hablar del valor de lo que es la solidaridad. Si tienes y puedes ayudar a otros, pues tienes que hacerlo porque es un valor que está en tu espíritu. Yo siento la necesidad de educar bien a mis hijos, de dar empleo a quien no lo tiene, de pagar un sueldo justo al que no tiene trabajo. La solidaridad me lleva a desarrollar el espíritu ¿Quién pone en mi ese deseo de amor al prójimo? Cristo.

Puedo tener el valor de lo que es la justicia. No engañar, no chantajear, no mentir ¿para qué? Para que cada uno tenga lo suyo, pero no acostumbrarnos a no tener ese valor, de decir la verdad, el valor que quiere decir: respeta las leyes, el valor que significa respetar las normas, que está dentro de tu espíritu.

Ya no es la política del vivo, sino la política del hombre honesto. Estos valores, que están en el espíritu Son los que san Pablo les recuerda a los Romanos. Dice: ‘Si el espíritu que ha resucitado en Jesús, de entre los muertos está en ti, entonces Jesús también le dará vida a tu espíritu’.

¡Qué bonito pensar que Jesús sea el reflejo que la gente vea en mi vida! ¡Qué bonito pensar que ese retrato que llevo dentro sea más bonito de lo que se ve fuera, que es el cuerpo!

No hablamos de mercaderías sino de personas

Por eso, las reglas materiales no son las mismas que las espirituales. Uno dice un valor material: una casa, un carro, el trabajo. Imagínate que a nosotros también nos trataran como objetos materiales ¿cuánto cuestas? No podemos hablar de una mercadería, estamos hablando de una persona.

Cuando hablamos de las personas, del matrimonio, no estamos comprando un objeto, que es un hombre o una mujer ¡Qué pena cuando se comercia, de modo abusivo sexualmente del cuerpo de una persona haciéndolo mercadería!

En cambio Cristo me dice: Tu gran dignidad está en ese espíritu en el que habita Cristo y te hacer ser alegre, compasivo, cariñoso, disfrutando la vida respetando las normas morales, los Mandamientos de la Ley de Dios.

Vamos a pedirle al Señor con esas palabras del Evangelio: ‘Gracias porque le has dado estas lecciones a la gente sencilla, la gente humilde me entiende, el soberbio y el orgulloso no me entiende.

Que la Virgen María sea la Madre que acoja estos deseos, y que la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo presidan los hogares de todos ustedes.

Amén.

 
 

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