- Domingo, 4 de setiembre de 2005 -

Cardenal Cipriani: “Que tus palabras
reflejen la verdad de tus sentimientos”

Queridos hermanos:

Hoy contemplamos un gran Misterio: “el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Estas palabras resumen el gran misterio de cómo la segunda persona de la Santísima Trinidad se hizo carne en las entrañas purísimas de la Virgen María y habitó entre nosotros.

Dios envía a su Hijo para que nos transmita lo que el Padre tiene en su mente, su verbo, su pensamiento. Cuando te hablo de esta palabra de Dios hecha carne en Jesucristo te quiero decir que tu palabra o la mía, es una palabra que está iluminada por la palabra de Dios. La palabra de Dios es siempre verdadera, es el pensamiento de Dios absolutamente sincero.

He querido hacerte ver en este primer momento qué importante es el valor de la palabra, porque me entiendo con las personas a través de las palabras ya que ellas reflejan nuestro pensamiento. Yo no puedo leer tu pensamiento porque está dentro de tu corazón, de tu mente, pero cuando dices algo a través de la palabra das a entender algo que piensas.

Ese valor de la palabra humana tiene el valor de la palabra divina, por eso es importante conocer la Sagrada Escritura que contiene la palabra de Dios y es muy importante también amarla para que cuando hablemos reflejemos la palabra de Dios.

La verdad une

Hermano, con sencillez quiero decirte que tu palabra puede ser verdadera o falsa. En Dios no puede ser falsa; pero en ti y en mí ¡sí! Puedo decir la verdad que une, ayuda, construye instituciones, familia, sociedad, nación; o la mentira que desune.

La palabra puede ser real cuando representa algo real, pero también puede ser irreal o de fantasía ¿Cómo debe ser nuestra palabra? Debe ser verdadera y real, que refleje lo que está dentro de nosotros aunque no nos guste.

El cuidado de la palabra, mirando a Dios y a su hijo Jesucristo hará que la convivencia humana sea más respetable, más amistosa y que se construya una verdadera comunidad humana.

Vivimos en una crisis de palabra

Me atrevería a decir que vivimos una gran crisis de la palabra. La palabra pocas veces significa algo. Podemos decir que nos equivocamos, podemos pedir perdón, pero dentro ¿hay realmente perdón o arrepentimiento? Puedo decir ¡te quiero mucho, eres buenísima! Pero, dentro ¿hay amor? Puedo decir que quiero trabajar, ayudar y colaborar, pero ¿es verdad?

Cuántas veces vemos que hay exceso de palabras buscando otros fines, como llamar la atención, engañar a las personas, no cumplir un contrato. No es un problema de tipo social o político ¡No! Es una crisis humana.

La Iglesia no hace política

Cuando el pastor de la Iglesia de Lima habla de temas humanos como el sueldo de los policías, ¡no hace política! Sólo enseña la Doctrina Social de la Iglesia.

La Iglesia tiene su doctrina, en un libro que se llama Compendio de Doctrina Social, que contiene más de cien años de enseñanza. No se le puede pedir a la Iglesia que silencie su voz sobre el matrimonio, la familia, educación y sobre el mundo del trabajo.

¡Cómo no vamos todos a tener el derecho a un salario justo! Esto es parte elemental de la Doctrina Social de la Iglesia. Es raro que gente que se supone tiene formación cristiana no sepa distinguir lo que es política de lo que es doctrina social de la iglesia. Nadie podrá silenciar el deber que tiene la palabra de Dios de iluminar la vida social.

Que tus palabras reflejen la verdad

Hermanos, si la palabra pierde su valor, el perdón, el amor, la reconciliación y las gracias no significarían nada. Por eso te pido que no juegues con los sentimientos de las personas y trates que tus palabras reflejen la verdad de tu pensamiento.

Jesús en el Evangelio de hoy nos dice que valoremos la palabra de Dios y que cuando hablemos pensemos bien lo que vamos a decir.

Que el Señor los bendiga a todos y que ilumine esa palabra que vale la pena cuidarla.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.
 
 

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