La semana pasada recordamos con gran cariño la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Esa multitud que nos acompañó nos ha llenado a todos de esperanza, nos ha reflejado a todos que Jesús no nos olvida, y hoy congrega a multitudes en todas las plazas del mundo porque quiere acompañarnos.
La Eucaristía es el centro de mi vida, nada hay que impida tener esa amistad con Jesús. En la liturgia de la Iglesia hemos celebrado el viernes 3 la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.
Es la misma Iglesia que quiere recordar que hace doscientos años en las apariciones a Santa Margarita, Jesús le pidió que difunda la devoción a Su Sagrado Corazón.
Del corazón de Jesús brota el verdadero amor
El corazón es la identificación del amor, el total de la persona, la expresión de cómo una persona ama. El corazón de Cristo es ese corazón que durante toda su vida en la tierra se dedicó a hacer el bien a los demás, nos dejó una lección: “amar al prójimo como a ti mismo”.
Hay muchas maneras de expresar que estamos en la vida para amar, lo que nos lleva a una serie de conclusiones. Si estamos en la vida para amar ¿Porqué tantas veces hay dolores, preocupaciones, problemas, que a veces me llevan a no amar? ¿Qué pasa allí?
A veces vivimos engañados de lo que es la verdadera naturaleza del amor, no sabemos bien lo que es amar. Pongámonos delante del Corazón de Jesús y pidámosle que nos enseñe que de la escuela del dolor brota el verdadero amor. No es fácil vivirlo pero en el dolor se crece en el amor.
Vence al egoísmo
En las dificultades crece el amor ¿quién se opone al crecimiento del amor? El egoísmo. El amor es de dos, el amor es de un grupo. Sólo el amor egoísta da la espalda a los demás, si quiero que todo marche bien tengo que aprender como se reacciona ante las adversidades para seguir teniendo un corazón como el corazón de Jesús.
Cómo puedo explicar que el amor de Dios se manifiesta al entregar a su Hijo para que muera en la cruz. Ponte a meditarlo y verás que los problemas que tenemos son pequeñitos.
El mundo de hoy enseña una escuela de egoísmo que me enseña el amor propio, por lo tanto creo que para conseguir lo que necesito “el fin justifica los medios”. Se atropella, se miente, se engaña, viene la tristeza porque el egoísmo no ha triunfado.
El Sagrado Corazón de Jesús nos invita a acercarnos a otra escuela que no es fácil. Acerquémonos, pidámosle que nos enseñe y Jesús nos responderá.
El corazón de María nos enseña a amar
Esa es la razón de esta fiesta que con tanta ilusión fue encomendada a la Compañía de Jesús, quienes durante siglos han hecho un enorme apostolado para difundirlo por el mundo entero. Tenemos que volver a lanzar esa maravillosa devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
No hace mucho en Polonia, Santa Faustina nos ha dado a conocer esa gran devoción al Señor de la Divina Misericordia. Es como una versión nueva del Corazón de Jesús, por eso quisiera decir a cada uno de ustedes en sus hogares: Aprendan a amar en la escuela del Sagrado Corazón de Jesús. ¿Quién lo va a enseñar? El corazón Inmaculado de María que hemos celebrado el sábado.
¡Qué unidos el corazón de Jesús y de María! Que ellos nos enseñen a amar en el dolor, en el sufrimiento y a volcar esa alegría en la gente que nos rodea.
La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo llene de alegría sus hogares.
Amén