- Domingo, 6 de febrero de 2005 -

“Preparémonos para vivir una nueva primavera
de santidad en el mundo”

Queridos hermanos:

Estamos este domingo nuevamente comentando la palabra de Dios. Acabo de regresar de Roma donde he tenido la ocasión maravillosa de poder saludar al Santo Padre Juan Pablo II, ese hombre lleno de amor por el que todos hemos rezado estos días.

El 21 de enero estuve con él y lo encontré bien. Como siempre cariñoso, alentándonos al optimismo, a la esperanza en Dios; por eso, hemos tenido que continuar -como buenos hijos- pidiéndole a Dios que acompañe, fortalezca y le devuelva la salud a este hombre que tanto se preocupa por la humanidad.

Lo hemos recordado también en el Perú. Hace 20 años visitó tantos lugares de nuestra querida patria. Con cuanta ilusión y alegría lo recibimos y, hoy lo recordamos todos perfectamente, pues nos dejó como un nuevo ambiente. Él nos pedía un Perú más fraterno, más alegre, más unido y más solidario.

Los hechos van pasando, pero labran una huella. Qué recuerdos más bonitos del Papa en el Perú hace 20 años. Lee sus mensajes. Cuántas cosas nos dijo el Papa en Piura, Trujillo, Lima, Arequipa, Villa el Salvador, Callao, Cuzco y Ayacucho. En pocos días, Juan Pablo II nos mostró otro Perú.

Prepárate para la nueva primavera

Ahora el Papa nos está lanzando en esta Gran Misión ‘Remar Mar Adentro’ a lo que él llama una nueva primavera de santidad en el mundo. Pese a las guerras, la injusticia y las dificultades que todos vemos en la familia, en nuestro país y en nuestros ambientes, el Papa nos dice con esa visión de fe en Dios: ¡Prepárate para esa nueva primavera!

Qué contraste con la opinión de quien no tiene fe, de quien no ve la mano de Dios en su vida llena de pesimismo, cólera y -a veces- de violencia. En cambio cuando vemos las cosas con ojos de fe, que distinta es la misma realidad, pues vemos al Señor preparando una nueva primavera; es decir anunciando a la humanidad que estamos despertando a un nuevo amanecer de vocaciones, de santidad, de amor por la familia, respeto por los niños, cuidado por la vida y mayor solidaridad internacional. Pero hermanos, todo esto no es un simplemente esperar, sino que tenemos que poner mucho de nosotros.

Ustedes son la sal y la luz del mundo

Por eso cuando leemos el Evangelio de hoy encontramos en estas palabras de San Mateo la respuesta. Dice Jesús a sus discípulos: ustedes son la sal de la tierra, pero si la sal pierde su sabor para nada sirve. Continúa: ustedes son la luz del mundo, si tú tienes una lámpara no la escondes, sino la pones encima de la mesa para que alumbre a los hombres.

Hermanos, allí está la respuesta de esa primavera: tú y yo debemos ser sal, es decir gente que tenga unos valores, que aprecia a su prójimo y dé ejemplo de amor a su familia, siendo alegres, compresivos. Con la sal de tu ejemplo, la familia adquiere un nuevo sabor.

Igual te diría en la sociedad cuando la justicia busca la verdad y deja de lado la mentira. La sal de los cristianos le da a la justicia un nuevo sabor de paz y concordia, cambia el clima de la sociedad y nos lleva a que seamos luz para iluminar el mundo.

Yo te animo a una actitud de optimismo y esperanza. Si dentro de tu corazón encuentras motivos de pesimismo, examínate, tal vez es el pecado. Tal vez le has hecho mal a alguien o eres una persona que siembra discordia, odio, venganza, y entonces no eres luz; eres sombra y en lugar de llevar paz llevas guerra.

Alumbra con tu luz para que vean tus buenas obras
y den gracias a Dios

Hermanos, esa primavera que el Papa nos anuncia vendrá pronto, pero será más rápido en la medida que tú y yo seamos sal y luz con el ejemplo. Por eso en el Evangelio Jesús nos dice: alumbra con tu luz para que vean tus buenas obra y den gloria a Dios. Entonces muchas más personas podrán decir: tengo fe y doy gloria a Dios porque he visto esas obras buenas, esa generosidad, sinceridad y alegría en mi papá, esposa, hijo, jefe, en el juez, el taxista y en otras personas más.

Por eso fíjate cuando esas palabras de Jesús en el Evangelio se relacionan a la primera lectura de este domingo, en la que el profeta Isaías dice lo siguiente: parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres que no tienen techo, viste al que está desnudo, no cierres tu corazón al necesitado.

En las enseñanzas del profeta Isaías tienes ejemplos concretos de cómo hoy puedes ser sal y luz. Cuando destierres de tu corazón la venganza, la amenaza y la murmuración, estarás realmente siendo parte de esta maravillosa tarea de la Gran Misión ‘Remar Mar Adentro”.

Sembremos fe, optimismo y esperanza

Por eso te animo a mirar con ojos de fe la realidad que estás viviendo. Siembra fe, optimismo y esperanza. En la segunda lectura de este domingo San Pablo también nos dice: yo no les he venido a predicar grandes sabidurías, les he venido a predicar a Jesucristo. Es decir, Jesucristo vivo, el que está en tu casa, en tu familia, en tu corazón. A Él le pedimos que este domingo alumbre nuestra vida y nuestra sociedad para que así tengamos más fe en Él.

Que la Virgen María nos acompañe y la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo ilumine sus hogares.

Amén.

 
 

[Reseña histórica de la arquidiócesis]
[Peregrinación por las Iglesias de Lima]
[Advocaciones y santos peruanos]
[Mensajes del Santo Padre al Perú][Enlaces]