Queridos hermanos:
En este cuarto domingo de Cuaresma, Jesús nos habla del encuentro con un ciego. En este episodio, los discípulos le preguntan: ¿Señor, quién pecó, él o sus padres para nacer en esa condición? Y Jesús con su respuesta, nos aclara algo maravilloso: ni él ni sus padres, sino que es una manifestación de la gloria de Dios.
En el mundo de hoy hay muchos hombres y mujeres ciegos; quienes no se dan cuenta de lo que viven ni lo que está a su alrededor. Por eso Dios se manifiesta obrando en ti y en mí, mediante el camino de la fe, esa fe que para nosotros tiene que ser la luz que nos ayude a caminar por el mundo.
Hoy te invito a mirar a Jesús que pasa por nuestra vida. Él mismo se hace camino y nos indica por donde debemos ir. Es decir, mirando a Jesús en la cruz y resucitado, haciendo la voluntad de Dios y el bien a los demás, comprenderemos mejor la vida y el camino a seguir.
Jesús, pasa por nuestra vida
Hermano, descubre si estás en la luz o en la ceguera. ¿Cómo marcha tu vida? ¿Cómo va tu relación con los demás? ¿Día a día caminas tranquilo y feliz, o tropiezas a menudo con todo? ¿Vives en ese mal humor de la vida, en ese resentimiento, en ese odio, en ese espíritu de venganza que a diario encontramos? ¿No será éste el momento importante para decirle a Jesús: pasa por nuestra vida, date cuenta de nuestra ceguera y ayúdanos a salir de ella?
Tras meditar el Evangelio, te invito a descubrir si acaso esa tierra seca de tu vida no necesita del agua viva que es Cristo, para que en ella encuentres nuevamente la posibilidad de ver lo hermoso que son la vida, el mundo y el tiempo que Dios te regala para compartirlo con los demás.
Pero todo esto hay que mirarlo con los ojos de la fe. Así no sólo admirarás lo hermoso de este mundo sino que también sabrás que no se acaba con la muerte. El mundo es un camino que nos lleva hasta la eternidad y tiene un fin: encontrarnos con Dios cara a cara, en su gloria.
Con los ojos de la fe podrás ver que tus hermanos te necesitan, hacer algo más por los demás, ver a Jesús en la Eucaristía, en su palabra, en cada circunstancia de tu vida.
La soledad, el silencio, el desánimo y todo aquello que se apodera de cada uno de nosotros tiene un solo nombre: la ceguera. El odio y el rencor son sus frutos. La división, peleas entre personas civilizadas pese a que vivimos en un mismo ambiente, es consecuencia de la ceguera que hoy nos presenta el Evangelio.
Pidámosle a Jesús que unte nuestros ojos
de su amor y su misericordia
Hermanos, no será éste un buen momento para decirle a Jesús: unta nuestros ojos de tu amor, misericordia y del agua viva para que lavemos nuestro corazón y quitemos todo aquello que nos aparta de ti y nos hace vivir a la defensiva, destruyendo a los demás.
Amémonos los unos a los otros y hagamos de este Perú una verdadera comunidad de hermanos, donde todos podamos sentir el dolor y la alegría del otro como el nuestro, y la posibilidad de ayudar a los demás como el gran reto del que camina hacia el encuentro con Dios.
¿Hay alegría y paz en tu corazón? No será que nos falta rezar un poco más y pedirle a Jesús: danos el don de la alegría, el don del gozo, el don de la paz.
Ojalá puedas descubrirlo en el sacramento de la Reconciliación. La Cuaresma es un tiempo de conversión, las Iglesias -donde encuentras la paz por medio del perdón y la Reconciliación- se abren para recibirte como el hijo pródigo, como el hijo ciego, como el hermano perdido.
Luego, sentado en la mesa con Cristo y alimentado en la Eucaristía, podrás sentirte fortalecido para no caer en el desánimo, en la indiferencia. Serás solidario y cercano a todos aquellos que te necesitan.
Dios te llama a ser parte de los suyos
Hermano, a través de este espacio quiero ser la luz en tu ceguera. Ánimo, Dios te ama y te llama hoy a ser parte de los suyos. No importa qué piensen los demás, lo importante es lo que Dios pueda hacer por ti para bien de los demás.
Que esa ceguera que el mundo puede haber fabricado en tu vida, Dios -con su bondad y su amor- aleje de ti y te brinde la luz que necesita tu alma para saber vivir con amor esta vida hasta la eternidad.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.