El Arzobispo de Lima y Primado de la Iglesia en el Perú expreso
que: “Si se pregona una democracia que no tiene valores comunes se convierte
simplemente en democracia para algunos y toda la gente se siente marginada,
maltratada y sin ningún interés de participar en ella”.
Queridos hermanos
Hoy domingo estamos clausurando, en Lima, el Año de la Eucaristía.
Un año que ha llenado de alegría al ver en innumerables
iglesias y templos se han colocado Sagrarios pudiendo ahora mucha gente
adorar la presencia real de Jesús en la Eucaristía, fuera
de la Misa.
También contemplamos, con mucho agradecimiento a Dios, como
ha aumentado la asistencia a la misa dominical, especialmente de familias
y de jóvenes.
Eran estos los objetivos que el Papa Juan Pablo II señalaba,
cuando declaró un Año de la Eucaristía. Nos pidió
a todos los pastores y a todos los católicos que al terminar
el año podamos contemplar que aumenta la asistencia a la misa
dominical y que la exposición solemne del Santísimo en
los sagrarios ha sido promovida de manera importante.
Podemos decir con humildad y agradecimiento a nuestro Dios; realmente,
Jesús te encuentras más presente, en los templos y hogares
de esta Arquidiócesis de Lima y con toda seguridad en el Perú
y el mundo entero.
Por eso al clausurarse este año, en la Catedral de Lima, hemos
dado gracias a Dios recordando al Papa Juan Pablo II y al actual Sumo
Pontífice Benedicto XVI, porque la Eucaristía no llega
al final del año dedicado a ella, sino que es un punto de partida
para nuestra familia, nuestros hogares y nuestra propia vida.
Busquemos a Cristo Vivo, en la misa dominical en esa presencia sustancial,
verdadera, real que es su Cuerpo y su Sangre. Busquémoslo también
en esas visitas a Jesús en el Sagrario, dónde quiere hablarte,
consolarte, quiere estar contigo. Que sea la luz de la Eucaristía
el sol que ilumina toda la vida de nuestra iglesia.
Gracias a todos ustedes por el esfuerzo y la bondad que han tenido
de reanimar nuestras comunidades con la presencia del Señor en
la misa y en la Eucaristía.
¿Qué nos dice la Sagrada Escritura, hoy? El libro de
la Sabiduría nos dice: La Sabiduría es radiante, los que
la aman la ven fácilmente y la encuentran los que la buscan.
Ella misma se da a conocer a los que la desean.
Quien madruga por la Sabiduría, no se cansa, la encuentra sentada
a la puerta. Meditar en la sabiduría es prudencia consumada,
el que medita para alcanzar la sabiduría se ve libre de preocupaciones.
Esa Sabiduría es la presencia de Dios que ilumina tu pensamiento,
tus decisiones, una sabiduría que no se agota en buscar solamente
el dinero, el poder.
¿Por qué la sociedad de hoy, va camino a agotarse? Porque
parecería ser que solo está diseñada para ganar
dinero, para alcanzar poder, para influir o manipular más a los
demás. Y si esos son sus objetivos, ¿cuál es la
consecuencia que preocupa?: Que rápidamente habrá un claro
conflicto de intereses porque lo que busco será ganar más
dinero sobre la base de maltratar a otros que ganan menos. Y si quiero
alcanzar más poder, será sobre la base de maltratar abusivamente
a los que tienen menos poder.
Si lo que procuro es manipular la opinión pública, será
sobre la base de maltratar la honra, la imagen de otras personas. Tarde
o temprano la sociedad se verá enfrentada. Y entonces, la gente
dejará de confiar en la justicia, en la verdad, en la familia,
porque entenderá que la sociedad sólo busca enriquecimiento
y atropello con el poder.
La iglesia nos exhorta a rescatar valores que podemos compartir: la
educación, el amor de los padres, la alegría, la solidaridad,
la verdad, el bien, que son expresiones del modo de ser de la persona.
La persona aprecia mucho el ser respetada en su dimensión más
profunda y exige enorme respeto. Toda familia por muchas dificultades
que tenga solicita comprensión y cariño de los demás.
Hermanos, tenemos que lanzarnos a la promoción de esos valores:
la seguridad pública, el respeto a la verdad, el que nadie haga
justicia con sus propias manos y que haya omisión de la justicia
permitiendo el atropello de los derechos.
Sin esos valores positivos de los que tienen dinero o de los que buscan
solo el placer, surgen problemas como la adicción a las drogas,
las borracheras, la promiscuidad, el divorcio, los abortos. Porque se
está buscando un valor totalmente centrado en el egoísmo
y se llega a situaciones donde los intereses del dinero se enfrentan
y surgen las huelgas y la violencia, porque uno quiere aprovecharse
del otro.
Si se pregona una democracia que no tiene valores comunes se convierte
simplemente en democracia para algunos y toda la gente se siente marginada,
maltratada y sin ningún interés de participar en ella.
La Iglesia nos recuerda la Eucaristía, la presencia de Dios.
Dios que se hizo hombre para que la vida de cada uno tenga un valor
infinito. Ese valor, obviamente, está al margen de situaciones
políticas, puesto que el hombre es hijo de Dios e imagen de Dios.
Este valor supremo no está condicionado por ninguna ideología.
Padres de familia, recuperemos esos valores que se pueden compartir
y que el Señor nos ilumine y nos ayude a sembrar valores cristianos
en la sociedad.
Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu
Santo los conforte.
Así sea.