- Domingo, 06 de noviembre de 2005 -

La Eucaristía es el sol que ilumina toda la vida de nuestra iglesia

El Arzobispo de Lima y Primado de la Iglesia en el Perú expreso que: “Si se pregona una democracia que no tiene valores comunes se convierte simplemente en democracia para algunos y toda la gente se siente marginada, maltratada y sin ningún interés de participar en ella”.

Queridos hermanos

Hoy domingo estamos clausurando, en Lima, el Año de la Eucaristía. Un año que ha llenado de alegría al ver en innumerables iglesias y templos se han colocado Sagrarios pudiendo ahora mucha gente adorar la presencia real de Jesús en la Eucaristía, fuera de la Misa.

También contemplamos, con mucho agradecimiento a Dios, como ha aumentado la asistencia a la misa dominical, especialmente de familias y de jóvenes.

Eran estos los objetivos que el Papa Juan Pablo II señalaba, cuando declaró un Año de la Eucaristía. Nos pidió a todos los pastores y a todos los católicos que al terminar el año podamos contemplar que aumenta la asistencia a la misa dominical y que la exposición solemne del Santísimo en los sagrarios ha sido promovida de manera importante.

Podemos decir con humildad y agradecimiento a nuestro Dios; realmente, Jesús te encuentras más presente, en los templos y hogares de esta Arquidiócesis de Lima y con toda seguridad en el Perú y el mundo entero.

Por eso al clausurarse este año, en la Catedral de Lima, hemos dado gracias a Dios recordando al Papa Juan Pablo II y al actual Sumo Pontífice Benedicto XVI, porque la Eucaristía no llega al final del año dedicado a ella, sino que es un punto de partida para nuestra familia, nuestros hogares y nuestra propia vida.

Busquemos a Cristo Vivo, en la misa dominical en esa presencia sustancial, verdadera, real que es su Cuerpo y su Sangre. Busquémoslo también en esas visitas a Jesús en el Sagrario, dónde quiere hablarte, consolarte, quiere estar contigo. Que sea la luz de la Eucaristía el sol que ilumina toda la vida de nuestra iglesia.

Gracias a todos ustedes por el esfuerzo y la bondad que han tenido de reanimar nuestras comunidades con la presencia del Señor en la misa y en la Eucaristía.

¿Qué nos dice la Sagrada Escritura, hoy? El libro de la Sabiduría nos dice: La Sabiduría es radiante, los que la aman la ven fácilmente y la encuentran los que la buscan. Ella misma se da a conocer a los que la desean.
Quien madruga por la Sabiduría, no se cansa, la encuentra sentada a la puerta. Meditar en la sabiduría es prudencia consumada, el que medita para alcanzar la sabiduría se ve libre de preocupaciones.

Esa Sabiduría es la presencia de Dios que ilumina tu pensamiento, tus decisiones, una sabiduría que no se agota en buscar solamente el dinero, el poder.

¿Por qué la sociedad de hoy, va camino a agotarse? Porque parecería ser que solo está diseñada para ganar dinero, para alcanzar poder, para influir o manipular más a los demás. Y si esos son sus objetivos, ¿cuál es la consecuencia que preocupa?: Que rápidamente habrá un claro conflicto de intereses porque lo que busco será ganar más dinero sobre la base de maltratar a otros que ganan menos. Y si quiero alcanzar más poder, será sobre la base de maltratar abusivamente a los que tienen menos poder.

Si lo que procuro es manipular la opinión pública, será sobre la base de maltratar la honra, la imagen de otras personas. Tarde o temprano la sociedad se verá enfrentada. Y entonces, la gente dejará de confiar en la justicia, en la verdad, en la familia, porque entenderá que la sociedad sólo busca enriquecimiento y atropello con el poder.

La iglesia nos exhorta a rescatar valores que podemos compartir: la educación, el amor de los padres, la alegría, la solidaridad, la verdad, el bien, que son expresiones del modo de ser de la persona. La persona aprecia mucho el ser respetada en su dimensión más profunda y exige enorme respeto. Toda familia por muchas dificultades que tenga solicita comprensión y cariño de los demás.

Hermanos, tenemos que lanzarnos a la promoción de esos valores: la seguridad pública, el respeto a la verdad, el que nadie haga justicia con sus propias manos y que haya omisión de la justicia permitiendo el atropello de los derechos.

Sin esos valores positivos de los que tienen dinero o de los que buscan solo el placer, surgen problemas como la adicción a las drogas, las borracheras, la promiscuidad, el divorcio, los abortos. Porque se está buscando un valor totalmente centrado en el egoísmo y se llega a situaciones donde los intereses del dinero se enfrentan y surgen las huelgas y la violencia, porque uno quiere aprovecharse del otro.

Si se pregona una democracia que no tiene valores comunes se convierte simplemente en democracia para algunos y toda la gente se siente marginada, maltratada y sin ningún interés de participar en ella.

La Iglesia nos recuerda la Eucaristía, la presencia de Dios. Dios que se hizo hombre para que la vida de cada uno tenga un valor infinito. Ese valor, obviamente, está al margen de situaciones políticas, puesto que el hombre es hijo de Dios e imagen de Dios. Este valor supremo no está condicionado por ninguna ideología.

Padres de familia, recuperemos esos valores que se pueden compartir y que el Señor nos ilumine y nos ayude a sembrar valores cristianos en la sociedad.

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo los conforte.

Así sea.

 

 
 

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