Homilía de Monseñor Carlos García Camader
Obispo Auxiliar de Lima

- Domingo, 9 de octubre de 2005 -

“Acepta la invitación que te hace el Señor”

Muy queridos hermanos:

Hoy es domingo, día en que como Hijo de Dios el Señor te invita a abrir tu corazón a la Palabra de Dios.

En el Evangelio de San Mateo, Dios nos habla por medio de su palabra y hoy nos invita a un encuentro con Él, en un ambiente de fiesta.

El texto bíblico nos habla de una parábola, que es una enseñanza práctica, sencilla, cerc ana para que entendamos cómo es el corazón de Dios y qué es lo que Él quiere de nosotros en ese caminar hacia la felicidad y hacia la paz.

Hoy nos pone de ejemplo una boda. Nos presenta a un rey que invita a las bodas de su hijo y manda a sus criados para que avisen a los convidados sobre el acontecimiento.

Qué bonito cuando llega una invitación, y los primeros que la reciben son los más cercanos: amigos, familiares, vecinos. ¡Qué alegría! porque son los que mejor conocen a los novios.

Escucha la Palabra del Señor

Y por eso el mismo Dios nos habla de esa manera: unos invitados cercanos a Él. Pero esos invitados de hoy tienen una característica muy especial: no quisieron ir, se dijeron unos a otros que tenían otras cosas más importantes y dice el Evangelio que a pesar de la invitación a la boda y al banquete ya preparado, los invitados no aceptaron. Se fueron a atender sus negocios, a trabajar sus tierras, incluso se molestaron porque los invitaron.

Hoy es domingo, Jesús te invita a compartir con Él la Eucaristía, la Misa, un banquete donde Él nos habla a través de su Palabra y nos invita a profundizar y crecer en la fe. Y con ello también nos invita a sentarnos a la mesa a recibir su Cuerpo y su Sangre, alimento de vida eterna.

¡Qué hermosa invitación! Hoy también podremos decir: ¿Vamos a responder con alegría y gozo? o ¿Vamos a responder como aquellos hombres que prefirieron sus negocios y sus actividades particulares antes de aceptar la invitación del Señor?

¡Cuánta gente tiene prontitud para un paseo, prontitud para tantas cosas, pero para ir a Misa… ¡Ah, el próximo domingo iré! ¡Ah, tengo flojera! ¡Ah, van a volver a repetir lo mismo! ¿Porque piensas que la Palabra va a ser la misma? No será que a veces cerramos el corazón a los cambios que Dios quiere para nuestra vida y con los que espera seamos diferentes y ejemplares.

Hoy el reto es: Escucha la palabra del Señor, no seas de los invitados descorteses, de aquellos que dejan preparada la mesa dominical por hacer cosas que no te van a llevar a la felicidad, ni a la alegría, ni a la paz.

Si estas echado, ¡levántate, y vete a la misa! Y llega a ese encuentro con Cristo, al cual te invita.

No dejes que el pecado te aparte

El Evangelio dice que los invitados llegaron hasta el extremo de atentar contra los criados que iban en nombre de Dios a invitarlos.

Estamos en el Año de la Eucaristía, en el año de la Gran Misión Remar Mar Adentro, ¡Cuánta gente toca tu puerta para invitarte a un encuentro personal con Cristo! ¿Los acoges o los rechazas? A veces hasta los tratas con actitudes hirientes e insultantes.

No actuemos como estos hombres, no actuemos con ira ni con resentimientos, no dejemos que el pecado nos aparte de esta invitación tan grande que Dios nos hace para ser parte de su mesa.

Hoy día, ese mismo rey nos enseña: Si tú no quieres ir otros irán, y esos otros son todos aquellos que en el camino también se convierten en invitados, todos aquellos hermanos que hoy día entrarán en un templo y descubrirán la paz y a través de la presencia de Cristo Eucaristía se sentirán llenos de una gran fortaleza.

Y por eso, también a ti, en cualquier lugar donde te encuentres, te invito a voltear tu mirada a Dios y a sentir desde Él esa reflexión amorosa que te invita a participar a su lado del cielo, de la paz verdadera, a vivir una vida auténticamente feliz, la que nace de un encuentro con Él, de un arrepentimiento sincero.

Revístete con la gracia de Dios

Hay un hecho muy significativo dentro de estos segundos invitados, hay uno que no tiene la vestimenta. La vestimenta para un cristiano es la vida de la gracia, es cuando uno se prepara para la Misa y se reconcilia con Dios, y pasa por el sacramento del perdón y se confiesa. Entonces uno se reviste de la gracia para recibir a Jesús Eucaristía.

No estaría bien que uno quiera recibir a Jesús y siga viviendo una vida de pecado y de muerte, o actuando con odio y resentimiento. Por eso todas esas actitudes están representadas en ese hombrecito que se sentó a la mesa pero no quiso cambiar su vestimenta.

Y ese rey le pregunta como nos pregunta hoy el mismo Dios: ¿Amigo, porqué no te has cambiado ese traje? ¿Porqué has venido con ese traje sucio? Y ¿Porqué no lo quieres limpiar si puedes hacerlo?

Dios no te va a pedir lo que tú no eres capaz de hacer. Por lo tanto, si Dios pregunta a este hombre, nos pregunta también a nosotros: ¿Puedes cambiar? ¿Pueden ser tus vestimentas diferentes?

Sé un mensaje alegre

La propuesta de Dios el día de hoy, en este domingo de las Bodas eternas, es esa: que tu corazón se vea libre de resentimientos, de odios, de división, para que en él reine la paz; y revestido de la bondad de la misericordia de Dios puedas tú ser un mensaje alegre, en paz y feliz de la presencia de Dios en este mundo.

Que este domingo no sea un día más en tu vida. Que sea un domingo donde Dios te propone celebrar con Él la Eucaristía. Que celebrando con Él la Eucaristía te lleve a ser vida para aquellos que te rodean en tu quehacer diario.

Que Dios te bendiga y que su amor, fuente de toda misericordia, de amor y perdón, habite en tu corazón.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

 
 

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