Queridos hermanos:
Hoy la Iglesia celebra el tercer domingo de Pascua, que es el paso del Señor, de la muerte a la vida, a la resurrección, a la eternidad. Por eso, hablaremos de esa palabra que sale al encuentro de tu vida para recordarte lo que Jesús le dijo a aquellos hombres que iban de camino.
El evangelista San Lucas en el capítulo 24, nos habla de los discípulos de Emaús, esos hombres que iban de camino, para volver a sus quehaceres diarios, adoloridos y sufriendo porque Jesús había muerto. El comentario de quienes les habían dicho que había resucitado no les bastó. Era necesario encontrarse con Él y Él les salió al encuentro.
Silencio por la partida del Vicario de Cristo
Hoy la Iglesia vive unos momentos de silencio, de oración, porque ha partido el Vicario de Cristo. Juan Pablo II ha partido al encuentro del Señor, hacia la razón de su vida, de nuestra vida sacerdotal: Cristo. Él nos ha dicho: quien ha muerto conmigo también resucitará. Hoy vuelve a cumplir su palabra en la vida de su Vicario aquí en la tierra.
Juan Pablo II -joven, entusiasta, con planes personales, amante del arte, de la literatura- un día sintió el llamado de Dios y dejándolo todo siguió a Cristo en el sacerdocio. Dedicado a entregar su vida por los demás y preocupado porque todos aquellos conozcan a Cristo, lo amen y lo sigan, ofreció su vida al servicio de Dios.
Cuando tenía 12 años de sacerdote lo nombraron Obispo Auxiliar de Cracovia y luego Cardenal para después ser elegido Papa. Durante 26 años la Iglesia lo ha visto en ese amor por Cristo, saliendo al encuentro del mundo, poniendo en práctica el Evangelio de hoy que nos relata el encuentro de Jesús con Cleofás y otro hombre que puede ser Lucas.
El Papa se gastó y dio todo por ir de país en país, de persona en persona, a cada uno de esos rincones donde hay un ser humano, donde la palabra de Dios necesita salir al encuentro del hombre para decirle -recordando a Jesús y a aquellos discípulos de Emaus: ¿qué pasa?, ¿que tienes?; para abrirle el corazón y poder contar lo que pasa, lo que tenemos, lo que lo entristece, lo que empobrece nuestra vida, lo que oscurece muchas veces el caminar de nuestra fe.
¿Dónde está la clave de tu vida?
Esos discípulos somos también nosotros. A lo largo de la vida de Juan Pablo II hemos encontrado las palabras de Jesús: ¿dónde has puesto el acento de tu fe?, ¿dónde está la clave de tu vida?, ¿dónde está la razón de tu alegría y de tu gozo?
Y por eso, ¡cuántas veces el Papa Juan Pablo II nos ha dicho -recordándonos a Jesucristo: el amor vence a la muerte, el amor vence a la violencia. La paz es la clave de la vida!.
En ese amor a Cristo, en esa entrega generosa a las cosas de Dios, lo hemos visto compartir con Él todos los momentos del dolor, la pasión y la cruz. Hoy le queda la victoria y en Él nos encomendamos y le encomendamos a nuestra patria.
Juan Pablo II nos dejó un testamento:
El Año de la Eucaristía
Juan Pablo II nos dejó un testamento para toda la humanidad: El Año de la Eucaristía. Allí nos ha dicho algo importante, recordándonos justamente el Evangelio de hoy de los discípulos de Emaus. La palabra que te regala el Papa, antes de partir al encuentro con Cristo, a quien sirvió, amó y lo proclamó con su propia vida es: ”quédate con nosotros, la tarde está cayendo”.
Es verdad. Es necesario voltear nuestra mirada a Jesús en la Eucaristía, es necesario sentirnos retados por Jesucristo en la Eucaristía, es necesario alimentar nuestra vida de Jesucristo en la Eucaristía para que nuestra vida no se sienta desalentada en las dificultades.
Ello porque cuando somos alimentados por Cristo, en su palabra y en la misma presencia Eucarística, presencia real, entonces sabemos superar los miedos y los temores con la ayuda de Dios; sabemos entregarnos desde el reto de la Eucaristía: tomad y comed, esto es mi cuerpo, esta es mi sangre que será entregado por ustedes.
Un encuentro vivo con Cristo
Son palabras que Jesús repite y las vuelve a hacer vida en cada sacerdote cuando celebra la Eucaristía. Por eso cuando vamos a Misa los domingos, es un encuentro vivo con Cristo porque se actualiza el misterio y se hace vida para ti y para mí que caminamos por este mundo.
A veces, ante las realidades diversas, nos desalentamos, nos desorientamos, nos dejamos y ya no queremos seguir luchando en la vida. Y creemos que hay que volver al pasado, que el pesimismo debe ser la fuente en la que tenemos que reempezar. Es allí cuando debemos decir: no, no es en el pesimismo, no es en el desánimo que el hombre vuelve a la vida, sino en Jesucristo.
Vuelve tu mirada a Jesucristo
Vuelve tu mirada a Jesucristo, haz de él tu alimento que te fortalezca, anime y acompañe en el caminar de nuestra vida, para que vayamos en la esperanza y en el amor.
Por eso hoy día: ¡Gracias Señor! Por habernos regalado al Papa Juan Pablo II, por haberle inspirado ese magisterio que nos deja! A ti hermano, que Jesucristo entre en tu ser, en tu actuar. Abre la palabra de Dios, en el evangelio de San Lucas, capítulo 24.
Lee esos discípulos de Emaús y dile: Jesús sí, gracias por habernos hablado; gracias porque nuestro corazón comienza a arder de nuevo; gracias por sentarte a nuestra mesa, por entrar a nuestra casa, por hacerte uno entre nosotros.
¡Gracias Señor! Porque eso nos dará fuerza para salir a los demás y dar testimonio de tu amor que nos das en la cruz; amor que resucitando nos abre el horizonte de la vida hacía la eternidad.
Qué Dios los bendiga a todos,
En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.