Queridos hermanos:
El domingo pasado les hablaba de la palabra de Dios, de como el Verbo de Dios Padre, Jesucristo, vino a la tierra para habitar entre nosotros Y les decía que me da mucha pena comprobar la crisis de la palabra, cómo abusamos de decir cosas que ni siquiera pensamos y mucho menos que vamos a poner en práctica.
Entonces, en lugar del deseo de un mundo, en donde la verdad, la realidad sea la que manda, se impone la imagen, la publicidad, lo que los demás piensan de mí, y nos alejamos del mundo real hacia el mundo virtual, en donde todo es fantasía.
¿Y dónde está el amor y el perdón? En el mundo real. En el mundo virtual todo es falso, son las novelas, son los cuentos, las películas, donde cada uno fabrica su propia conducta.
Hay alguien que sí ve el fondo del corazón y sabe cuando una actuación es falsa ya que solo encuentra mentira. ¡Es Dios!
En cambio hay historias de personas sencillas humildes que pueden ser muy pequeñas, pero Dios se interesa por ellos porque su vida es real, sus acciones –pocas o muchas- son verdaderas.
Hermanos, esa es una condición fundamental en la vida de un católico. Es real que vino el Hijo de Dios a la tierra y en el momento que Jesucristo se hizo hombre; es real que todo en tu vida tiene un gran valor delante de Dios y por supuesto delante de los hombres.
Pero, tú preguntarás ¿Cardenal, por hacer las cosas bien no me pagan? Me pagan por la imagen que tengo. Es una pena que los valores se hayan cambiado. Y así hay una serie de ejemplos, donde la encuesta dice: ¡Qué imagen proyectas y qué piensan los demás de ti! No dice la verdad de tu vida.
La mejor encuesta es la del perdón
Hay una encuesta que conviene hacerla cada día en la conciencia, la gran encuesta que Dios hace de nuestra vida. Un Dios que te ama, que te perdona, pero que te conoce y sabe cuanto has hecho de real o falso. Ponte delante de esta única encuesta que además está en tu conciencia, en tu interior.
Esa es la encuesta que nos enseña el evangelio de hoy. Pedro le pregunta a Jesús: Señor, si mi hermano me ofende ¿cuántas veces lo tengo que perdonar? Está pensando en la imagen, en lo que se acostumbra.
Y Jesús le dice: No te digo que siete veces, sino setenta veces siete, esto quiere decir ¡Siempre!, en el lenguaje de la Biblia. Jesús nos dice que hay que perdonar siempre.
Al llegar a este punto, Jesús le dice que le quiere hablar del Reino de los Cielos, de esa verdad eterna que es lo que nos interesa a todos, muchos no creen en el cielo, no es problema de creer porque desde que has nacido, tu alma es inmortal. Tu alma con nombre y apellido nunca va a desaparecer, tu cuerpo sí, pero tu alma tendrá un destino de gozo y felicidad eterna o de castigo y sufrimiento eterno. Es Dios que te creó y quiere premiarte, bendecirte, ayudarte o castigarte por justicia.
Hay que recuperar el valor del perdón
Cuando hablamos de este perdón, el mundo de hoy ¿acepta la verdad del perdón o la imagen? El perdón, no creo. Se escucha en los medios nacionales, internacionales una gran campaña en el mundo, donde la gente se alegra del mal de los demás. ¡En lugar de estar fomentando un mensaje evangélico!
Pedro, como nosotros, pregunta cuántas veces tiene que perdonar y Jesús le dice que ha venido a enseñar que se perdonen siempre. Y ¿qué significa el perdón? Arrepentimiento. No se puede perdonar al que no está arrepentido.
El arrepentimiento, en la justicia humana que actúa, supone devolver, a veces con la cárcel o con dinero. Pero, la luz de Dios nos dice que debe haber un deseo de castigar pero con amor. Hay que recuperar ese gran valor del perdón y de la palabra si queremos vivir en paz, como hermanos.
Que Dios bendiga a todas las familias.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
Amén