Queridos hermanos:
Hoy la iglesia celebra el primer domingo de la Cuaresma. Son cuarenta días en los que -como dice el Papa- la Iglesia nos propone un tiempo para intensificar la oración y la penitencia; para abrir el corazón a la voluntad de Dios. En este tiempo, cada uno de nosotros debe encontrarse a sí mismo, conocerse y conocer a Dios.
¿Cuantos años vivimos, y no nos conocemos?. Claro que cada uno sabe su nombre, dónde trabaja, con quién se ha casado, donde está su familia. Pero, ¿te conoces?. ¿Sabes qué es lo que verdaderamente aprecias en la vida? ¿Cuáles son tus principios? ¿Qué es lo que buscas en estos años que Dios te ha dado alrededor de una familia; tal vez en un hospital, enfermo; o en el trabajo?.
Te invito en estos cuarenta días de Cuaresma a ser como Jesús nos enseña. Él trabajaba mucho, ayudaba y enseñaba a los demás, y luego se retiraba a orar para acercarse a su Padre Dios y saber si estaba haciendo su voluntad.
Esto es muy importante. Conocerte. Descubrir realmente qué es lo que te mueve a ser bueno, a ayudar a los demás. De repente vas a encontrar que tienes cosas muy buenas y que no las usas, que tienes cosas que no están bien y hay que reparar.
Por ejemplo, que tal vez no acabas de querer a los demás, que sin darte cuenta eres un poco egoísta; o al revés, descubres que tienes una ilusión muy grande por tus hijos, por tus padres, por tu familia; o te das cuenta que trabajas sin ilusión, fijándote simplemente en cuánto te pagan y no en cómo puedes ayudar a los otros con tu trabajo.
En esta Cuaresma conócete a ti mismo
¡Cuántas cosas puedes descubrir en estos días de Cuaresma!, porque estamos ante un gran dilema: Jesús, el hijo de Dios, va a morir esta Semana Santa para ayudarte, perdonarte. El problema está en que si yo no siento que necesito de un perdón o liberarme del pecado, para mí la Semana Santa no es gran cosa.
Y es una pena que ese Dios, que ha venido a la tierra para compartir contigo todo menos el pecado, encuentre que en tu corazón no hay espacio.
Por eso, un propósito que te animo al empezar la Cuaresma es un poquito más de meditación, de conocerte a ti mismo, y pedirle a Dios: Dame esa luz para que encuentre todo lo bueno que tenga.
Tenemos cosas muy buenas, y también defectos y a veces hacemos cosas que están mal. Todo eso hay que descubrirlo. Nadie quiere ser malo. En general todos quieren ser buenos, pero no se conocen y entonces tropiezan con la misma piedra, cometen los mismos errores y así vemos cómo el demonio se ríe de nosotros.
Las tentaciones empiezan con las medias verdades
Hoy quería explicarte algo que es muy importante: Qué es una tentación. Este domingo, el libro del Génesis nos recuerda que Dios puso a Adán y Eva en un Paraíso, donde todo era motivo de gozo, placer y bondad; pero ahí empieza la tentación.
Estaba el árbol de la vida y también otro del conocimiento del bien y del mal. Dios les dice a Adán y Eva: del árbol del conocimiento del bien y del mal, no deben comer, de los demás sí. Nada más.
Pero aparece el demonio, ese misterio del ángel Lucifer que se rebeló y no aceptó las normas de Dios. Es un misterio que yo lo noto en mi alma y tú en la tuya. Cuántas veces hago el mal que no quiero, cuántas veces sé que eso está mal pero lo hago... Ése es el misterio del mal.
Ante ese misterio del mal, el demonio le dice a Eva: Por qué te ha dicho que no comas nada del paraíso. Ese es el punto de partida de un cambio en tu vida. El demonio dice una media verdad, porque Dios no le ha dicho que no coman de ningún árbol sino de uno, pero entra la tentación, una media verdad, una media mentira.
Es lo que ocurre hoy tantas veces en el mundo. Navegamos en el relativismo, algo de verdad, algo de mentira, y cada uno agranda lo que quiere. Uno agranda la verdad y queda muy bonito, uno agranda la mentira y queda muy feo.
Procura amar la verdad
De esa manera maltratamos la honra, la dignidad, la vida... Así empieza la tentación. A nadie le dicen: haz esto, está mal. Todo empieza por una insinuación. Piensa un poquito en tu vida y procura amar más la verdad porque la media mentira, la media verdad, crea todos los problemas de nuestra vida.
Y entonces, cuando el demonio le ha dicho esa media mentira -por qué no puedes comer de todos los árboles- Eva le dice: No. Me ha dicho solamente de este árbol, del conocimiento de la verdad, del bien, del mal... Y el demonio piensa para sí: ‘ya la atraje, ya la metí en el bolsillo’.
Y en ese momento dice la gran mentira: Es que Dios no quiere porque si comes de ese árbol, ustedes serán como Dios. Es la soberbia.
Ya no hay medias mentiras, ahora hay una mentira grande. Y entonces, Eva, tú y yo, después de haber entrado en ese diálogo con la mitad de la verdad, estamos en riesgo de la tentación.
Aprende a ser humilde, que no entre la soberbia
Cuando a veces te preguntan algo, y dices: un poco de mentira, o como cuando tienes que defender alguna idea y manipulas un poquito. Ahí empieza la tentación y empieza el desafío: Por qué tengo que aceptar a Dios, yo voy a ser como Dios.
¿Tú crees que Adán y Eva pensaron que iban a ser como Dios?. Jamás, pero les entró el orgullo, la soberbia. ¿Por qué tengo que obedecer? Comieron del árbol, y no fueron como dioses. Los engañaron.
En tu vida y en la mía, a veces fabricamos un poquito la mentira y queremos cambiar nuestra vida. Yo te digo: aprende a ser humilde, la tentación tiene algo de verdad, algo de mentira.
En la Cuaresma, si te conoces a ti mismo, vas a descubrir cuándo el demonio te busque, vas a descubrir cuándo es que en tu vida se mete el pecado. Te animo a descubrir este camino con oración y optimismo. No dejes que la soberbia atropelle a la verdad. Sé humilde, sé alegre.
Que Dios los bendiga, que Dios esté en sus hogares para empezar estos días de la Cuaresma.
Amén.