Obispo Auxiliar de Lima
Monseñor José Antonio Eguren

- Domingo, 13 de marzo de 2005 -

Jesús nos dice:
“¡Sal de las tinieblas, ven a la verdadera luz!”

Queridos hermanos:

Seguimos en nuestro camino hacia la Pascua. Esa es la mejor forma de definir al tiempo de Cuaresma porque la penitencia de estos días y nuestros esfuerzos de conversión y de cooperación con la gracia, nos van a conducir a celebrar con gozo la resurrección de Jesús, a resucitar con Cristo a la vida nueva, a la vida eterna.

Este quinto y último domingo de Cuaresma nos presenta el evangelio maravilloso conocido con el nombre de “La resurrección de Lázaro”, mejor llamado “La revivificación de Lázaro”. Después de cuatro días de muerto, Jesús devuelve a su amigo, nuevamente a la vida en este mundo.

El hogar de Betania: ejemplo de amistad

El evangelio de San Juan nos recoge este pasaje. Lo primero que nos llama la atención es el gran afecto que tenía Jesús por Lázaro y las hermanas de éste: Martha y María. Jesús disfrutaba de la hospitalidad de esta familia de Betania, y de su amistad. Por eso no nos extraña la descripción que San Juan hace cuando Jesús llega a este hogar, para devolverle la vida a Lázaro.

En este hogar de Betania se respira de una profunda amistad y cariño por Jesús; y Jesús, por su parte -nos dice San Juan- amaba también a Martha, María, y a Lázaro. Por eso, la primera enseñanza que podemos sacar de este evangelio, es lo hermosa que es la amistad cristiana, aquella que tiene a Jesús como centro.

Dios tiene poder sobre la muerte

Esta es una primera enseñanza, pero la fundamental del evangelio de hoy es que Jesús, Dios y hombre verdadero tiene poder sobre la muerte. Él va a realizar de entre sus milagros, el más extraordinario de todos: después de cuatro días de muerto, devolverle la vida a Lázaro.

Jesús se presenta como el Señor de la vida. Por lo tanto, el mensaje para nosotros es claro: ya la muerte no tendrá dominio sobre nosotros. No será la última palabra en nuestra existencia. Nuestro destino final no será la corrupción del sepulcro. No tendremos que vivir sometidos al trago amargo de la muerte, que es el fruto más terrible del pecado.

Jesús tiene poder sobre la muerte, va a vencerla, y todo aquel que crea en él podrá también vencer sobre el misterio de su propia muerte, y hacer que la muerte sea ese paso de esta vida a la vida eterna.

El que cree en mí, no morirá para siempre

Lázaro lleva cuatro días enterrado. Jesús llega para encontrarse con las dos hermanas y compartir con ellas el dolor por la muerte de su amigo. Con cada una de ellas, entablará un diálogo lleno de fe que nos muestra cosas maravillosas sobre quién es Él.

Primero habla con Martha y le dice, como para tranquilizar su corazón adolorido: Tu hermano resucitará. Ella, llevada por su fe, le responde: Yo sé que resucitará en el último día.

Martha entonces propicia que Jesús haga una gran revelación sobre quién es: Yo soy la resurrección y la vida. Todo el que cree en mí no morirá para siempre, y el que haya muerto en mí vivirá para siempre también.

Este diálogo revela a Jesucristo como Dios, como Señor de la vida, como el único que puede darnos el triunfo sobre la muerte, como aquel que es nuestra vida eterna.

Después que Jesús se proclama como la vida y la resurrección, le pregunta a Martha: ¿Crees en esto?. Y encontramos una de las profesiones de fe más hermosas que ha recogido el Evangelio de algún discípulo de Jesús. Martha desde la fe se eleva por encima de su dolor y le dice a Jesús: Sí Señor, yo creo que eres el hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.

Nuestra fe en Cristo nos da la victoria sobre la muerte

La Cuaresma y la Semana Santa que se acercan, son para nosotros una ocasión maravillosa para redescubrir a Jesús como vida y resurrección, y adentrarnos en el misterio de Cristo.

El que cree en Él, no morirá para siempre. Nuestra fe en Cristo nos da la victoria sobre la muerte, nos permite a nosotros vencerla como lo hizo Cristo en la Pascua de Resurrección, ese domingo que ya no conocerá el ocaso.

La gran pregunta que Jesús le hace a Martha, también te la dirige a ti y a mí. ¿Crees esto, crees que soy capaz de darte vida de manera eterna? Ojalá desde la humildad de nuestro corazón se abra nuestra confesión sincera en Jesús: Sí Señor, yo creo en ti como aquel que es la vida y que me la dará de manera eterna.

Jesús, hombre verdadero

Si el diálogo con Martha nos revele al Señor como Dios de la vida y con poder sobre la muerte, la conversación con María nos muestra a un Jesús hombre verdadero. Eso es lo maravilloso del misterio de Jesús: Es Dios verdadero pero es también hombre verdadero. Eso es lo que confesamos en nuestra fe cristiana.

Jesús, después de consolar a Martha y proclamarse Hijo de Dios, se acerca a María. Al verla llorar se conmueve interiormente y se echa a llorar, hasta tal extremo que los judíos ahí presentes dicen: Mirad como lo amaba.

¿Este llanto de Jesús no será también el llanto que hoy en esta Cuaresma del 2005 realiza por ti y por mí? ¿No serán las lágrimas que hoy derrama porque nos ve muertos en el pecado, sin la presencia de su gracia en nuestros corazones?.

¡Sal de pecado, sal de esas tinieblas!

El relato de hoy termina de una manera maravillosa. Conmovido, Jesús le grita al muerto: ¡Lázaro, sal afuera!. Y el muerto salió, y pudo caminar y nuevamente vivir y sonreír.

Es la misma frase que Jesús nos dirige: ¡Sal de las tinieblas, de esa muerte en la que vives por culpa del pecado!. Esa voz poderosa de Jesús, capaz de resucitarnos y de darnos vida, nos la dirige de manera especial en el sacramento de la Confesión.

Por eso, querido hermano, próxima la Semana Santa, acércate a confesarte. Ahí Jesús también te dice a ti: ¡Ven a la verdadera luz y a la verdadera vida. La que logras con mi gracia y en mí!.

Que el Señor los bendiga, y que tengan un lindo domingo en familia.

En el nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo,

Amen.
 
 

[Reseña histórica de la arquidiócesis]
[Peregrinación por las Iglesias de Lima]
[Advocaciones y santos peruanos]
[Mensajes del Santo Padre al Perú][Enlaces]