Queridos hermanos:
Este domingo pensemos con Cristo la propuesta que Dios nos hace a todos para vivir mejor. No se puede vivir mejor de cualquier manera, por eso, Cristo, perfecto Dios y perfecto Hombre nos señala ciertas condiciones que tenemos que cumplir para alcanzar este ideal de vida.
Si nos pudiéramos unir a Él, si nos pudiéramos meter en su pensamiento, ¿Cómo actuaríamos? ¿Cuáles son esas condiciones que Dios nos pide para actuar con su mismo pensamiento?
Lo primero que nos pide Jesucristo para pensar igual que Él, es ser alegre, optimista. No con un optimismo puramente sentimental, sino con esperanza, con alegría que tiene un motivo. ¿Cuál es ese motivo? Dios está cerca, ha establecido una nueva alianza con nosotros
¿Dónde se ve esa Nueva Alianza? En la Eucaristía. ¿Dónde está cerca de nosotros? En Su Cuerpo que se entrega en la Eucaristía. Por lo tanto, -hemos vivido todo un año de la Eucaristía- hagamos de ese encuentro con Cristo en la misa dominical el centro de nuestra vida, hagamos de ese alimento del Cuerpo de Cristo la razón de ser de nuestra vida.
Por ello, tenemos que conocer los Diez Mandamientos, porque no se puede recibir el Cuerpo de Cristo si no hay una relación de amistad. Y ésta se rompe cuando se deja de cumplir esas normas que el Señor nos ha dado para ayudarnos.
Tenemos la alegría de sentirnos hijos de Dios. Por el bautismo Dios nos ha regalado esa condición, nos ha adoptado como hijos suyos. Mi alegría tiene un fundamento último: soy hijo de Dios. Existe una relación de padre a hijo y de hijo a padre.
Una segunda indicación que el Señor nos hace es la necesidad de recomponer nuestra vida, de pedir perdón por nuestras fallas ya que a lo largo de la vida todos tenemos problemas, dificultades, enfermedades, pecados.
La fe no te añade, te ilumina para que te examines, te rectifiques y cambies. ¡Abre tu corazón, reconoce tu falta y recompón tu integridad como persona, no te vendas a un placer, a un sueldo, a un poder. No seas esclavo de nadie, ¡sé libre! Con la libertad de los hijos de dios.
Para reconocer nuestras faltas es necesario la humildad. La humildad, dice Santa Teresa de Jesús, es la verdad. ¡Reconócete como eres!.. ¡Qué importante que cada uno esté en su lugar, que cumpla su deber, que respete a los demás!
En la familia como en todo grupo humano hay responsabilidad compartida, con unidad y esa unidad hay que mantenerla firme para no alejarnos de Dios.
Dios nos dice que para estar cerca de él hay que mantener la alegría, sabiendo nuestras limitaciones. Jesús nos pide amar al prójimo, una gran obra de misericordia es tener la valentía de corregir a los demás cara a cara con cariño, no murmurando a sus espaldas. El cuerpo de la sociedad necesita corregirse no solo por el poder judicial ¡No! Por el amor al prójimo.
Jesús nos recuerda que todos tenemos limitaciones, en el pasaje del evangelio donde le traen a la mujer adúltera, levanta la mirada y dice: el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Al irse todos, le dice a la mujer pecadora: Nadie te condena, yo tampoco, vete y no peques más. Corregirnos es fundamental para una vida en sociedad, consolar es muy importante.
Al pensar junto con Cristo encontraremos como resultado final la alegría y la paz interior. Nos dice San Pablo: el Dios del amor y la paz se ha abierto a nosotros y está con nosotros. Ese es el gran consuelo que la iglesia anuncia: Que Dios te precede en su hijo Jesucristo y que tu vida es una maravilla si buscas hacer lo que Dios quiere.
No pienses que Dios viene a maltratarte, a oprimirte, a llenarte de problemas, ¡No! Dios nos dice con humildad: Sígueme, yo te conduciré por el camino de la alegría y de la paz.
Y es lo que les deseo a todas las familias. Y la bendición de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo estén con todos ustedes. Amén.