Queridos hermanos:
Este domingo el Evangelio nos presenta un pasaje muy sugerente: Juan Bautista, el precursor que había estando anunciando la venida de Jesús, se encuentra con Él y comenta: he contemplado al Espíritu Santo que bajaba del cielo como una paloma que se posaba encima de Jesús.
Continúa Juan: yo había recibido el testimonio para que cuando viera que el Espíritu Santo se pusiera encima de quien yo bautizara, ese era el Mesías, ese era Cristo; y, efectivamente, yo he visto y doy testimonio de que Jesús es el hijo de Dios.
Aquí podemos recatar por un lado lo más importante: dar testimonio de que es el hijo de Dios. Alguien que lo ve, que está con Él recibe una muestra clara, una comprobación para fortalecer nuestra fe de que Cristo, perfecto Dios y perfecto hombre, ha vivido en la tierra con esa naturaleza humana como la tuya y como la mía, sin pecado.
En cada sacramento recibimos al Espíritu Santo
Y el otro gran hecho es que el Espíritu Santo, la tercera persona de la Santísima Trinidad, toma posesión del alma humana de Cristo, es la acción del Espíritu Santo en el alma de Jesucristo. Este es el tema que yo quisiera tratar con ustedes el día de hoy: la acción del Espíritu Santo, porque todos por el Bautismo, la Eucaristía, la Confesión, el Matrimonio, el Sacerdocio recibimos al Paráclito.
El Espíritu Santo -lo dicen los autores clásicos- es el gran desconocido, es decir se habla poco de Él, tal vez no se le conoce mucho y, sin embargo, es el protagonista de la acción de Dios en tu alma. ¿Te imaginas vivir cincuenta, ochenta, cien años y no enterarte de que en tu alma habita el Espíritu Santo?
El Espíritu Santo nos brinda siete dones que nos dan luz sobre todas las cosas
¿Qué hace el Espíritu Santo? El Espíritu Santo aconseja, acompaña, purifica, da sabiduría, trae la paz. Vale la pena conocerlo, tratarlo y, fundamentalmente, escucharlo.
Fíjate, la Iglesia nos habla de los siete dones que nos trae el Espíritu Santo y a continuación te los comento con las palabras del Papa.
El don de la Sabiduría. Es esa luz que viene de lo alto, es una participación de ese conocimiento que el mismo Dios te da en el alma. Tu inteligencia, tu capacidad, tu talento. Es Dios quien viene en tu ayuda para darte esa sabiduría.
Por ello, cuando uno tiene esa confianza en el Espíritu Santo adquiere una manera de ser en la que destaca la amabilidad, la comprensión, el amor al prójimo, la buena educación, la justicia. ¿Y por qué? Porque es lo que pienso, lo que yo trato de entender contando con la sabiduría divina; es decir, no me equivoco porque estoy atento a la actuación del Espíritu Santo.
¿No crees que hoy debe estar el Espíritu Santo un poco cansado de que no lo escuchen? ¿No crees que el mundo de hoy, en tu casa, en tu trabajo, en tus amigos, está tocando el timbre para que le abras, para que los gobernantes y la gente común y corriente tomen las decisiones correctas, conozcan bien y se trate mejor uno al otro?
Todo esto es como una luz que está en tu alma y es acción del Espíritu Santo si lo escuchas y lo recibes. Por eso cuando tenemos el don de la sabiduría podemos juzgar las cosas humanas con ojos divinos. Podemos juzgar –como ha dicho el Papa hace pocos días- el hambre que hay sobre la tierra es un escándalo porque hay alimentos para poder alimentar diez veces el planeta. ¿Y por qué hay hambre? Por una mala distribución, por un egoísmo, por una falta de respeto a la dignidad humana.
El don de la sabiduría ayuda al Papa a darnos una voz de alerta y esperanza
Esta no es solamente una idea que se le ocurre al Papa, esta es la luz de Dios en la mente del Santo Padre que estudiando las cosas, pidiendo consejo a otros, viendo las cifras que se manejan en el mundo, llega a una conclusión para alertar al mundo: hay gente que se muere de hambre a pesar que sobran alimentos en la tierra.
No dejemos que esa gran mentira de hambre se siga extendiendo sino llamemos las cosas por su nombre, que es la gran ambición, egoísmo, injusticia que prefiere destruir los alimentos en lugar de distribuirlos, en lugar de dar a los que no tienen.
El problema es complejo, pero el don de la sabiduría le lleva al Papa a iluminar a la humanidad. Esto es un ejemplo de cómo ese regalo del Espíritu Santo ayuda a quien es Vicario de Cristo en la tierra para darnos una voz de alerta y esperanza.
Hace pocos días, el Santo Padre decía lo mismo sobre la paz. Vencer el mal con el bien, mantener la luz del Espíritu Santo.
Para leer nuestro interior necesitamos invocar constantemente al Espíritu Santo
Nos vamos a otro regalo del Espíritu Santo, el don del entendimiento. ¿Qué quiere decir esto? Que por esa ayuda del Espíritu Santo, Dios te lleva al deseo de conocer más la divinidad.
Tú que trabajas, tú que practicas deporte, tú que estas enfermo te cuestionarás: ¿De qué me sirve esto? Y yo te digo: Cómo, no tienes ilusión de conocer mejor a Dios, de saber cómo es Él, pues tú solo no puedes, necesitas de esos anteojos de la fe para poder leer dentro de tu corazón lo que el Espíritu Santo te va deletreando y te va diciendo: Jesús es comprensivo, es misericordioso. La Iglesia es una madre que acoge, matar está mal.
Renovando ese conocimiento de Dios, gracias al don del entendimiento, podrás ver dentro de tu alma lo que Dios te quiere dar a conocer.
Cuando uno está casado, cuantas veces en ese amor que uno le tiene a su esposa, a su marido, a sus hijos, casi quiere adivinar sus gustos, quiere saber cómo hacerles pasar un rato agradable, cómo evitar problemas, y poco a poco está intentando leer dentro lo que es la esposa, el esposo, el hijo, el amigo. Pues ese es un don que no abarca solamente la sicología, la sociología, es un regalo que el Espíritu Santo te va dando como una ventaja, y te dice: yo te voy a dar a conocer la grandeza de ese Dios que te quiere que es tu padre, que te cuida, que te protege.
Con estos dones del Espíritu Santo, quiero solamente decirte: ¡Anímate a conocerlo, escúchalo! Dile: ven Espíritu Santo, ilumina mi corazón, mi entendimiento, quita la soberbia.
Con el ejemplo de humildad que nos deja Jesús cuando se acerca a Juan para que lo bautice, le pedimos a Nuestra Madre Santa María: ¡ayúdanos a tratar más al Espíritu Santo!
La bendición de Dios sobre todos ustedes:
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.