Homilía de Monseñor José Antonio Eguren

- Domingo, 17 de julio de 2005 -

“Son tiempos para saber llamar a las cosas
por su nombre, y oponerse al mal”

Muy buenas tardes amigos. En este domingo, día del Señor, quisiera que reflexionemos en el mensaje que nos trae el evangelio de hoy, el cual recoge tres parábolas del Señor.

Son tres comparaciones que Jesús utiliza para ayudarnos a comprendes el reino que Él ha traído con su venida a este mundo en el misterio de la Encarnación: la parábola del grano de mostaza, la de la pequeña medida de levadura, y finalmente la del trigo y la cizaña.

La pequeña semilla debe seguir creciendo

Sobre la parábola del grano de mostaza, Jesús nos dice que es la semilla más pequeña de todas, pero cuando cae en tierra crece hasta convertirse en el arbusto más grande de todos, capaz de dar sombra y de refugiar en sus ramas a toda clase de pájaros y de aves.

Con este relato Jesús nos quiere decir que el inicio de la predicación del evangelio tiene un origen humilde y pequeño, como el grano de mostaza, pero que con el tiempo la predicación crecerá y se extenderá por todo el mundo, por los siglos. Esto se ha cumplido. Nos basta ver el mundo de hoy y cómo la Iglesia está presente en todos los países del Orbe y ha echado profundas raíces en todas las culturas.

Más de mil 200 millones, de hombres y mujeres hoy profesan la fe en Jesucristo, y por el bautismo se han incorporado a Jesús y son miembros de su Iglesia: la católica.

Esto es lo que nos quería enseñar Jesús con esta parábola, que si bien el origen de su mensaje tuvo un origen humilde y sencillo, como ese pequeño grano de mostaza, con el tiempo la predicación del Evangelio se extendería por todo el mundo.

Pero eso no nos debe de llevar a triunfalismo. Ciertamente la Iglesia está extendida por todo el mundo, el mensaje cristiano y del Evangelio ha sido acogido por millones. Al comienzo del nuevo milenio, y siguiendo el llamado de los Sumos Pontífices debemos ahora más que nunca redoblar e intensificar nuestro trabajo por una nueva evangelización.

Sí, son muchos los que creen, pero también son muchos más los que están necesitados que con el ejemplo y con la palabra valiente les proclamemos a Cristo como único salvador, como el camino, la verdad y la vida.

Sí, es cierto. La pequeña semilla de mostaza ha crecido y se ha convertido en un gran arbusto, pero debe crecer más para dar sombra y darle descanso y felicidad a millones que aún esperan el mensaje del Señor. Por eso, si bien la parábola nos ayuda a comprender el crecimiento de la Iglesia, nos compromete a un anuncio más generoso del evangelio en todo el mundo, a Remar Mar Adentro como nos lo pedía Juan Pablo II.

Seamos la consistencia de la masa social

La segunda parábola es la de pequeña medida de levadura, que cuando se le pone en la masa es capaz de darle consistencia y cuerpo. Jesús nos quiere decir que los cristianos debemos insertarnos en las realidades temporales, en la vida cultural, social, en el trabajo, deporte, educación, empleo, en todas las dimensiones de la vida hum ana ; y ahí dar un testimonio valiente del evangelio.

Es el único horizonte de vida verdadera para el hombre de hoy. Los cristianos por nuestro testimonio coherente de vida cristi ana tenemos que ser como esa levadura, que dé consistencia, cuerpo y forma a la vida, social y cultural de nuestros tiempos.

Pero también con esta parábola Jesús nos pide prevenir a nosotros, sus discípulos de este milenio, caer en un riesgo: esa mal comprendida tolerancia que todo lo permite y todo lo disculpa, y todo lo acepta. El Señor lo que nos pide es cuidado frente a esta realidad, que no caigamos ante las novedades y corrientes de modas de hoy, porque vivimos tiempos de mucha confusión, en la época de la dictadura del relativismo, como la ha llamado Benedicto XVI.

Siempre es una tentación para nosotros aceptar las corrientes de moda y tolerarlo todo. No es esto lo que quiere el Señor. El Señor lo que quiere es que seamos como esa pequeña medida de levadura: fieles al Evangelio, al mensaje cristiano, a la enseñanza de la Iglesia, aún cuando esto suponga ser signo de contradicción e ir contra la corriente, aún cuando nos acarree la oposición, la burla o la persecución de parte de los demás. Porque para nosotros la medida del verdadero humanismo auténtico es Cristo y el único horizonte de vida verdadera es Jesús y el evangelio que Él nos ha venido a proclamar.

Preocúpense de ser trigo bueno

Y finalmente viene la tercera parábola, la más extensa en el relato, referida al trigo y la cizaña. Nos dice Jesús que un hombre sembró en su campo trigo bueno, pero un enemigo vino por la noche y mientras dormían los trabajadores, sembró la cizaña. Al día siguiente se dieron cuenta de esto y los trabajadores le dicen al Señor: permítenos arrancar la cizaña, pero éste les dice: no, dejémoslas crecer juntas porque no vaya a ser que por arrancar la cizaña terminemos arrancando el trigo.

¿Qué nos enseña esta parábola? El campo es el mundo. Dios ha sembrado semillas buenas pero ha habido alguien, el maligno, que quiere expropiar este mundo sembrando el mal. Hay dos enseñanzas que podemos sacar de esta parábola y que son muy importantes.

La primera, por qué el dueño del campo se niega a arrancar la cizaña de manera tempr ana . Por una razón sencilla. En el fondo lo que nos quiere decir el Señor con ello es: Ustedes no se preocupen tanto en arrancar el mal, que esa será labor del final de los tiempos, cuando vendrá el Hijo de Dios y separará a los escogidos que irán al reino de los cielos, y la cizaña que será quemada, es decir aquellos que han hecho mal a este mundo. Mas bien ustedes preocúpense en ser trigo bueno, en vencer al mal con el bien, en hacer cantidad de obras buenas, porque la forma como se vence al mal es con el bien.

Dejemos el juicio a Dios, que al final de los tiempos él sea quien traiga la absoluta victoria de su reino sobre el mal y separe el trigo de la cizaña.

Pero finalmente hay otra enseñanza: Por qué fue capaz el enemigo de sembrar cizaña en el campo. Jesús lo dice: Porque los trabajadores se durmieron. Muchas veces el mal avanza porque nos dormimos y lo dejamos avanzar con nuestros pecados y omisión, nuestras flojeras, nuestra cobardía, temores y miedos. Se durmieron y el mal se aprovechó entonces. Que no nos suceda esto. Vivimos tiempos de vigilancia, para estar alerta, para el testimonio, para mostrarnos abiertamente como discípulos de Jesús, e hijos de la Santa Iglesia. Son tiempos para saber llamar a las cosas por su nombre, y oponerse al mal no permitiéndolo.

Queridos hermanos, ahí está también nuestro desafío, estar despiertos y vigilantes. Dar valiente testimonio, realizar todas las obras de apostolado y evangelización que podamos, multiplicar todas las obras del bien. Así el bien triunfará y el mal será finalmente derrotado.

Que el Señor los bendiga, que su palabra siempre sea para nosotros fuente de confianza y consuelo en nuestro peregrinar y nuestro testimonio de vida cristi ana .

Antes de terminar les traigo el saludo del Señor Cardenal. Él sigue de viaje, cumpliendo labores en la Santa Sede y me permito en su nombre impartirles su bendición.

Y la bendición de Dios Padre Todopoderoso, Hijo y Espíritu Santo desciendan sobre ustedes y los acompañen siempre.

Amén.
 
 

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