Queridos hermanos:
Encontramos en la Palabra de Dios pasajes de la vida de Jesucristo en que nos pide ser imitadores suyos. Por ello como sus hijos muy queridos procedamos de acuerdo a su ejemplo: actuar con amor, el amor con que Cristo nos ama.
A través de toda la historia de la Iglesia, El Romano Pontífice, especialmente Juan Pablo II y actualmente Benedicto XVI, nos recuerda una y otra vez que Cristo vive entre nosotros. No se trata de vivir como buenas personas pero pensando que Dios está alejado de nosotros, arriba en las estrellas, por lo que cada uno vive su propia vida, en su propio mundo, y cree que con eso basta. Daría la impresión que esa es la mayor dificultad que experimentamos en el mundo de hoy.
Cristo vivo quiere volver a vivir en tu vida
Piensa que El no está arriba en las nubes. Está junto a ti. La Iglesia nos enseña que Cristo vive, que está en tu trabajo, en tu familia, en tu enfermedad en tu cabeza, en tus propósitos, en tu conciencia.
Es muy diferente una vida estando con Cristo o estando sin Él. Entonces, si yo pongo a Dios donde no interviene en mi vida, allá, arriba en el cielo en donde yo no hablo con Él de mis cosas diarias y lo dejo solamente para el momento próximo en que haya que bautizar al niño, del matrimonio o de la muerte, ese dios no es el de la Iglesia Católica. El Dios nuestro, se hizo hombre y habitó entre nosotros. Te digo esto porque, precisamente, ese Cristo vivo quiere volver a vivir en tu vida.
Esta semana , con la celebración de Exaltación de Santísima Cruz, y de la Virgen Dolorosa, Madre de Dios, al pie de la Cruz ha vivido la Iglesia una parte importantísima de la vida de Cristo. Una Cruz que es necesario que te decidas libremente a cargarla, a llevarla. Porque si con la lengua buscas a Cristo pero con tu vida practica, con tus hechos, lo desmientes nunca lograrás vivir la fe auténtica de Cristo vivo que está a tu lado, a mi lado, que está en la alma de cada uno de nosotros.
Si hemos sido bautizados, nosotros con nuestros nombres y apellidos estamos en Cristo. Por lo tanto, hermanos, no hay mucho que escoger: O se vive una vida en Cristo o se vive una vida de animal irracional: que nace y muere acabando allí todo.
Integra la vida eterna a tu vida actual
Nosotros nacemos y renacemos en Cristo por el bautismo, vivimos nuestra vida cristi ana en Cristo: Con la familia, en el trabajo, en la juventud, con salud, en la enfermedad y en la ancianidad. Al morir, no lo hacemos del todo, porque resucitamos a otra vida que es la vida eterna.
Por eso si a Dios lo pones lejos, allá en el cielo, en donde no intervenga; entonces, tu vida será la de un animal ilustrado; es decir, un hombre inteligente porque piensa, pero, que nace y muere sin fe. Diciendo acerca de la vida eterna, del cielo, del infierno: Yo no creo en esas cosas porque Dios es tan bueno que a todos nos salva.
La doctrina católica no es así. Eso no es cierto. La vida eterna es una gran luz que tiene que iluminar tu vida diaria. Integra la vida eterna a tu vida actual, y de esa manera, si podrás decirme: “yo vivo con ese Cristo que esta a mi lado, lo busco en la oración, le pido perdón en la confesión y procuro brindarle ayuda a la gente más humilde”.
La Doctrina Social de la Iglesia
tiene que ver mucho con ese Cristo vivo
La sociedad tenemos que verla con los ojos de Cristo: El economista que vea que todos los hombres y mujeres tienen derecho a una vida digna, y por tanto, busca equilibrar presupuestos para brindarle el respeto y la dignidad que tiene toda persona hum ana de tener un salario justo. Yo no puedo hacer plata a base de no pagar, eso no es cristiano. Igual podría hablarse del deporte o cualquier otra actividad hum ana .
No se trata de tener una imagen bonita, contratar para ser buenos. Se trata que los demás tengan una dignidad y si gano menos por ello, ese es mi deber. Lo que no puedo es ser un especialista y g ana r mucho a costa de pagar poco, eso no es cristiano. El mundo exige que todos puedan tener una vida digna y un hogar en que tengan un salario que les permita cubrir sus necesidades principales.
Puede pensarse, y puede ser que muchas escuelas de negocios lo enseñen, que la ley del éxito es g ana r mucho dinero. Sin embargo no es lo que dice la ley o no dice la ley, es lo que dice la vida misma.
Es Evidente que no todos vamos a tener el mismo sueldo, esa clase social de la que hablaba el marxismo es falsa; pero, un capitalismo que dice bueno yo solamente pago lo que me alcanza.
Señor: ¿Y cómo mantiene esta persona a sus hijos?¿Cómo puede esta persona mantener un hogar?. Obviamente, no va a estar satisfecho, no va a trabajar bien pues no le va a alcanzar para vivir. Hermanos, esto es Doctrina Social de la Iglesia que tiene que ver mucho con ese Cristo vivo.
Pensar con claridad:
¿Que quiere Dios de mí en el lugar en el que estoy?
A la gente pobre le resulta más fácil encontrar a Cristo en su propia pobreza. Pero no sólo ellos pueden encontrarlo: El hombre rico o que tiene un buen sueldo, casa, carro, viajes, prestigio y poder, tiene que recordar, también, que un día será convertido en huesos viejos o gusanos y que todo su poder y dinero no podrá llevárselo a la otra vida.
Entonces, de vez en cuando, es bueno prescindir de todas esas riquezas para poder pensar más claramente: ¿que quiere Dios de mí en el lugar en el que estoy?.
En la vida, todos tenemos un camino. Si quieres tú, vivir cómodo, lleno de elogios y de prestigio, lleno de grandes decisiones o gente de mucho poder contando además con un buen sueldo puedes que pienses en los demás como objetos.
O puedes vivir siendo un hombre que piensa en los demás como si fueran sus hijos.
Puede haber también, gente muy pobre pero que en medio de su pobreza sea gente muy cariñosa con sus hijos, respetuosa con sus padres, perotambién puede ser un borrachito que lo poco que tiene lo gasta de mala manera.
Por lo tanto, lo que hace la bondad o maldad, no es el dinero. Es ese corazón que yo te pido lo tengas siempre abierto a un Cristo vivo porque así sabrás decidir bien en tu vida personal, en tu vida pública y de esa manera el país y el mundo serán una gran familia. Vamos a pedírselo de manera especial a la Santísima Virgen nuestra Madre.
La bendición de Dios Todopoderoso, Padre Hijo y Espíritu Santo. Que Dios, bendiga sus hogares y a todos sus hijos.
Amén.