Queridos hermanos:
Hoy como cada domingo, nuevamente con ustedes para juntos estar con Dios. Este es el momento en que la palabra de Dios entra a tu hogar y a tu corazón para cambiarte, ayudarte y animarte. Es una palabra viva.
¿Qué nos dice hoy la Sagrada Escritura ? ¿Qué nos quiere enseñar? En la primera lectura nos relata algo original y poco habitual. Jeremías nos dice: “oía el cuchicheo de la gente, había alrededor mío pavor, miedo, y -decía- hay que delatarlo. Los amigos me rodeaban para tratar de encontrar algo contra mí”.
¡Qué actuales las palabras del profeta Jeremías! Encontramos que en el mundo entero hay un poder destructor: el poder de la mentira, ese cuchicheo, ese buscar algo para hacerle daño al amigo.
La mentira destruye
Por eso yo quisiera ayudarte a hacer un buen examen: No dejes que la mentira de la murmuración se apodere de ti. La murmuración es reunirse alrededor de una mesa, de un trabajo, etc, en cualquier momento del día para hablar mal de otro cuando él no está presente. Hoy se practica como un deporte cuando todos sabemos que esa mentira destruye.
Al mismo tiempo, existe la mentira de la sospecha, que nos lleva a dudar que alguien sea bueno o que consiga logros por su cuenta, haciendo que uno viva como bajo la sombrilla, porque los demás piensan: Es imposible que sea bueno, entonces vamos a buscar por qué parece bueno.
¡Qué vergüenza! Es por el cuchicheo del que habla Jeremías y también por la mentira del provecho propio, la razón por la que la gente actúa buscando sacar ventaja.
Cuántas veces en el trabajo, la actividad, el deporte, la vida diaria simplemente, el motor es el egoísmo. ‘Yo quiero sacar provecho propio para mí, por lo tanto a quien se oponga lo destruyo, hablo mal, le creo mal ambiente, porque mi egoísmo, mi orgullo tiene que imponerse’. ¿Sabes lo que esto genera? Pues ésa es la causa del odio, el desánimo, la venganza y el desaliento.
Escoge entre estos dos caminos
Por eso nos dice el Papa Benedicto XVI: no es el poder lo que redime o lo que nos hace ser feliz, sino el amor. Busca en tu corazón que podemos hacer las cosas por amor y no por el poder; amor hacia tu familia, hacia tu esposa, a tus hijos; por amor hacia los colaboradores del trabajo, a la propia honra, al prójimo.
Ese poder destructor de la mentira encuentra el poder misericordioso del amor de Dios. Son como dos caminos. Escoge: la misericordia, el perdón, el darle el beneficio de la duda, pero no el beneficio de la acusación. Aprende a perdonar corrigiendo con unas palabras de cariño, y no con gotas de odio o de amargura.
El Papa también nos dice: el mundo necesita de la paciencia de Dios. ¡Cómo nos busca! ¡Cómo nos espera! ¡Cómo nos perdona! ¡Cómo miles de veces nos vuelve a dar una ocasión!
En cambio –nos recuerda el Papa- el mundo es destruido por la impaciencia de nosotros, por tantas expresiones de orgullo y amor propio, cuando Dios con su paciencia infinita nos invita a acercarnos al sacramento de la Confesión. Acércate con una sonrisa a tus hijos, háblales con valentía a la cara, ¡no murmures! Porque a veces hay que corregir y hay que corregir cara a cara.
La Iglesia no puede callar ante la mentira
El mundo se salva por ese Crucificado que es Cristo pero no se salva por los crucificadores. Hoy también muchas veces decimos que Cristo nos salva ¡Sí! Pero los que se burlan de la verdad, los crucificadores no ayudan en ningún lugar aunque sean mayoría, aunque manejen grandes fuerzas en el mundo porque ¡mil mentiras juntas no hacen una verdad!
Pueden tener éxito, pueden ser mayoritarios en una encuesta, pero no hacen una verdad, por lo tanto no dan paz ni desarrollo, no generan alegría en la humanidad. Procura una verdad porque aunque te cueste decirla, vivirla tiene toda la fuerza de la paz interior de construir unidad, de construir amor.
Por eso, la Iglesia no puede callar las verdades eternas y decir que hay un juicio. La Iglesia no puede callar ante la mentira, tiene que decir que la familia y el matrimonio se encuentran atacados, que la mujer se encuentra atacada en su dignidad. Y tenemos entre todos que construir una sociedad en donde la familia, el matrimonio, la mujer, la gente pobre encuentre su hogar.
Más que callar hay que hablar siempre fuerte
En el evangelio nos dice Jesús: “no tengas miedo a los hombres porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse”. Fíjate lo que te dice Jesús, anuncia que al final de los tiempos todo se sabrá.
No esperemos ese juicio final lleno de miedo, no tengas miedo. Ahora, abre tu corazón delante de Dios en la confesión. Abre tu corazón con todos tus seres queridos para que juntos construyan esa unidad maravillosa de la familia. Abre tu corazón a tus amigos, pero con lealtad. Más que callar hay que hablar siempre fuerte.
No dejemos que la mentira triunfe sobre la verdad por el miedo y la timidez. El apóstol tiene que ser fiel al mandato de Cristo. Hoy nos invita la Iglesia en ese Gran Remar Mar Adentro, a que siempre hablemos con la verdad y no dejemos que la lengua lo destruya.
Que la bendición de Dios se acerque a cada corazón y que todos seamos realmente apasionados de ese amor a Jesucristo.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.