Muy queridos hermanos:
Hoy, tercer domingo del tiempo Ordinario, nos volvemos a encontrar para hacer juntos esta reflexión en torno a la palabra.
Nos cuenta Jesús que al ser encarcelado Juan el Bautista, el se dirigió a Galilea. ¿Y qué tiene que ver esto con este lenguaje de la fe? Deja Nazareth, deja el silencio del hogar, de la familia para ir a la misión: al encuentro del por qué vino a este mundo y vemos que se dirige a Cafarnaún y allí en Zabulón y Neftalí va a cumplir lo que el profeta Isaías ya había anunciado.
Camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos, ese pueblo donde habitaban las tinieblas vio una gran luz. Qué hermoso ese acontecimiento, porque Jesús nos va a decir lo que es para nosotros: luz. Esa luz que todos necesitamos en medio de la oscuridad. Esa luz que por la que damos gracias cuando la tenemos, tras experimentar un rato de oscuridad.
El reino de Dios está cerca
Por eso en esta tarde que hermoso recordarte que Cristo tiene que ser la luz de nuestra vida. Cristo tiene que ser la luz que nos dé pautas por dónde ir en este mundo. Y hoy Jesús que es luz, también nos recuerda que es salvación y por eso sus palabras son hermosas cuando dice: el reino de Dios está cerca.
Que importante es que ese reino de Dios se acerque a ti y a mí, y gozar de él dependerá que podamos abrir el corazón, que sintamos las ganas que ese reino esté en el centro de nuestra vida. Pero tú me preguntarás: ¿En qué cambiará mi vida? ¿Qué de bueno traerá para nuestro Perú? ¿Podrá decir que esto hoy tiene vigencia?
Te voy a decir que muchos han gastado su dinero y su tiempo para querer demostrar lo contrario, pero Jesús, el mismo de ayer, el de hoy y el de siempre, nos estará recordando en todo momento: soy la luz y la salvación. Lo recordará en la sencillez de este gesto de amor y de cercanía a nosotros, en esa cercanía de haberse hecho hombre para enseñarnos el camino auténtico que lleva a la felicidad.
¿Se puede ser feliz en medio de
toda esta turbulencia o dificultades que vivimos?
Tu te preguntarás hoy: ¿Se puede ser feliz en medio de toda esta turbulencia o dificultades que vivimos? Y yo te digo convencido que sí, si es que abres tu corazón a Dios, si es que dejas que esta palabra penetre en tu ser, oriente tu vida y hagas tuyas las palabras del salmo que dice: el Señor es mi luz y mi salvación, a quién temeré.
Es allí cuando te habla dentro de este marco de la Gran Misión ‘Remar Mar Adentro’, que es la tarea que el Papa a puesto a toda la Iglesia, ese ‘duc in altum’, ese ‘remar mar adentro’ no son más que las palabras en las cuales todos tenemos que renovar nuestra esperanza, la esperanza de volver a echar las redes en el nombre del Señor, la esperanza de vivir una vida desde Dios, la esperanza de no enfrentar solos nuestras dificultades, la esperanza de no sentir que ya todo se ha acabado. Si no que la esperanza es la luz para que en medio de tu realidad –cualquiera que sea- te abras a ese Dios que te ama, te amó y te seguirá amando.
De ese Dios que marchó en medio de nosotros para enseñarnos el camino verdadero, el que nos lleva a la paz y hace de la tierra un mundo sin fronteras. Y por eso en la segunda parte, vemos que hermoso es cuando Jesús hablándonos de la conversión y del reino llama a sus apóstoles. Comienza llamando a cada uno: a unos pescadores, a otros que estaban trabajando con sus padres, a otros que estaban descansado o haciendo negocios.
Dios cuenta con nosotros
para encontrar la salvación en Cristo
Las realidades son diversas, pero Dios quiere contar contigo y conmigo para que esta salvación llegue a todos los rincones del mundo.
Necesitamos responder al llamado de Dios, necesitamos que esta esperanza se convierta en luz para los demás. En tu hogar, en tu familia, en tu trabajo, en la calle, en tus vecinos, en nuestras realidades políticas, culturales, Jesús es la luz y la salvación.
Ese es el compromiso al cual Jesús nos llama. Él le dijo a Pedro ven, sígueme, y Pedro siguió y pudo descubrir al lado del Señor, todo lo que quería hacer con él para el bien de los demás y cuando Pedro descubre eso, ya no se pone a pensar tanto en sus necesidades, sino en lo que los demás requieren de él y lo que él puede hacer por los demás.
Querido Perú, querido hermana o hermano, niño, anciano, tú puedes hacer mucho por los demás, pero tienes que romper esa imagen humana, donde creemos que no podemos hacer nada por nosotros, donde creemos que nuestros problemas son más grandes que nuestra propia vida. Recuerda que los problemas son más chiquitos, pero cuando nos fijamos mucho en nosotros se ven grandes porque los aplastamos con nuestra desesperación.
Ábrete a los demás. ¿Tú, qué estás haciendo por los demás? ¿Tú si eres católico, qué estás haciendo por tu Iglesia? ¿De qué manera te sientes llamado a llevar este mensaje de Jesús a aquellos que viven en la oscuridad? Quizás tienes amigos que están metidos en situaciones difíciles, en actitudes inmorales, o quizás perdidos en la oscuridad de su propiedad. O tirados hoy en medio de un mar o de una playa tratando de matar el tiempo y de que pase este domingo para volver a la rutina de mañana, todos quemados pero con el corazón tan vacío que sienta que su vida no vale la pena.
Comienza a mirar la vida como Jesús quiere que la mires
Cuántos accidentes habrán el día de hoy como causa de ese vacío, por esa desorientación que tú y yo podremos cambiar si somos capaces de acercarnos a los demás en la playa, en un hospital, en la visita a un familiar y decirles: Jesús es tu luz y tu salvación. Comienza a mirar la vida como Jesús quiere que la mires.
Siendo Jesús tu luz y tu salvación te invito a entregar estas dos monedad de amor de Dios y amor al prójimo a este mundo y este Perú que tanto las necesita. Entonces comprobarás que muchos verán a Jesús a través de tu testimonio.
Que este domingo la palabra encuentre una respuesta en ti y haciendo a Jesús luz y salvación de tu vida la comuniques a los demás.
La bendición de Dios todopoderoso.
Padre, Hijo y Espíritu Santo desciendan sobre cada uno de ustedes.
Amén.