Homilía de Monseñor José Antonio Eguren Anselmi
Obispo Auxiliar de Lima

- Domingo, 23 de octubre de 2005 -

“Sólo Dios tiene la respuesta definitiva al enigma de la completa felicidad humana”

Queridos hermanos:

El evangelio de este domingo es sumamente hermoso. Nos trae el relato de la Sagrada Escritura en la que unos fariseos se acercaron a Jesús para hacerle una pregunta y ponerlo a prueba.

Maestro, ¿Cuál es el mandamiento principal de la ley? Y Jesús, sin dudar ni un momento responde: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Este mandamiento es el principal y el primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Estos dos mandamientos sostienen la ley entera y los profetas”

Los Mandamientos, normas para nuestra felicidad
Para comprender mejor, reflexionemos sobre lo que significa la palabra mandamiento. Mandamiento no significa obligación exterior ni imposición arbitraria por parte de Dios; si no, es ciertamente una norma que nos da para nuestro bien y para nuestra felicidad.

Los mandamientos de Dios responden a la naturaleza más profunda de lo que somos. Él, que nos ha creado sabe lo que nos conviene. Por eso, cuando nos da sus mandamientos lo hace para nuestra felicidad y salvación, sabiendo que en cumplirlos está nuestra realización y nuestra perfección a la naturaleza más profunda de nuestro corazón.

Y lo que nos está diciendo Jesucristo es que el mandamiento fundamental, es decir, nuestra vocación como personas humanas es el amor.

El amor es nuestra vocación
En el Antiguo Testamento, en el libro del Génesis, se nos dice que somos imagen y semejanza de Dios. Y en la primera carta del apóstol San Juan se dirá que Dios es Amor, por lo tanto hemos sido creados por el amor de Dios, para el amor.

La imagen y semejanza divina que llevamos en lo profundo de nuestro corazón, reclama justamente el amor. Todo lo que Jesucristo nos está queriendo decir en el evangelio de este domingo, es que el amor es nuestra vocación.

Hemos sido creados para amar y solo amando seremos realmente felices y nuestra vida encontrará su plenitud. Amando encontraremos el camino que nos llevará al cielo, hacia la comunión plena con Dios Uno y Trino, con Dios Amor.

¡Qué hermosa la respuesta de Jesús a los fariseos! Amar, para eso ha sido creado el hombre. Para amar en primer lugar a Dios, que es su Creador, su principio y su fin, su origen y su meta. Pero, además de este amor a Dios, -que es lo primero en nuestra vida- hemos sido también creados para amarnos entre nosotros y así lo expresamos en nuestras relaciones humanas,

Hermanos, preguntémonos ¿Cómo anda nuestra vida de amor para con el Señor y para los demás? Cuando me refiero a los demás, no me refiero solo a los que tienes cerca, sino como está tu vida de amor para todos, no sólo con los conocidos sino también con los desconocidos.

Estos dos mandamientos, el del amor a Dios y del amor al prójimo son los que hacen que tu vida encuentre una base sólida donde sostenerse y a partir de la cual realizarse y entregarse.

Descubramos que Dios es el centro de nuestra vida
¿Cómo está tu vida de amor? Jesucristo nos dice: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. No es amar al Señor de cualquier manera, es amarlo, con toda nuestra mente, con todos los afectos de nuestro corazón.

¿Comulgas con frecuencia? ¿Cómo está tu vida de adoración al Santísimo Sacramento? ¿Cómo está tu vida de meditación de la palabra del Señor? ¿Cómo está tu devoción filial a Santa María en tu rezo del rosario? Todos estos medios y algunos más son termómetros que nos indican si realmente Dios es el centro de nuestra vida. Dejemos que nuestro corazón se llene del amor de Dios, de ese amor que después va a derramarse en la vida de los demás.

El segundo mandamiento que es semejante al primero, también tiene que ser motivado por el amor ¿Procuras a tu prójimo, al que está cercano a ti, al que se te cruza en el camino de la vida todos los días, el mismo bien que para ti deseas? ¿Haces vida de misericordia, de caridad, de perdón? ¿Eres artesano de comunión, de fraternidad?

Al finalizar tu jornada, ¿Cómo está tu vida de servicio a los demás?, ¿Has hecho todo el bien que podías hacer?. El pecado de omisión es muy común en nuestros días, es decir, pudiendo hacer una obra de bien para los demás, no se hace. El pecado de omisión es un pecado grave, sobre el cual no reflexionamos mucho, pero que deberíamos hacerlo. ¡Ama a tu prójimo como a ti mismo!

Abramos nuestro corazón a la imagen bendita de Cristo en la Cruz
Hermanos, estamos en el mes de octubre, mes del Señor de los Milagros, donde contemplamos esa imagen bendita de Cristo en la Cruz. Y Cristo en la cruz manifiesta de manera extraordinaria, esto que le respondió a los fariseos y que nos dejó como tarea para nuestra vida.

En su Cruz encontramos la expresión más maravillosa del amor pleno a su Padre Dios. La Cruz tiene dos maderos, el madero vertical nos habla de ese amor de Jesucristo a su Padre. Los brazos extendidos del Maestro, nos dice que ya se acerca su fin. Sea la ocasión para que adorando, venerando, contemplando la imagen del Señor de los Milagros, podamos abrir nuestro corazón a Dios sobre todas las cosas.

Pido a Dios que Su amor y la paz entren a sus vidas y a sus hogares

La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo los acompañe.
Así sea.

 

 
 

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