“Sólo Dios tiene la respuesta definitiva
al enigma de la completa felicidad humana”
Queridos hermanos:
El evangelio de este domingo es sumamente hermoso. Nos trae el relato
de la Sagrada Escritura en la que unos fariseos se acercaron a Jesús
para hacerle una pregunta y ponerlo a prueba.
Maestro, ¿Cuál es el mandamiento principal de la ley?
Y Jesús, sin dudar ni un momento responde: “Amarás al
Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con
todo tu ser. Este mandamiento es el principal y el primero. El segundo
es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti
mismo. Estos dos mandamientos sostienen la ley entera y los profetas”
Los Mandamientos, normas para nuestra felicidad
Para comprender mejor, reflexionemos sobre lo que significa la palabra
mandamiento. Mandamiento no significa obligación exterior ni
imposición arbitraria por parte de Dios; si no, es ciertamente
una norma que nos da para nuestro bien y para nuestra felicidad.
Los mandamientos de Dios responden a la naturaleza más profunda
de lo que somos. Él, que nos ha creado sabe lo que nos conviene.
Por eso, cuando nos da sus mandamientos lo hace para nuestra felicidad
y salvación, sabiendo que en cumplirlos está nuestra realización
y nuestra perfección a la naturaleza más profunda de nuestro
corazón.
Y lo que nos está diciendo Jesucristo es que el mandamiento
fundamental, es decir, nuestra vocación como personas humanas
es el amor.
El amor es nuestra vocación
En el Antiguo Testamento, en el libro del Génesis, se nos dice
que somos imagen y semejanza de Dios. Y en la primera carta del apóstol
San Juan se dirá que Dios es Amor, por lo tanto hemos sido creados
por el amor de Dios, para el amor.
La imagen y semejanza divina que llevamos en lo profundo de nuestro
corazón, reclama justamente el amor. Todo lo que Jesucristo nos
está queriendo decir en el evangelio de este domingo, es que
el amor es nuestra vocación.
Hemos sido creados para amar y solo amando seremos realmente felices
y nuestra vida encontrará su plenitud. Amando encontraremos el
camino que nos llevará al cielo, hacia la comunión plena
con Dios Uno y Trino, con Dios Amor.
¡Qué hermosa la respuesta de Jesús a los fariseos!
Amar, para eso ha sido creado el hombre. Para amar en primer lugar a
Dios, que es su Creador, su principio y su fin, su origen y su meta.
Pero, además de este amor a Dios, -que es lo primero en nuestra
vida- hemos sido también creados para amarnos entre nosotros
y así lo expresamos en nuestras relaciones humanas,
Hermanos, preguntémonos ¿Cómo anda nuestra vida
de amor para con el Señor y para los demás? Cuando me
refiero a los demás, no me refiero solo a los que tienes cerca,
sino como está tu vida de amor para todos, no sólo con
los conocidos sino también con los desconocidos.
Estos dos mandamientos, el del amor a Dios y del amor al prójimo
son los que hacen que tu vida encuentre una base sólida donde
sostenerse y a partir de la cual realizarse y entregarse.
Descubramos que Dios es el centro de nuestra vida
¿Cómo está tu vida de amor? Jesucristo nos dice:
“Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón,
con toda tu alma, con todo tu ser”. No es amar al Señor de cualquier
manera, es amarlo, con toda nuestra mente, con todos los afectos de
nuestro corazón.
¿Comulgas con frecuencia? ¿Cómo está tu
vida de adoración al Santísimo Sacramento? ¿Cómo
está tu vida de meditación de la palabra del Señor?
¿Cómo está tu devoción filial a Santa María
en tu rezo del rosario? Todos estos medios y algunos más son
termómetros que nos indican si realmente Dios es el centro de
nuestra vida. Dejemos que nuestro corazón se llene del amor de
Dios, de ese amor que después va a derramarse en la vida de los
demás.
El segundo mandamiento que es semejante al primero, también
tiene que ser motivado por el amor ¿Procuras a tu prójimo,
al que está cercano a ti, al que se te cruza en el camino de
la vida todos los días, el mismo bien que para ti deseas? ¿Haces
vida de misericordia, de caridad, de perdón? ¿Eres artesano
de comunión, de fraternidad?
Al finalizar tu jornada, ¿Cómo está tu vida de
servicio a los demás?, ¿Has hecho todo el bien que podías
hacer?. El pecado de omisión es muy común en nuestros
días, es decir, pudiendo hacer una obra de bien para los demás,
no se hace. El pecado de omisión es un pecado grave, sobre el
cual no reflexionamos mucho, pero que deberíamos hacerlo. ¡Ama
a tu prójimo como a ti mismo!
Abramos nuestro corazón a la imagen bendita de Cristo
en la Cruz
Hermanos, estamos en el mes de octubre, mes del Señor de los
Milagros, donde contemplamos esa imagen bendita de Cristo en la Cruz.
Y Cristo en la cruz manifiesta de manera extraordinaria, esto que le
respondió a los fariseos y que nos dejó como tarea para
nuestra vida.
En su Cruz encontramos la expresión más maravillosa del
amor pleno a su Padre Dios. La Cruz tiene dos maderos, el madero vertical
nos habla de ese amor de Jesucristo a su Padre. Los brazos extendidos
del Maestro, nos dice que ya se acerca su fin. Sea la ocasión
para que adorando, venerando, contemplando la imagen del Señor
de los Milagros, podamos abrir nuestro corazón a Dios sobre todas
las cosas.
Pido a Dios que Su amor y la paz entren a sus vidas y a sus hogares
La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu
Santo los acompañe.
Así sea.