Esta tarde al reflexionar en torno a la palabra de Dios, entramos en
ese camino de continuidad entre el IV y V Domingo de Pascua. Jesús
nos hablaba la semana pasada del Buen Pastor, y hoy lo vemos como el
camino, la verdad y la vida.
Es en ese lenguaje de amor donde le damos la bienvenida, desde este
espacio de la fe, a quien viene en el nombre del Señor: Benedicto
XVI. Tenemos Papa. La Iglesia tiene ahora ese Vicario de Cristo que
ha de enseñarnos y recordarnos lo que la palabra nos da como
regalo para quienes caminamos hacia Dios.
Jesús se nos presenta como ese gran regalo. ¿Quieres
saber por dónde se va a Dios, por dónde se va al Padre?
Dios mismo se propone como camino. ¿Cómo conocer mejor
al Padre? Él mismo nos lo enseña, y por eso el camino
para conocer el amor tiene tres etapas. Nos toca, por eso, vivir como
Jesús; saber enfrentar la vida en Jesús, en la cruz; y
saber vencer, como Jesús hasta el final, en esa victoria que
no acaba con la muerte sino que nos lleva hasta la eternidad: la gloria.
Por eso, qué mensaje tan bonito en este domingo donde la Iglesia
se ha reunido con júbilo para recibir al Vicario de Cristo, a
Benedicto XVI.
No te angusties
Jesús en el Evangelio de San Juan nos dice: “No se angustien”...
Qué bonita frase: No te angusties. Yo te preguntaría ¿Qué
te angustia? ¿Qué te preocupa? ¿Qué te quita
la paz? ¿Qué te desespera? Y me dirás tú:
me desespera con qué voy apagar mañana la luz, no saber
cómo voy a enfrentar los problemas escolares, no saber cómo
entender a las personas que viven a mi alrededor... me desesperan tantas
cosas.
Pues Jesús quiere que hoy día también le abras
tu corazón. Él te dice: “No te angusties... Cree en Dios
y también cree en mí”. Por eso te regalo a Jesús.
Haz de Él, el camino por donde debes ir cada día: la confianza
plena en Dios; el esfuerzo y el trabajo; la lucha sin desesperación,
con alegría, con la paz de Dios que te da el Espíritu
Santo; con la fuerza que nos viene por la oración, por la vida
de gracia.
Dios quiere que seas un instrumento
Confía en Dios, cree en Dios, en Jesucristo. Involúcrate
en ese camino, en el camino de la voluntad de Dios. Como nos ha dicho
Benedicto XVI: Confío en Dios que Él sabrá trabajar
con ese instrumento que a veces puede tener muchas debilidades, desconciertos,
cosas que -humanamente hablando- el mundo quiere juzgar.
Pero ojalá no nos quedemos con el instrumento, sino que vayamos
más allá, que vayamos a lo que Dios quiere hacer a través
de él. Eso es lo que Dios hacer de ti como padre de familia,
como madre, como hermano, como cualquier persona que vive en esta tierra.
Dios quiere que seas un instrumento, como también lo es el sacerdote,
el Obispo, el Papa.
Cada uno tiene que manifestar en su vida esa presencia de Dios, y lo
que tenemos que captar es cómo acercarnos a Cristo. Por eso,
qué bonito que veamos a través de cada persona consagrada
cuánto de Dios me transmite, para que entonces Él sea
mi camino, la verdad sobre la cual fundamento mi vida, y sea la vida
que transmita a los demás en toda circunstancia.
En el Evangelio de Jesús está la respuesta
La vida del cristiano está marcada por la esperanza. La vida
no termina con la muerte. Va más allá. Por eso Jesús
nos dice que cuando nos haya preparado un lugar, vendrá para
llevarnos con Él.
La vida no se acaba entre esas cuatro realidades en las que vivimos.
No nos puede angustiar ni siquiera la situación económica
o la poca popularidad que podamos tener en este mundo. Sí lo
que tiene que ver con cuán cerca estamos de esa meta que nos
lleva a la gloria, a la eternidad, al estar con Dios.
El pedido de Tomás: Señor queremos ver al Padre, y de
Felipe: Enséñanos el camino, están ya respondidas.
No hay que ir buscando por todas partes sino donde Jesús quiere
seguirnos enseñando: en Él.
Por eso esta tarde te invito a encontrar una respuesta a tu angustia.
Abre la Biblia que tienes en tu casa. Lee el Evangelio de Jesús
y hazlo parte de tu vida. Invitados por esta palabra puedes tú
también llamar a otros a leerla, para que tu casa no esté
guiada por la angustia ni por la desesperación, sino por la paz
y por esa meta que Dios te promete: la gloria y la eternidad, que nos
hace vencer todo obstáculo, odio, rencor, división y lo
que no nos lleva a ser auténticamente felices.
De ahí sabrás tú, meditando y reflexionando en
la palabra, con quién reconciliarte, a quién pedirle perdón
y, de una manera especial, cómo ir a ese encuentro con Dios a
través de la Eucaristía.
Que en el día de hoy, lleno de gratitud hacia quien hasta hace
unos días nos ha acompañado en la tierra: Juan Pablo II;
y de gozo por recibir a Benedicto XVI, quien viene en nombre del Señor,
sigamos a Jesucristo.
Que Dios los bendiga a todos
En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo,
Amén.