Monseñor Carlos García Camader,
Obispo Auxiliar de Lima

- Domingo, 24 de abril de 2005 -

La Iglesia recibe con júbilo a Benedicto XVI

Esta tarde al reflexionar en torno a la palabra de Dios, entramos en ese camino de continuidad entre el IV y V Domingo de Pascua. Jesús nos hablaba la semana pasada del Buen Pastor, y hoy lo vemos como el camino, la verdad y la vida.

Es en ese lenguaje de amor donde le damos la bienvenida, desde este espacio de la fe, a quien viene en el nombre del Señor: Benedicto XVI. Tenemos Papa. La Iglesia tiene ahora ese Vicario de Cristo que ha de enseñarnos y recordarnos lo que la palabra nos da como regalo para quienes caminamos hacia Dios.

Jesús se nos presenta como ese gran regalo. ¿Quieres saber por dónde se va a Dios, por dónde se va al Padre? Dios mismo se propone como camino. ¿Cómo conocer mejor al Padre? Él mismo nos lo enseña, y por eso el camino para conocer el amor tiene tres etapas. Nos toca, por eso, vivir como Jesús; saber enfrentar la vida en Jesús, en la cruz; y saber vencer, como Jesús hasta el final, en esa victoria que no acaba con la muerte sino que nos lleva hasta la eternidad: la gloria.

Por eso, qué mensaje tan bonito en este domingo donde la Iglesia se ha reunido con júbilo para recibir al Vicario de Cristo, a Benedicto XVI.

No te angusties

Jesús en el Evangelio de San Juan nos dice: “No se angustien”... Qué bonita frase: No te angusties. Yo te preguntaría ¿Qué te angustia? ¿Qué te preocupa? ¿Qué te quita la paz? ¿Qué te desespera? Y me dirás tú: me desespera con qué voy apagar mañana la luz, no saber cómo voy a enfrentar los problemas escolares, no saber cómo entender a las personas que viven a mi alrededor... me desesperan tantas cosas.

Pues Jesús quiere que hoy día también le abras tu corazón. Él te dice: “No te angusties... Cree en Dios y también cree en mí”. Por eso te regalo a Jesús. Haz de Él, el camino por donde debes ir cada día: la confianza plena en Dios; el esfuerzo y el trabajo; la lucha sin desesperación, con alegría, con la paz de Dios que te da el Espíritu Santo; con la fuerza que nos viene por la oración, por la vida de gracia.

Dios quiere que seas un instrumento

Confía en Dios, cree en Dios, en Jesucristo. Involúcrate en ese camino, en el camino de la voluntad de Dios. Como nos ha dicho Benedicto XVI: Confío en Dios que Él sabrá trabajar con ese instrumento que a veces puede tener muchas debilidades, desconciertos, cosas que -humanamente hablando- el mundo quiere juzgar.

Pero ojalá no nos quedemos con el instrumento, sino que vayamos más allá, que vayamos a lo que Dios quiere hacer a través de él. Eso es lo que Dios hacer de ti como padre de familia, como madre, como hermano, como cualquier persona que vive en esta tierra. Dios quiere que seas un instrumento, como también lo es el sacerdote, el Obispo, el Papa.

Cada uno tiene que manifestar en su vida esa presencia de Dios, y lo que tenemos que captar es cómo acercarnos a Cristo. Por eso, qué bonito que veamos a través de cada persona consagrada cuánto de Dios me transmite, para que entonces Él sea mi camino, la verdad sobre la cual fundamento mi vida, y sea la vida que transmita a los demás en toda circunstancia.

En el Evangelio de Jesús está la respuesta

La vida del cristiano está marcada por la esperanza. La vida no termina con la muerte. Va más allá. Por eso Jesús nos dice que cuando nos haya preparado un lugar, vendrá para llevarnos con Él.

La vida no se acaba entre esas cuatro realidades en las que vivimos. No nos puede angustiar ni siquiera la situación económica o la poca popularidad que podamos tener en este mundo. Sí lo que tiene que ver con cuán cerca estamos de esa meta que nos lleva a la gloria, a la eternidad, al estar con Dios.

El pedido de Tomás: Señor queremos ver al Padre, y de Felipe: Enséñanos el camino, están ya respondidas. No hay que ir buscando por todas partes sino donde Jesús quiere seguirnos enseñando: en Él.

Por eso esta tarde te invito a encontrar una respuesta a tu angustia. Abre la Biblia que tienes en tu casa. Lee el Evangelio de Jesús y hazlo parte de tu vida. Invitados por esta palabra puedes tú también llamar a otros a leerla, para que tu casa no esté guiada por la angustia ni por la desesperación, sino por la paz y por esa meta que Dios te promete: la gloria y la eternidad, que nos hace vencer todo obstáculo, odio, rencor, división y lo que no nos lleva a ser auténticamente felices.

De ahí sabrás tú, meditando y reflexionando en la palabra, con quién reconciliarte, a quién pedirle perdón y, de una manera especial, cómo ir a ese encuentro con Dios a través de la Eucaristía.

Que en el día de hoy, lleno de gratitud hacia quien hasta hace unos días nos ha acompañado en la tierra: Juan Pablo II; y de gozo por recibir a Benedicto XVI, quien viene en nombre del Señor, sigamos a Jesucristo.

Que Dios los bendiga a todos

En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo,

Amén.

 
 

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