- Domingo, 25 de diciembre de 2005 -

HOMILÍA DEL ARZOBISPO DE LIMA Y PRIMADO DEL PERÚ, CARDENAL JUAN LUIS CIPRIANI THORNE, EN LA FIESTA DE NAVIDAD

Excelentísimo Señor Nuncio Apostólico, queridos Obispo Auxiliares, queridos hermanos todos en Cristo Jesús.

Nos dice la Liturgia de Hoy, día de Navidad, que ha amanecido un día sagrado porque precisamente, hoy, una gran luz ha bajado a la Tierra: Nació un niño. Y esa natividad, la Iglesia la rodea en su Liturgia con el gozo, la música y luz.

Esa luz tiene mucho que ver con el conocimiento. La luz ilumina el saber pensar, el saber profundizar en el estudio y en el conocimiento de la verdad y, justamente, es lo que el Niño hoy quiere recordarnos: La luz que Él nos trae nos permite que todo el gran desarrollo tecnológico y científico, nos haga pensar en ¿cómo avanza el desarrollo de la ética? y si todo ese avance ¿nos lleva a ser mejores?.

Yo le pido al Niño que ilumine las mentes del mundo entero porque a ese crecimiento impresionante no acompaña un desarrollo de la ética y la moral. Cuando dicho progreso se ejerce de manera descontrolada, fijándose sólo en el aspecto material, destruye al hombre, y eso es justamente lo que contemplamos.

Hay más diferencias económicas que nunca, más desigualdad y violencia que nunca, porque falta esa luz que nos permite darnos cuenta si ese desarrollo tecnológico y científico nos ayuda a convivir mejor. Si la respuesta es negativa, no es progreso, sino retroceso. Es ese el gran desafío del siglo XXI.

La luz ha bajado a la Tierra, el Niño nos ha traído amor, verdad, bondad. La luz que Él trae es la fe, que nunca está contra el desarrollo, más bien lo ilumina para que sea verdadero, para que mejore a las personas, para que reine el amor entre los hombres. Caso contrario se verá un avance en la tecnología nunca imaginado, pero que pone en peligro la convivencia y la destrucción de la humanidad.

El Papa Benedicto XVI viene repitiendo que el mundo actual no tiene rumbo a pesar de los grandes avances porque el hombre se ha olvidado del carácter fundamental de la persona humana: El hombre es un ser moral, todo lo que hace tiene un calificativo, bueno o malo. Y esa condición de los actos requiere una iluminación especial, la cual se la pedimos al Señor en esta Navidad.

El Evangelio de San Juan dice que “la palabra es la luz verdadera que alumbra a todos los hombres”. La Palabra, el Verbo, la segunda persona de la Santísima Trinidad, asume nuestra condición humana haciéndose hombre. Hoy lo vemos como un niño indefenso, pero esa Palabra nos lleva a rescatar a la sociedad actual.

Un mundo donde la Palabra no tiene significado no es humano. Tantas veces la mentira avanza de modo abusivo; nada es más necesario que el saneamiento de la convivencia y ésta se funda en la palabra pública. Vivimos en un ámbito dominado por la expresión y por el mensaje difundido de mil modos.

La falsedad es el peligro más grave del siglo que ha empezado; hay una proliferación deliberada y organizada de la mentira no sólo en el Perú, sino en el mundo entero. Por eso el Niño nos dice que la palabra es sagrada y se cumple. Por eso esta reflexión de la Palabra que se hace carne. Es muy importante que le demos más responsabilidad no permitiendo que la mentira nos invada.

¿Quién dirá que la violencia produce progreso? ¿Quién dirá que el divorcio ayuda en la educación de los hijos? ¿Quién dirá el aborto es positivo? ¿Quién dirá que la injusticia es un modo de progresar? Todo eso es falso, no dejemos que la mentira la conciencia y menos la vida de un país.

Por esa razón cuando viene Jesús, lo hace para proclamar la verdad: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. La fe de este Niño inaugura en el mundo el imperio de la verdad, que ilumina nuestro conocimiento con la fe. Por eso le pido que nos ayude a valorar tres frases breves pero bien dichas: “Gracias”, “Perdón” y “Por favor”. Recuperemos la sensibilidad por esa educación, el respeto a la dignidad que tenemos.

No dejemos que nuestra mente vaya tras lo pasajero, miremos con mas profundidad el amor, la ternura, la belleza, la educación, la vida. En esta Navidad pedimos a Nuestra Madre que despierte a la humanidad porque mirando al Niño Jesús, María y José nos llenamos de felicidad y sencillez.

A todos ustedes una Feliz Navidad con mucho cariño. Qué Jesús nos bendiga a todos en este día.

 

 
 

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