- Domingo, 26 de junio de 2005 -

“La santidad está, en primer lugar,
en cumplir tus deberes lo mejor posible
allí donde estás”

Queridos hermanos:

Hoy 26 de junio, celebramos la fiesta de San Josemaría Escrivá, quien fundó el Opus Dei en 1928. Quisiera por ello recordarle a cada uno de ustedes algo que es muy importante en el mensaje que este sacerdote ha dejado a la Iglesia, en el siglo XX.

Este santo nos lleva a todos a una realidad muy cercana. Nos dice que Dios ha venido a buscar a cada uno, en el lugar que ocupa en la sociedad. Ya no es la santidad sólo para el que está en un convento, o para el Cardenal, o para un religioso, o para un grupo de buena gente dejando de lado a los demás.

San Josemaría, desde su juventud se paseó por calles, países y por todos los lugares del mundo recordándole al taxista, al vendedor del mercado, al político, al que trabaja en medios de comunicación, al deportista, al universitario, al obrero, al empleado, al joven, al anciano, a toda la humanidad que: ‘hemos olvidado por casi 20 siglos que Jesús nos invita a todos a ser santos’.

La santidad al alcance de todos

Él decía: ‘No pensemos que la santidad es salirse de su sitio, obligarse a una serie de prácticas ¡No! La santidad está en primer lugar en cumplir tus deberes lo mejor posible allí donde estás, hacer bien tu trabajo’

Nos señalaba además que para hacer bien tu trabajo hay que estar unido a Cristo a través de los sacramentos, de la oración y llevar ese mensaje con tu testimonio y con tu ejemplo a todos tus amigos... San Josemaría nos recordó que la santidad está al alcance de todos.

Hoy se habla en la Iglesia de que todos estamos llamados a la santidad. Él fue pionero, por eso Juan Pablo II decía que San Josemaría era el santo de lo ordinario, porque decía que la santidad no estaba en hacer cosas difíciles, raras, curiosas ¡No! La santidad está en hacer lo de cada día con más amor, con más perfección, con más deseo de ayudar al prójimo.

Santo es aquel que puede ser ciudadano del

Este llamado es para los ricos, para los pobres, para los solteros, los casados, para niños, jóvenes, ancianos, porque santo es aquel que puede ser ciudadano del cielo, y todos estamos creados por Dios para la felicidad eterna.

La santidad es como tu documento de identidad, cuando quieres acercarte al cielo te preguntarán sobre tu santidad: en qué trabajaste, con quien viviste, cómo te comportaste porque allí estaba Jesús.

Y entonces hablaremos de ese camino a la santidad que son los sacramentos. Cómo viviste tu bautizo, cómo te confesaste, cómo acudías a la Eucaristía, cómo viviste tus obligaciones en la familia, si siendo empresario ayudaste a la gente más pobre, si fuiste fiel en tu matrimonio, cómo trabajando llevaste la fe, la esperanza, y hablaste de Dios a tus amigos.

Todo este mensaje es el que hoy 26 de junio, en la fiesta de San Josemaría Escrivá, quería compartir contigo: ¡Anímate a ese camino de la santidad. Uno puede ser santo en las cosas cotidianas de la vida, toda la vida tiene como misión poner a Cristo en el centro de la vida. El camino es angosto, es áspero, tiene pendientes, la santidad no se regala.

Tenemos la obligación de rezar por el Papa

Y junto a esta gran fiesta, el 29 de junio celebramos el día del Papa, donde tenemos en esa ocasión un motivo para acercarnos a la eucaristía.

Es el primer año que vamos a celebrar la fiesta del Papa con Benedicto XVI, quien es el representante visible de Cristo en la tierra por cuestión de fe. En sus palabras, en sus enseñanzas está la palabra de Dios.

Jesús le dice a Pedro: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán”. El Papa nos dice que ante la maldad, la corrupción y el egoísmo del mundo, debemos recordar siempre las palabras de Cristo.

Nosotros queremos recordar estas palabras de Cristo que se las dice a Benedicto XVI: “Tú eres Pedro y sobre ti construiré la Iglesia Católica”. Por eso tenemos la obligación de rezar por el Papa, escuchar sus enseñanzas, seguir esos consejos que nos da, porque Jesucristo vive con él.

Levanta tu corazón a Dios y en un rato de oración reza el Padre Nuestro, el Ave María o lee el evangelio y medítalo pensando en tu vida. Escucha qué te dice Dios para tu vida. La vida de oración es el camino a la santidad.

Pídele a Jesús que nos diga qué debemos hacer y cómo lo lograremos. Haz del domingo el centro de tu semana, haz que vuelva a ser el centro de tu familia. Acudamos como siempre, todos los domingos fundamentalmente, a la presencia de Cristo Eucaristía, adoración, acción de gracias, peticiones.

Todo esto, hermanos, es lo que la fiesta de San Josemaría y la del Papa, nos enseña para que aquellos sean para nosotros la luz que nos conduce por la vida.

Que Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo los bendigan siempre.

Amén.

 
 

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