- Domingo, 28 de agosto de 2005 -

Cardenal Cipriani: “No hay libertad sin cruz”

Queridos hermanos:

Estamos juntos para conversar con Dios sobre su Palabra, sobre lo que este domingo nos dice el Evangelio.

Es un diálogo entre Jesús y Pedro, un diálogo entre una verdad y otra. Dice el Evangelio que Jesús le dice a sus discípulos que tiene que ir a Jerusalén a padecer, morir y a resucitar. Cuando Pedro escucha, lo lleva a un lugar aparte y le dice: No lo permita Dios que tú sufras, que tú mueras y que tú resucites.

Jesús con una fuerza grande, la fuerza del amor, le dice a Pedro: “Quítate de mi vista Satanás, porque tú piensas como los hombres, no como Dios”. Jesús reprocha a Pedro no por que sea malo, sino porque piensa como los hombres ¿Cómo va a pensar Pedro si es hombre?

Pero Jesús le está recordando que es el Hijo de Dios y está obedeciendo a su Padre. Por lo tanto, es una gran ofensa que nosotros no tengamos confianza en Dios y que sólo pensemos como piensan los hombres y mujeres en el mundo.

Hermanos, esta primera reflexión nos lleva a una conclusión. Durante el día tengo que pensar: ¿Qué quiere Dios? No solamente qué pienso yo porque sería pensar como los hombres, sino ¿qué quiere Dios a través de esto? Quiere algo. Ojalá no me vaya a hacer ese reproche, no me vaya a llamar Satanás por algo que era bueno.

Lo que no quería Pedro era que Jesús sufriera, muriera y resucitara, en el fondo que no nos redimiera, que no cumpliera con la acción que su Padre Dios le había encomendado.

No pidamos un Cristo sin cruz

Cuántas veces en nuestra vida con muy buena voluntad pero equivocados también le decimos al Señor: yo lo que quiero es un Cristo sin cruz. Si pensamos así hemos matado a Dios y a la religión católica. Muchas veces buscamos a ese Cristo sin cruz, porque no queremos lo que supone esfuerzo o dificultad. Uno dice: yo quiero a un Cristo bueno, a un Cristo que todo lo permite.

En otras ocasiones, hermanos, podemos decir: yo tengo una cruz sin Cristo, por lo tanto me ocurren cosas que me oprimen, que me maltratan, que me molestan y no encuentro qué sentido tiene eso si no está Cristo.

Vemos gente que está privada de su libertad, gente que no tiene ni para comer, gente que pasa por problemas grandes y que piensa cómo puede haber Cristo en esta cruz, si es tan negativa.

No dejemos que ese pensamiento se quede en nuestra mente, porque sería también matar a Dios. El único camino que es el pensamiento de Dios, es la cruz con Cristo.

La cruz nos hace libres

El evangelio sigue adelante cuando Jesús, después de haber llamado la atención a Pedro, les dice: “el que quiera venir conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”.

Jesús explica que la cruz está en el destino de nuestra vida, una cruz que salva, una cruz que ayuda, que no es un peso que oprime. Muchas veces hermanos, ese peso, esa dificultad, ese problema, esa cruz sin Cristo aplasta.

Si quieres soñar con una vida sin dificultades, ahí no está Cristo. Quisiera que todo esto lo vieras dentro de un mensaje lleno de alegría. La libertad está siempre unida a unos límites, si yo hago lo que me da la gana no soy libre, soy esclavo. En cambio si acepto los límites de mi libertad, soy feliz.

Por eso tantas veces esa cruz de la que te hablo no es hacer cosas raras, es aceptar que nuestra vida tiene límites, normas, que no puedo hacer lo que me da la gana porque sería hacerme daño. Tengo que hacer lo que Dios quiere, pero lo que tengo que hacer lo hago porque quiero, no lo hago contra mi voluntad.

Esto es lo que en estos tiempos nos complica la vida. Nos quieren convencer que la libertad no tiene límites, y en lugar de ayudar esa visión nos crea problemas.

Hermanos, unamos Cruz, Cristo, Libertad. Convéncete que sólo así podremos vivir con esa felicidad que todos deseamos.

Queremos unirnos hoy a las familias de quienes han perecido en este accidente de Pucallpa. Estamos con ellos en la oración. Le pedimos a la Virgen para que consuele a sus familiares y para que proteja las almas de los fallecidos.

La bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo esté siempre con ustedes.

Así sea.

 
 

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