Excelentísimo señor Nuncio Apostólico, Monseñor Rino Passigato, muy queridos hermanos del Episcopado, queridos sacerdotes y concelebrantes diáconos.
Un saludo muy especial a las Madres del Monasterio por el inmenso cariño con el que cuidan nuestra Imagen del Señor de los Milagros. Ellas nos están observando desde la torre de Las Nazarenas,
Un saludo muy especial a la Hermandad del Señor de los Milagros que durante tantos años realiza ese esfuerzo tan lleno de cariño para que el Señor de los Milagros ilumine y continúe siendo signo de fe de nuestro pueblo peruano. Que Dios los bendiga y los mantenga siempre fieles a la unidad y al mandato que han recibido y vayan pasando de padres a hijos esta noble tradición. Muchas Gracias.
Saludo también a los religiosos y religiosas, madres de clausura, a aquellos que, día a día, en las diferentes parroquias, escuelas y trabajos de apoyo a los más necesitados, realizan una tarea silenciosa de llevar la fe mediante la catequesis y con el ejemplo de vida consagrada a nuestro pueblo peruano.
A los jóvenes, especialmente a los que están estudiando en el Seminario; para que el Señor los confirme en la vocación emprendida para ser buenos sacerdotes
A todos mis queridos hermanos que hoy están acompañando en esta mañana al Señor de los Milagros que Dios bendiga a todos. Hemos escuchado la exhortación En las palabras de San Pablo a los Filipenses, a que tengamos los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo y esto, solos, no se puede resolver hermanos.
El Papa Benedicto XVI con quien he estado hace poco en Roma, recuerda su viaje al Perú el año 86, donde estuvo en Lima y Cuzco, y nos envía todo su cariño y su bendición.
Siempre este pueblo peruano ha estado unido al Santo Padre, recordamos a Juan Pablo II y hoy con mucho cariño al Papa Benedicto XVI. Nos dice Su Santidad: “Si conformamos nuestro modo de pensar y actuar a Jesucristo, vivimos bien y tomamos el camino justo” Ese despertar de la fe que contemplamos en todo el pueblo peruano, es una nueva luz, es un nuevo modo de pensar, que nos pide todos el ser más coherentes,
Es decir, esa fe que tenemos hoy; que se toca, que se siente durante todo este mes: levantándonos temprano, viniendo al templo, trayendo nuestras preocupaciones, recordando a nuestros seres queridos, pidiéndole el Señor por nuestras enfermedades y necesidades. Todo este calor de la fe, tenemos que llevarlo hermanos a la vida de cada día, a cada rincón.
En cada momento del día, tenemos que vivir con esos mismos sentimientos, que la fe invada nuestro corazón, avance en nuestros hogares, escuelas, trabajo. Que penetre la fe en las decisiones de quienes tienen la responsabilidad en las empresas, en los medios de comunicación, en el gobierno. ¡En todos los ámbitos de nuestra vida queremos vivir la fe!.
Por eso es que le pedimos al Señor de los Milagros conformar nuestra forma de pensar, nuestro modo de vivir, a esos sentimientos que tuvo Él, Jesucristo. Y para ello hermanos sentimos, todos, el peso de nuestros pecados, todos sentimos la limitación de nuestra miseria. Por eso nos pide el Señor ese cambio de corazón, por grandes que sean tus pecados y problemas. Él nos dice: “ Cuenta conmigo”. Cristo Moreno, danos ese gran milagro para que yo sepa amar, perdonar, comprender y ayudar.
Decía el Papa hace unos días decía “La ternura de Dios es un gran consuelo para todos nosotros”. Ese gran consuelo también es una gran responsabilidad cotidiana; pero Dios lo puede todo, Jesucristo lo puede todo, el Señor de los Milagros lo puede todo. Y Jesús en esta imagen milagrosa del Señor de los Milagros nos muestra que en la Cruz esta la respuesta de la Iglesia Católica al mundo de hoy, que es una respuesta valiente, sincera, clara, rotunda. Cristo en la Cruz es la respuesta a todas nuestras dificultades, ¡Es la Cruz!.
No arranquemos de nuestro corazón ese dolor que acompaña cada día nuestro trabajo, nuestro esfuerzo. Nuestra vocación cristiana tiene ese signo luminoso, que no es un signo triste, no es un golpe que te aplasta, ¡No!. Acepta la Cruz de Cristo llévala con fe, con esperanza, que nadie te ofrezca ídolos diciéndote que la vída es fácil, que la vida se arregla de un día para otro. Hermanos el camino de la Cruz no queda ahí; ese Cristo que muere en la Cruz y resucita lo tenemos a nuestro lado vivo.
Acabo de regresar del Sínodo de Obispos que nos ha reunido en Roma, junto al Santo Padre, contemplando desde los cinco continentes la Eucaristía, hermanos; junto a la Cruz que en cada Eucaristía, en cada Misa, como hoy, se renueva la entrega de Cristo con todo su cuerpo su alma su dolor y su sufrimiento. En cada Misa, Jesús vuelve a hacer ese pacto, esa alianza nueva y eterna, y muere por mí y por ti. Y nos dice, al mismo tiempo: “Tienes hambre, tienes sed, te veo débil. Te entrego mi cuerpo como alimento”. Por eso hermano la Misa, la Eucaristía es una manera de vivir, es una manera de ser.
Yo quisiera que el pueblo peruano siguiendo ese deseo del recordado Juan Pablo II, y que el mismo Papa Benedicto XVI nos recuerda, ahora, haga de la misa dominical el encuentro de toda la familia, el centro del dia domingo y el domingo el centro de toda la semana. Recuperemos ese modo de vivir del dia domingo que es el día del Señor, el día de la Eucaristía y el dia de la familia.
Recuperamos ese deseo de Dios, de que en el domingo se centre toda mi vida. Así lo hicieron nuestros abuelos, nuestros padres, ¿Porque no volver con nuevo empeño todos los domingos al templo para escuchar la palabra de Dios?, ¿Porque no volver a acercarnos a la reconciliación y para con el alma limpia recibir el cuerpo de Cristo?. Eso es lo que nos pide Dios, ese sentimiento de Cristo que en la Cruz y en la Resurrección está lleno de compasión, de misericordia y de perdón.
Hermanos hay que unirse al Señor de los Milagros cada día, cada domingo en misa. El Señor de los Milagros en la Cruz nos hace presente el misterio de la Santa misa. No olvides que fue en la Cruz que el Señor cambió mi vida y la tuya; y que en cada misa renovamos la entrega del Cuerpo y la Sangre de Cristo en todo el mundo. ¡Qué maravilla! Cómo no mirarlo para decirle Señor de los Milagros ¡gracias por haberte quedado con nosotros en cada Eucaristía! Te prometemos acudir a la Santa Misa todos los domingos.
Y San Pablo continúa diciendo que siendo Dios, Jesucristo se abajó. Tomando forma de siervo, hecho a semejanza del hombre, en condición de hombre, se humilló así mismo. Se hizo obediente hasta la muerte, y muerte en la Cruz.
Los creyentes tenemos que ayudarnos para llevar ese mismo espíritu de servicio en un mundo donde todo es poder; donde todo es placer, abuso, mentira y delincuencia. Eso es lo que nos vende este mundo pagano, y a eso debemos contestar nosotros con humildad: “Hemos venido a ayudar, a amar y a que seamos una gran familia unida. No vengo con golpes ni con insultos; pero sí con la valentía de la verdad. Por eso, ese espíritu de servicio y esa obediencia de la fe nos lleva a comprometernos con esos mismos sentimientos de Cristo.
Cada uno, en un silencio personal, que piense ahora: Dios me ama, Dios me da más. Hay que repetirlo mucho porque a veces el mundo en que vivimos pareciera decirnos que Dios se ha olvidado de mí. ¡NO! No dudes, Dios te ama, Dios nos ama, está cerca de ti, está dentro de ti, escúchalo y abre tu corazón.
El Señor de los Milagros nos convoca todos los años y yo le digo siempre lo mismo ¿por qué? Porque hace milagros. Ese es el poder que nos convoca.
Todos tenemos, la historia de haber mirado, de haber dejado en sus manos el problema personal, familiar, y haber encontrado la respuesta. Y es por eso que venimos para agradecerle, por eso venimos para decirle: “Cuánto me quieres y yo tengo que aprender a quererte”. Llévalo no sólo en tu corazón sino en tu trabajo, en tu familia, y fíjate que el gran regalo que te hace es darte la paz y la alegría interior.
Quiero decirles que el Señor de los Milagros, de manera muy especial, está cuidando tu familia. Hermanos, la familia es el santuario donde todos hemos venido a la vida, en donde surge el amor, la vida, la ayuda, el dolor, el perdón. El Santuario donde todos volteamos la mirada para recordar a nuestros padres y abuelos. Esa familia, la cuida el Señor de los milagros.
Cuando vemos en el mundo que existe una verdadera campaña para destrozar la familia, no permitamos que esa campaña destruya al matrimonio. Es deseo de Dios, desde el Génesis, desde el primer momento de la creación. Se casarán un hombre y una mujer, vivirán unidos para siempre en una fidelidad que cuenta con la bendición de Dios, constituyendo un matrimonio cristiano católico.
Y si experimentas una dificultad de que te ha ido mal, de que tu matrimonio se rompió, la Iglesia te abre las puertas para decirte: Reza, acude a la Santa Misa, pero acercarte a la comunión, no puedes. Ofrece ese dolor, reza, acércate al Señor de los Milagros, confía en la misericordia de Dios y procura, de la mejor manera, el respeto y la educación de tus hijos.
Hermanos, con verdadera preocupación les digo, la familia sufre en estos años un ataque muy fuerte; muchas veces de parte de leyes que la maltratan, de parte de una cruel hipocresía que mata al niño que no ha nacido. ¡Que tragedia!, El aborto es un crimen horrible. No dejemos nunca por ningún motivo que el don sagrado de la vida y el amor del matrimonio sea atacado.
¡Señor de los Milagros ayúdanos a retomar a la juventud en esos matrimonios, en esos hogares, en esas escuelas!. Hay que aprender la fe y transmitirla de padres a hijos. ¡María que estás junto a la Cruz de tu Hijo, contémplanos y enséñanos a tener los sentimientos de tu Hijo Jesús!.
Termino con las palabras con las que hemos saludado en el Sínodo a los cinco continentes desde Roma:
“La paz esté con ustedes, que el misterio de la muerte, que el misterio de la Resurrección de Cristo los consuele y les dé sentido a sus vidas. Que el Señor de los Milagros los guarde en la alegría de la esperanza porque Cristo Eucaristía vive en su iglesia, Cristo Eucaristía nos espera cada domingo en la Santa Misa”.
En nombre del Papa Benedicto XVI traigo todo su cariño y su bendición para el pueblo peruano.
Que así sea.