Hoy queridos amigos, recuerdo esos momentos tan bonitos cuando recién elegido, el Papa Benedicto XVI se dirigía a nosotros los cardenales en la Capilla Sixtina. Lo digo precisamente porque la procesión de esta mañana es una respuesta a lo que en esa ocasión nos dijo el Papa: “Este año se deberá celebrar de un modo singular la solemnidad del Corpus Christi”.
El Papa nos ha pedido a todos –recordando a su antecesor Juan Pablo II- que este año hiciéramos un esfuerzo especial con la procesión. Por eso, quiero agradecer con gozo a todos los que nos han acompañado con Jesús Eucaristía, a todos los que han puesto en Jesús sus preocupaciones y sus alegrías, es decir el gozo que toda nuestra población ha manifestado a la presencia del Cuerpo de Cristo en el Santísimo Sacramento del altar.
El Papa lo decía de una manera especial: “Pido a los sacerdotes, en los que pienso en este momento con gran afecto, que cuidemos mucho el modo de celebrar la Misa, el cuidado de Jesús en la Eucaristía”.
Por eso, con ese gozo de hace unos momentos en la Plaza de Armas, me dirijo a todos ustedes para agradecerles en nombre de Dios y para repetir que “Jesús Eucaristía es la respuesta a todos los problemas que afligen nuestras vidas”.
Y por eso hemos obedecido a ese mandato maravilloso de Benedicto XVI. Él nos recordaba de una manera bonita que: En Jesús podemos ver dos grandes dimensiones. “En primer lugar –decía él- Jesús ya no nos llama siervos, nos dice amigos”. En la Eucaristía yo descubro una dimensión que tal vez no es fácil, cada día hay que tratar de encontrarla.
Piensa en tu amistad con Jesús
Es mi amigo o es una persona importante. Una persona importante no es mi amigo. Un poderoso no es mi amigo. Se puede tener amistad con una persona sencilla, normal, sea cual fuere su condición, pero ¿es mi amigo Jesús? Esa es la pregunta. Lo trato con respeto, lo obedezco, pero ¿es tu amigo?
Podríamos, de alguna manera compararlo con ese amor matrimonial. No es el respeto a la esposa, o el cariño a los hijos, o la responsabilidad del hogar. Pero ¿se aman?
El Papa pone una condición sencilla: entre amigos no hay secretos. Piensa que tienes esa amistad, eso te llevará a acercarte al Santísimo Sacramento, a la Hostia, te llevará a visitarlo en las iglesias, te llevará a recibirlo con el alma limpia y no de cualquier manera, nunca en pecado grave. Jesús nunca te dejará.
No es de los amigos que se emocionan del momento, como en las canchas de fútbol cuando los jugadores ganan un partido se abrazan, saltan de gozo, pero de repente no son amigos. Igual puede pasar en una empresa, horas trabajando, pero ¿son amigos?
Te dejo esa pregunta: ¿Eres amigo de Jesús Eucaristía? Esto es lo que nos pedía el Papa Benedicto XVI, en los primeros momentos cuando siente la responsabilidad de ser el Vicario, el representante de Cristo: ¿Te has hecho amigo de Él? ¿Cómo puedes demostrar que eres amigo de Jesús?
En este país amamos a Jesús
Es toda una tarea, pero al contemplar esa multitud en procesión, uno se da cuenta que en este país amamos a Jesús.
A veces nos olvidamos, pero ojalá que cada día Jesús sea ese rostro que conmueve, esa sonrisa que anima, esa palabra que levanta y de esa manera se pueda comprender que Jesús nos entrega su Cuerpo para podernos alimentar.
Esta es la primera reflexión en esta solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo que quisiera proponerles: ¿cuál es el nivel de confianza con Jesús? ¿Es amistad, es puro respeto, es miedo, no siento nada, es una costumbre solo para las ancianas y las beatas? ¿O está en el centro de mi alma? Él tomará la iniciativa y te dirá: Aquí estoy.
En segundo lugar, nos dice el Papa: “Esa comunión, esa amistad se refleja en algo que rezamos cada día: Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Si Jesús es tan amigo tuyo, entonces tus deseos son sus deseos, tus sentimientos son sus sentimientos. Si Jesús perdonaba ¿tú perdonas? Si Jesús lloraba ¿tú lloras? Si Jesús sufría ¿tú sufres? Si Jesús salía a buscar al enfermo, al atribulado, a la viuda ¿tú buscas a quién necesita tu ayuda, tu apoyo, tu confianza, tu amistad?
Es decir, ¿identificas tu vida con la de él? Jesús no nos pide que dejemos de hacer las cosas diarias de la vida o que dejemos de trabajar. Nos pide que en todo momento lo tengamos presente. Tendríamos de esa manera un corazón alegre, amable, entusiasmado, que nos acercaría a nuestro Padre Dios.
¡Come el pan de Cristo!
Lo que nos pide el Papa en esa hora de la amistad, en ese drama bonito o triste de la vida, es una amistad sincera, sin secretos, son palabras del mismo Jesús que te leo del Evangelio de hoy: ”Yo soy el Pan vivo que ha bajado del cielo”, ese pan que está en el altar, ese pan que es la Eucaristía.
Es el mismo Dios el que está presente. El que coma de este pan vivirá para siempre. ¡Come el pan de Cristo! Y verás cómo tendrás vida eterna. Habrá alegría, paz, serenidad.
Que la Virgen María que estará especialmente gozosa al ver este cariño del pueblo del Perú a su Hijo en la Eucaristía nos acompañe. Y que Dios Todopoderoso nos bendiga.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén