- Domingo, 30 de octubre de 2005 -

“Seamos rebeldes y apasionados en la tarea educativa”, invocó el Cardenal Juan Luis Cipriani

El Pastor de Lima, señaló que es el momento de plantearnos con mucha confianza la propuesta revolucionaria de Cristo que quedándose en la Eucaristía nos dice “Yo te alimento, yo te doy luces, yo estoy junto a ti, por eso guarda mi alma en la paz junto a Ti Señor”.

Queridos hermanos en Cristo:

Un saludo especial a los colegios que hoy nos acompañan. Yo regreso después de un mes de haber estado en Roma asistiendo al Sínodo de la Eucaristía. Quisiera que el comentario a la Sagrada Escritura de hoy nos lleve a una conclusión: El gran desafío del mundo de hoy, es la tarea educativa. En primer lugar de los padres, preocuparse de todo lo que está alrededor del cuidado de la familia, el amor entre los esposos, el cariño a los padres, a los hijos, la calidad del tiempo que les dediquemos.

Creo que después de estar en contacto con gente del mundo entero en este mes, escuchando gente de África, Asia, Europa, América Latina, el común denominador que desafía al mundo moderno es la educación. ¿Adónde vamos? ¿Adónde queremos orientar a la juventud y a la niñez? ¿La dejamos para que la tecnología se la lleve de un lado para otro? ¿Para que ese ambiente frívolo dominante los confunda, llevándolos a buscar el dinero, el placer o el poder. La propuesta de la Iglesia es que hay que intervenir con verdadera responsabilidad, lo cual además, es una tarea muy bonita y una obligación.

La sociedad civil y el estado solo colaboran subsidiariamente; es decir, la educación es una tarea de los padres de familia. El estado y la sociedad civil colaboran por delegación de los padres, no es lo inverso; el Estado no es dueño de las libertades, cada uno es dueño de su libertad y debe ejercerla responsablemente. El Estado, con la educación, solo colabora con los impuestos facilitando el acceso a la misma.

¡Qué bonita tarea! Qué bonito desafío para que todos los padres de familia y los que desempeñan una tarea como educadores: Darse cuenta que no es tiempo para sueños, cansancio o para decir que los hijos hacen lo que quieren y yo también. Es tiempo para que la tarea de los padres suponga una educación generosa, creativa, sacrificada, y llena de amor a los hijos.

Este pensamiento tan sencillo lo encontramos en esas palabras del Salmo:“Guarda mi alma en la paz junto a Ti Señor”. ¿Qué quiere un niño de dos años hasta un anciano, un joven, un empresario, un hombre de la calle, un estudiante de colegio? Quieren tener paz interior, estar alegres. Hay muchos modos, el Señor dice que junto a Él.

Procuremos que en el plan educativo de toda familia que Dios esté presente. Sobre todo en la carta que hemos leído a los Estalonicenses dice cosas muy bonitas: tratamos con delicadeza como una madre cuida de sus hijos, pues tenemos tanto cariño que deseamos entregarles nuestras propias vidas.

En ese plan de educación tienen que entrar esos valores: delicadeza, respeto, comprensión, cariño, sacrificio, fortaleza, trabajo. Hablando del trabajo, que no sólo le permita tener medios económicos, sino que le permita ser persona. Cuando yo desempeño un trabajo que ejercite mi capacidad, que resuelva problemas, que busque soluciones, que colabore en mejorar a los demás, que si bien cansa, pero me desarrolla.

No hay dinero que pueda pagar lo que supone el bien que me hace trabajar. Hay que formar bien a la juventud, que no sea sólo estimulada por el dinero, el placer o el poder. Hay muchos trabajos que no cumplen esos requisitos como el que realizan las madres de familia, por ejemplo. Evidentemente no se puede medir con dinero o poder, pero ellas se sienten muy felices de recibir a sus hijos, de ver cómo crecen y sufren mucho cuando ven que sus hijos flaquean o pasan por momentos de dudas.

Por eso, meditando la palabra de Dios vemos como San Pablo nos habla con tanta sencillez: “Recuerden hermanos nuestros esfuerzos, nuestra fatiga, trabajando de día y de noche para no ser gravosos a nadie, proclamando la palabra de Dios”: Es por ello que no cesamos de agradecer a Dios.

Hay que tener un poco de ese espíritu de revolución. Seamos rebeldes para plantear en nuestra familia ese estar unidos para educar bien a nuestros hijos, hay que dedicarles tiempo, conversar con ellos, pensar en ellos, no darles todo, simplemente, y exigirles que se esfuercen. Hay que sufrir pero es apasionante porque nos brinda finalmente una gran alegría.

Esto en el mundo de hoy, hay que decirlo con mucha frecuencia, no se promueve. Todo lo contrario, se promueve un indivualismo en el que cada uno prepara su pequeño programa y ya no piensa en familia. Esto no es bueno.

La lógica del plan educativo que Dios nos plantea desafía la lógica humana. Fíjate lo que dice el Evangelio: “El primero entre que sea el que sirve”, ¿en qué lugar del mundo se ve que el hombre más importante es el que sirve? Normalmente el más importante es a quien se le sirve o pide ser servido.

Cuántas veces vemos que aquel que tiene una responsabilidad, en lugar de ser servidor, de ayudar, muchas veces está pensando como sacar ventaja de esta situación. En el plan de educación que Dios nos enseña, el ser padre es ser servidor; el ser obispo o cardenal es ayudar, orientar, servir. Igual en el campo de la política, el que sabe más tiene que ayudar al que sabe menos.

Luego nos dice Jesús que “el que se enaltece será humillado”. Al final de los tiempos, el que ha vivido para sí mismo será humillado, y el que se humilla, el que se preocupa por sus hijos, por Dios, por sus amigos, ése será enaltecido.

Hermanos, miremos con confianza. El Papa recientemente decía: “Lo primero es la persona humana”, que está abierta a la verdad y al bien para ser feliz, pues en ese deseo de educar mejor todos los medios de comunicación por ejemplo, pensemos si lo que hacemos es bueno para la persona humana, le lleva a la verdad, al bien, la hace feliz.

Creo que es el momento de plantearnos con mucha confianza: hay una propuesta que quedándose en la Eucaristía me dice “yo te alimento, yo te doy luces, yo estoy junto a ti, por eso guarda mi alma en la paz junto a Ti Señor”.

Me ponía a pensar que hace casi 40 años había en Lima un amigo mío, yo no era sacerdote, estaba estudiando ingeniería. Ese amigo que venía de Estados nos acompañaba al basket (que era lo que yo hacía). Pasan 40 años y mi amigo está aquí, yo soy Cardenal, él es médico de Estados Unidos con su familia. En el medio hay 40 años muy bonitos pues piensa en tu vida, yo en la mía. Cada día en nuestro corazón hay ese mundo en donde cada uno puede hacer un ambiente de gozo, de esperanza, con sufrimiento, con esfuerzo pero sin perder el punto de mira. Hay que enfrentar la realidad diaria con la esperanza de que Dios está con nosotros.

Por eso le pido a Nuestra Madre la Virgen, porque ella siempre es la mujer como una madre cuida de sus hijos, que nos cuide, que nos fortalezca en esa fe, se va viendo un cambio poco a poco. La política tiene límites, no le pidamos a la política que deje litigar, que eduque a los hijos, que nos enseñe a portarnos bien. La política está al servicio de crear el bien común para todos pero yo les pido que tengan confianza en que el esfuerzo da fruto.

Eso le pido a Nuestra Madre Santa María, que veamos con gozo y esperanza, el panorama que hay por delante, en el hogar, en el estudio y en el trabajo. Primacía la persona y educación en la familia. Ahí tenemos una tarea concreta que la Iglesia hoy nos recuerda para que en las escuelas, universidades, medios de comunicación, se generen esa propuesta de valores, enseñen a ser alegres, a trabajar, a ser honestos, a saber perdonar, a ser unidos. Todo eso está a nuestro alcance, basta que cada uno ponga su granito de arena.

Me alegra mucho estar nuevamente con ustedes y realmente les traigo la bendición y el cariño del Papa, que recuerda con tanta ilusión este país al que visitó el año 1986. todo el cariño y la bendición del Papa Benedicto XVI para el pueblo peruano.

Así sea.

 

 
 

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