Homilía del Cardenal
Juan Luis Cipriani en la Consagración Episcopal del Nuevo Obispo
Prelado de Juli, Monseñor José María Ortega Trinidad
en el Santuario Nuestra Señora Madre del Amor Hermoso en San Vicente
de Cañete
I. Identidad.-
Para desempeñar un fecundo ministerio episcopal el Santo Padre
Benedicto XVI te ha nombrado Obispo Prelado de Juli. El Obispo, permite
que te recuerde en esta ocasión solemne, está llamado
a configurarse con Cristo, en su vida personal y en el ejercicio del
ministerio apostólico, Este empeño interior avivará
la esperanza de recibir de Cristo, “la corona de gloria que no se marchita”
(1 P 5, 4). Esta esperanza te guiará a lo largo de tu ministerio.
Sabes que puedes contar con una especial gracia de Dios, que te es
conferida en la ordenación episcopal. Tal gracia te sostendrá
en tu entrega por el Reino de Dios, si correspondes.
En el ministerio de los Obispos, Sucesores de los Apóstoles,
se revela, por un lado, la debilidad de aquello que es propiamente humano
y, por otro, la fuerza de Dios: justamente en la debilidad de los hombres
el Señor manifiesta su fuerza; demuestra que “es Él mismo
quien construye, mediante hombres débiles, su Iglesia”. (Benedicto)
El encargo hecho a los Obispos debe estar anclado en su vida de oración.
Es esto lo que nos da la seguridad de perseverar a través de
todas las miserias humanas. El Obispo debe tener como primera tarea
de su ministerio episcopal su propia santidad personal.
II. Misión del Obispo.-
“No digas soy un niño, porque irás a todo lo que te envíe;
comunicarás todo lo que te encomiende” (Jr. 1,6-7)
En el lugar en que trabajarás deberás presidir todo el
ministerio de la enseñanza y la predicación, y vigilar
especialmente por cuidar la integridad doctrinal de tu rebaño.
Para ello cuentas con ese don de Dios, el Catecismo de la Iglesia Católica
y el Compendio.
Promoverás una catequesis activa y eficaz. La tierra de misión
requiere de un especial esfuerzo en esta dimensión. Es responsabilidad
sólo del Obispo ordenar la catequesis diocesana según
los principios y las normas emanadas por la Sede Apostólica.
Tu larga experiencia en los maravillosos Concursos de Catequesis de
esta Prelatura te servirán de ejemplo.
Como responsable del culto divino en la Iglesia particular, el Obispo
también debe regular, promover y custodiar toda la vida litúrgica
de esa Prelatura. Deberás vigilar para que las normas establecidas
por la legítima autoridad sean atentamente observadas. Compete
al Obispo dictar oportunamente normas en materia litúrgica siempre
en el respeto de cuanto haya dispuesto el legislador superior.
Te sugiero, siguiendo las últimas recomendaciones de Juan Pablo
II y del actual Papa, que te empeñes especialmente para que los
fieles santifiquen el domingo y lo celebren como auténtico día
del Señor, mediante la participación en el Santo Sacrificio
de la Misa. Haz todo lo posible para que no falten sacerdotes que permitan
a la gente acceder al sacramento de la Reconciliación.
El Obispo tiene también el deber de actuar mediante el ofrecimiento
del sufrimiento. Seguramente encontrarás dificultades. Nada tiene
de extraordinario, forman parte de la vida de fe del buen pastor.
La pastoral vocacional que has visto e impulsado en esta Prelatura
y de la que tú eres un fruto maduro te debe llevar a poner especial
cuidado y atención en organizar bien a los niños acólitos.
Desde ahí verás – con el tiempo - florecer abundantes
vocaciones sacerdotales y brindarás un verdadero servicio a esa
Iglesia particular de Juli. Todo el esfuerzo que les puedas dedicar
será generosamente bendecido por Dios.
III. La Iglesia particular de Juli.-
En la Iglesia particular que se te confía eres principio y
fundamento visible de unidad. El primer deber del Obispo se refiere
a su diócesis y para poderlo cumplir adecuadamente es necesario,
ante todo, que residas en ella.
El cuerpo de la Iglesia, como bien sabes, se distingue de todas las
sociedades humanas. Ella no se sostiene sobre las capacidades personales
de sus miembros, sino sobre su íntima unión con Cristo
y, por ello, es sacramento de salvación.
Por tanto, la misión propia que Cristo ha confiado a su Iglesia,
no es de orden político, económico o social: el fin que
le ha fijado es de orden religioso. Y, sin embargo, precisamente desde
esta misión religiosa brotan tareas, luces y fuerzas que contribuyen
a construir y consolidar la comunidad de los hombres según la
Ley divina.
Recuerdas los ejemplos maravillosos de sacerdotes que en esta Prelatura
han impulsado el desarrollo de pueblos, carreteras, postas médicas,
colegios y tantas formas de caridad impulsadas desde el deseo profundo
de elevar a las almas a su dignidad de hijos de Dios.
Debes tener una adecuada comprensión de los diferentes factores
sociales y culturales que encontrarás en la Prelatura de Juli.
Tales fenómenos, en sus aspectos positivos o negativos, requieren
de tu celo apostólico. Lleno de confianza en Dios y de paciencia,
la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia, será
el instrumento adecuado para promover la unidad entre la fe y la vida,
sabiendo corregir siempre las posibles formas y expresiones desviadas
de religiosidad.
En resumen mi querido Chama – Monseñor Josemaría -el
obispo es signo de la presencia de Cristo en el mundo. “Yo soy el buen
pastor, conozco a mis ovejas y las mías me conocen” (Jn. 10,
14). Llama por sus nombres a sus hijos, los alienta, los conforta con
el anuncio de la Buena Nueva y los reúne en torno a la misma
Mesa. Es para todos un signo de superación de la soledad, que
tantas veces aflige a nuestro pueblo, porque con su presencia pone a
los hombres en relación con Cristo.
Los hombres hemos tenido siempre necesidad de modelos y ejemplos que
imitar. En este tiempo nuestro tan expuesto a ideologías cambiantes
y contradictorias los santos nos estimulan.
Tus padres –tu mamá aquí presente- sembraron la semilla
de la vocación. Tus hermanos te han acompañado siempre.
La emoción es grande cuando el ejemplo de los santos es reciente
y cercano: la vida entera de San Josemaría - su alma, su corazón
y sus oraciones- han pasado y siguen pasando muy de cerca de estas tierras
y de cada uno de sus habitantes bendiciéndolos con especial cariño:
Cañete, Yauyos, Huarochirí, Matucana. Don Álvaro
con su fidelidad enteriza y sencilla llena de serena alegría.
Don Ignacio y sus aventuras tan llenas de amor a todos.
La lista sería larga…., con profundo agradecimiento, recordamos
a los Prelados que han servido en esta Iglesia local, a los sacerdotes
y a tanta gente que acompañó esos primeros pasos misioneros.
¡Que estés a la altura –Juli ya la tiene– y que la Virgen
del Amor Hermoso te acompañe y todos te encomendamos mucho!