Hermanos:
El día del maestro se celebra el próximo 6 de julio y
quiero hoy dirigirles unas palabras en la homilía.
Hemos escuchado en este pasaje del Evangelio, y en tantas otras ocasiones
que Jesús es llamado por la gente “maestro”.
Por lo tanto, el ser maestro tiene una responsabilidad muy especial.
En una ocasión que Jesús está enseñando,
la gente se sorprende y dice que enseña como quien tiene autoridad,
que no está dando opiniones, que no está simplemente conversando,
sino que enseña con autoridad.
No era frecuente ver maestros que enseñaban con autoridad, sino
más bien enseñaban con lo que manda la ley, las obligaciones,
ellos eran prácticamente transmisores; a Jesús, en cambio,
ya le dan esa categoría, y es un aspecto del maestro que ahora
veremos.
Nos refiere el Evangelio con frecuencia, que la gente seguía
a Jesús entusiasmada, lo buscaba. ¿Por qué? Por
algo muy sencillo. El ejemplo. Jesús atraía a la gente
por su ejemplo, su Palabra, sus obras, su cariño, su cercanía,
su ayuda, su autoridad. Hoy vemos como a aquella gente que lo busca
porque está enfermo un personaje en su casa, Jesús les
dice solamente una frase: “No Temas. Basta que tengas fe”.
Con estos elementos de la Sagrada Escritura, podemos decir hoy cosas
muy sencillas. Primero, que la enseñanza no se decide por mayoría
de votos, es decir, que la democracia no es el mejor sistema para todos
los problemas de la humanidad. Es una frase bien sencilla pero muy importante:
la verdad y el bien no se deciden por mayoría de votos.
Hoy, en el mundo, en algunos aspectos de la Iglesia también
se pretenden consensos mayoritarios, ¡No! La verdad no es por
consensos. La verdad es un deber que tenemos todos, de manera especial
quienes son autoridad o maestros de buscarla, para eso el Señor
nos ha dado inteligencia, para eso nos ha dado ese don gratuito de la
fe.
Pero si queremos que ese sistema político de la democracia sea
aplicado por ejemplo en la familia: destrozamos la familia; si queremos
que sea aplicado ahora que tanto se habla de fútbol, por mayoría
de votos a ver cual es el equipo. Ahí tienen a Brasil.
En un hospital, si tuviéramos que decidir por mayoría
de votos a ver si se opera o no al paciente. ¡Estaríamos
locos!
Entonces, maestros, el proceso educativo no es un problema de tantos
diálogos y consensos. El maestro tiene que enseñar como
quien tiene autoridad, esto es importante. Y esa autoridad moral en
el caso del maestro tiene mucho que ver con el buen ejemplo..
Me atrevería a decir que muchas veces, en nuestros países,
el gran problema de la enseñanza es la falta de disciplina, los
maestros han dejado la responsabilidad de guiar a los jóvenes.
La disciplina, el orden, el que se pueda enseñar como quien tiene
autoridad y se pueda aprender como quien recibe la verdad. A esa actitud
hoy le llaman valores, yo preferiría llamarla buen ejemplo, coherencia,
unidad, entre la vida y la fe.
Tampoco es un método de enseñanza la encuesta; se están
creando pequeños ídolos de la tecnología moderna.
¿Que piensa la mayoría? ¿que percibe la mayoría?
Y desde ahí se toma decisiones sin siquiera saber si lo que se
busca es la verdad. No es problema de mayorías o de minorías,
ni de percepciones, ni de encuestas. Es problema de responsabilidad
personal.
El encuentro con Cristo, es un encuentro de cada uno con nombre y apellido
en ese silencio interior de tu propia identidad que puedes encontrarlo
en la oración, donde se da el gran diálogo.
Yo muchas veces pienso que hoy la gente vive con un extraño
personaje dentro de si mismo, no se conoce, porque no conoce a Cristo,
porque no hace oración, porque no medita, y entonces vive con
un personaje que es él mismo y que no conoce. Vive como un extraño,
y por eso surgen indecisiones, dudas, miedos, violencias, egoísmos.
Pidámosle al Señor: Jesucristo, Camino, Verdad y Vida.
Oración, meditación personal, cercanía a la Eucaristía
bien preparados.
Hemos conseguido algo bien difícil, que las palabras ya no tengan
significado y eso es muy grave, por eso el maestro no tiene autoridad,
porque lo que uno dice significa otra cosa; uno dice verdad, y cada
uno dice su opinión. ¡No! Verdad es diferente que opinión.
Uno dice diálogo, otro dice tolerancia. ¡No! Hay una verdad
y hay que buscarla a través del diálogo, pero no toda
opinión es igualmente verdadera. Y en los tiempos modernos actuales
la Iglesia se encuentra con ese gran desafío, el valor de las
palabras que sólo se puede rescatar si la Palabra va acompañada
del ejemplo, entonces habrá autoridad.
Y tenemos un documento que el Papa actual, Benedicto XVI, recuerda
muchas veces, y yo quisiera decirles que lo conozcan y lo lean. Es el
Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica. A lo largo de
los siglos hemos aprendido la fe con el Catecismo, ¿quien nos
ha dicho que no es necesario?, ¿quien nos ha dicho que es muy
difícil?, ¿quien nos ha dicho que es demasiado aburrido?.
No nos dejemos engañar. A veces esa es la democracia, a veces
esas son las encuestas.
Pero aquí está, y hay una pregunta que nos puede ser
muy útil. ¿Qué significa para el hombre creer en
Dios? Y contesta el Compendio: ‘Creer en Dios significa para el hombre
adherirse a Dios mismo, confiando plenamente en Él y dando pleno
asentimiento a todas las verdades por Él reveladas, porque Dios
es la verdad’. Significa creer en un solo Dios, en tres personas: Padre,
Hijo y Espíritu Santo. Ahí acabó.
Y como eso, tantas otras preguntas y respuestas encontramos en este
compendio.
Hermanos, en la Iglesia del Perú tenemos un ejemplo maravilloso:
Santo Toribio de Mogrovejo. La Iglesia se ha hecho con estos documentos
sencillitos. El Catecismo. Desde pequeños cuando teníamos
6 u 7 años hasta que teníamos 30 o 50. el Catecismo. Pero
hace unos años, unos profetas de la mentira dijeron que la memoria
hacía mucho daño, que la fe era memorística, y
fuimos tan tontos que les creímos, enterramos los Catecismos,
pues hoy ¡hay que desenterrarlos!.
Maestros, enseñen la fe que está resumida de una manera
tan bonita en este documento que es un tesoro. Vamos a pedirle eso a
nuestra madre, la Virgen María: ‘Enseñemos con autoridad,
con ejemplo. Jesús, tú que eres el Maestro, danos esa
fortaleza para no tener miedo al qué dirán, a que piensa
la mayoría. Rescatemos esa responsabilidad personal, rescatemos
la disciplina y el orden en la enseñanza, así seremos
jóvenes llenos de creatividad, de entusiasmo’.
Y sólo quiero decirles para terminar que acompañemos
con la oración, el próximo viaje del Papa a Valencia en
España, donde será el Encuentro Mundial de la Familia.
Recemos por el Papa, ¡qué ocasión más bonita
de mostrarle al mundo la belleza de lo que es la familia querida por
Dios!.
Yo acompañaré al Papa en esos días, un viaje breve
llevándole el cariño de todos y trayéndoles también
el mensaje que esperamos recibir del Papa. Vivamos unidos en ese deseo
de cuidar y respetar la familia.
Dios es tan bueno que ha hecho las cosas muy bien, ha hecho la
familia para que sea el primer lugar donde se enseñe a la fe,
ha hecho una escuela donde los maestros son continuadores de esa tarea
de colaboración con los padres de familia y últimamente
el Papa actual ha presentado este Compendio del Catecismo de la Iglesia
Católica. Con todo esto tenemos motivos para estar muy contentos
y para seguir en ese trabajo arduo, nada fácil, pero bonito de
educar a los jóvenes, a los niños, también a los
mayores.
Hay que poner la democracia en su sitio, la verdad nos hará
libres y esa verdad tiene la autoridad que Cristo, el maestro nos da
a todos. Vamos a pedírselo y vamos a ponerlo en práctica
en esta semana en la que deseamos también un encuentro fructuoso
de este grupo de hermanos nuestros que se reúnen en Lima promoviendo
este encuentro del Consejo para la Cultura, órgano de control
del Santo Padre para la educación. Con mucho cariño les
damos la bienvenida y les deseamos un buen encuentro en esta ciudad
de Lima.
Así sea.