- Domingo, 02 de julio de 2006 -

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani por el Día del Mestro

Hermanos:

El día del maestro se celebra el próximo 6 de julio y quiero hoy dirigirles unas palabras en la homilía.

Hemos escuchado en este pasaje del Evangelio, y en tantas otras ocasiones que Jesús es llamado por la gente “maestro”. Por lo tanto, el ser maestro tiene una responsabilidad muy especial.

En una ocasión que Jesús está enseñando, la gente se sorprende y dice que enseña como quien tiene autoridad, que no está dando opiniones, que no está simplemente conversando, sino que enseña con autoridad.

No era frecuente ver maestros que enseñaban con autoridad, sino más bien enseñaban con lo que manda la ley, las obligaciones, ellos eran prácticamente transmisores; a Jesús, en cambio, ya le dan esa categoría, y es un aspecto del maestro que ahora veremos.

Nos refiere el Evangelio con frecuencia, que la gente seguía a Jesús entusiasmada, lo buscaba. ¿Por qué? Por algo muy sencillo. El ejemplo. Jesús atraía a la gente por su ejemplo, su Palabra, sus obras, su cariño, su cercanía, su ayuda, su autoridad. Hoy vemos como a aquella gente que lo busca porque está enfermo un personaje en su casa, Jesús les dice solamente una frase: “No Temas. Basta que tengas fe”.

Con estos elementos de la Sagrada Escritura, podemos decir hoy cosas muy sencillas. Primero, que la enseñanza no se decide por mayoría de votos, es decir, que la democracia no es el mejor sistema para todos los problemas de la humanidad. Es una frase bien sencilla pero muy importante: la verdad y el bien no se deciden por mayoría de votos.

Hoy, en el mundo, en algunos aspectos de la Iglesia también se pretenden consensos mayoritarios, ¡No! La verdad no es por consensos. La verdad es un deber que tenemos todos, de manera especial quienes son autoridad o maestros de buscarla, para eso el Señor nos ha dado inteligencia, para eso nos ha dado ese don gratuito de la fe.

Pero si queremos que ese sistema político de la democracia sea aplicado por ejemplo en la familia: destrozamos la familia; si queremos que sea aplicado ahora que tanto se habla de fútbol, por mayoría de votos a ver cual es el equipo. Ahí tienen a Brasil.

En un hospital, si tuviéramos que decidir por mayoría de votos a ver si se opera o no al paciente. ¡Estaríamos locos!

Entonces, maestros, el proceso educativo no es un problema de tantos diálogos y consensos. El maestro tiene que enseñar como quien tiene autoridad, esto es importante. Y esa autoridad moral en el caso del maestro tiene mucho que ver con el buen ejemplo..

Me atrevería a decir que muchas veces, en nuestros países, el gran problema de la enseñanza es la falta de disciplina, los maestros han dejado la responsabilidad de guiar a los jóvenes. La disciplina, el orden, el que se pueda enseñar como quien tiene autoridad y se pueda aprender como quien recibe la verdad. A esa actitud hoy le llaman valores, yo preferiría llamarla buen ejemplo, coherencia, unidad, entre la vida y la fe.

Tampoco es un método de enseñanza la encuesta; se están creando pequeños ídolos de la tecnología moderna. ¿Que piensa la mayoría? ¿que percibe la mayoría? Y desde ahí se toma decisiones sin siquiera saber si lo que se busca es la verdad. No es problema de mayorías o de minorías, ni de percepciones, ni de encuestas. Es problema de responsabilidad personal.

El encuentro con Cristo, es un encuentro de cada uno con nombre y apellido en ese silencio interior de tu propia identidad que puedes encontrarlo en la oración, donde se da el gran diálogo.

Yo muchas veces pienso que hoy la gente vive con un extraño personaje dentro de si mismo, no se conoce, porque no conoce a Cristo, porque no hace oración, porque no medita, y entonces vive con un personaje que es él mismo y que no conoce. Vive como un extraño, y por eso surgen indecisiones, dudas, miedos, violencias, egoísmos. Pidámosle al Señor: Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. Oración, meditación personal, cercanía a la Eucaristía bien preparados.

Hemos conseguido algo bien difícil, que las palabras ya no tengan significado y eso es muy grave, por eso el maestro no tiene autoridad, porque lo que uno dice significa otra cosa; uno dice verdad, y cada uno dice su opinión. ¡No! Verdad es diferente que opinión.

Uno dice diálogo, otro dice tolerancia. ¡No! Hay una verdad y hay que buscarla a través del diálogo, pero no toda opinión es igualmente verdadera. Y en los tiempos modernos actuales la Iglesia se encuentra con ese gran desafío, el valor de las palabras que sólo se puede rescatar si la Palabra va acompañada del ejemplo, entonces habrá autoridad.

Y tenemos un documento que el Papa actual, Benedicto XVI, recuerda muchas veces, y yo quisiera decirles que lo conozcan y lo lean. Es el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica. A lo largo de los siglos hemos aprendido la fe con el Catecismo, ¿quien nos ha dicho que no es necesario?, ¿quien nos ha dicho que es muy difícil?, ¿quien nos ha dicho que es demasiado aburrido?. No nos dejemos engañar. A veces esa es la democracia, a veces esas son las encuestas.

Pero aquí está, y hay una pregunta que nos puede ser muy útil. ¿Qué significa para el hombre creer en Dios? Y contesta el Compendio: ‘Creer en Dios significa para el hombre adherirse a Dios mismo, confiando plenamente en Él y dando pleno asentimiento a todas las verdades por Él reveladas, porque Dios es la verdad’. Significa creer en un solo Dios, en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ahí acabó.

Y como eso, tantas otras preguntas y respuestas encontramos en este compendio.

Hermanos, en la Iglesia del Perú tenemos un ejemplo maravilloso: Santo Toribio de Mogrovejo. La Iglesia se ha hecho con estos documentos sencillitos. El Catecismo. Desde pequeños cuando teníamos 6 u 7 años hasta que teníamos 30 o 50. el Catecismo. Pero hace unos años, unos profetas de la mentira dijeron que la memoria hacía mucho daño, que la fe era memorística, y fuimos tan tontos que les creímos, enterramos los Catecismos, pues hoy ¡hay que desenterrarlos!.

Maestros, enseñen la fe que está resumida de una manera tan bonita en este documento que es un tesoro. Vamos a pedirle eso a nuestra madre, la Virgen María: ‘Enseñemos con autoridad, con ejemplo. Jesús, tú que eres el Maestro, danos esa fortaleza para no tener miedo al qué dirán, a que piensa la mayoría. Rescatemos esa responsabilidad personal, rescatemos la disciplina y el orden en la enseñanza, así seremos jóvenes llenos de creatividad, de entusiasmo’.

Y sólo quiero decirles para terminar que acompañemos con la oración, el próximo viaje del Papa a Valencia en España, donde será el Encuentro Mundial de la Familia. Recemos por el Papa, ¡qué ocasión más bonita de mostrarle al mundo la belleza de lo que es la familia querida por Dios!.

Yo acompañaré al Papa en esos días, un viaje breve llevándole el cariño de todos y trayéndoles también el mensaje que esperamos recibir del Papa. Vivamos unidos en ese deseo de cuidar y respetar la familia.

Dios es tan bueno que ha hecho las cosas muy bien, ha hecho la familia para que sea el primer lugar donde se enseñe a la fe, ha hecho una escuela donde los maestros son continuadores de esa tarea de colaboración con los padres de familia y últimamente el Papa actual ha presentado este Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica. Con todo esto tenemos motivos para estar muy contentos y para seguir en ese trabajo arduo, nada fácil, pero bonito de educar a los jóvenes, a los niños, también a los mayores.

Hay que poner la democracia en su sitio, la verdad nos hará libres y esa verdad tiene la autoridad que Cristo, el maestro nos da a todos. Vamos a pedírselo y vamos a ponerlo en práctica en esta semana en la que deseamos también un encuentro fructuoso de este grupo de hermanos nuestros que se reúnen en Lima promoviendo este encuentro del Consejo para la Cultura, órgano de control del Santo Padre para la educación. Con mucho cariño les damos la bienvenida y les deseamos un buen encuentro en esta ciudad de Lima.

Así sea.

 
 

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[Peregrinación por las Iglesias de Lima]
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