HOMILÍA DURANTE
LA SANTA MISA POR LA JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
BASÍLICA CATEDRAL DE LIMA.
Queridos sacerdotes concelebrantes, queridos hermanos todos en Cristo:
Hoy, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Oración por
las vocaciones sacerdotales y religiosas. Por eso, pedimos al Señor
en esta Eucaristía para que envíe operarios, vocaciones
para el sacerdocio y la vida consagrada.
La única entrada legítima de los sacerdotes en la Iglesia
es la contemplación permanente del Buen Pastor: Cristo en la
Cruz, y sacando todas las consecuencias que ello trae en la vida del
sacerdote.
En un primer nivel: ¿Qué es lo que quiere el Buen Pastor?
Vida de oración, vida sacramental, bautismo, confesión,
eucaristía, confirmación.
La Iglesia es misterio y sacramento, se entra por la puerta del gran
misterio de la redención, por el camino de la vida sacramental.
Es la primera tarea del sacerdote, donde es insustituible. La señal
que tenemos de haber encontrado al Buen Pastor es la atracción,
la amistad que nos lleva a comprometernos para toda la vida.
Muchas veces a la juventud actual le cuesta comprometerse y definir
porque está insegura, tiene motivos, pero una señal de
haberse encontrado con Cristo es ésa atracción tan grande
que nos lleva a seguirlo.
El Santo Padre nos dice en el mensaje que nos ha enviado para esta
jornada mundial de oración por las vocaciones: “La novedad del
misterio es fascinante, esa novedad es un don que cambia cualquier idea,
cualquier proyecto puramente humano; el misterio inagotable de Dios
hace que seamos hijos suyos”. Hermanos, hay que meditar que somos hijos
de Dios. Ésa es la vocación del sacerdote.
En un segundo nivel podríamos decir que el Buen Pastor, como
hemos leído en el Evangelio, da su vida. Yo soy el Buen Pastor
de la Arquidiócesis, represento a Cristo en Lima.
El Buen Pastor habla, guía, orienta, corrige, defiende. El Evangelio
nos habla que el Pastor que trabaja por el dinero, la imagen, el poder,
a la llegada del lobo, huye sin importarle las ovejas; en cambio el
Buen Pastor da su vida por ellas.
Hoy es urgente que los pastores den ejemplo que están dispuestos
a dar su vida entera para que los demás vean el amor a Cristo,
al prójimo y a la Iglesia, un compromiso hasta la muerte, que
va más allá de la imagen o la popularidad. Sólo
le interesa salvar a las almas y recordarles que son hijos de Dios,
defenderlas de los lobos que confunden, que engañan.
Al Buen Pastor se le pide que no sea mudo, que se calla; cobarde, que
huye; que no sea un Pastor que busque elogios; el Buen Pastor no teme
a los ‘lobos’ modernos: el ‘qué dirán’, la blasfemia,
lo que la mayoría acepta.
Los tiempos modernos que constantemente circulan alrededor quieren
que la Iglesia se actualice, piden que el sacerdocio debe cambiar. No
pueden porque es un mandato de Dios, seríamos traidores. Es en
esta época, más que nunca, cuando el Buen Pastor tiene
que hablar, guiar y orientar sin miedo. Si va contra la corriente de
opinión, él busca el único compromiso: con la verdad.
“Yo soy el camino, la verdad y la vida”
El Papa nos dice también en este mensaje, que la Iglesia es
santa aunque sus miembros necesiten ser purificados. Por eso tenemos
que celebrar los Santos Misterios, predicar el Evangelio; somos servidores
de esa Iglesia que es un misterio: porque realiza los signos eclesiales
y sacramentales de la presencia de Cristo Resucitado.
El Buen Pastor no actúa en su nombre, sino en el de Cristo y,
de alguna manera, todos somos parte del Buen Pastor.
En esta época en la que tantas veces la gente se confunde y
la juventud está indecisa, los pastores tenemos que animar, fortalecer
y enseñar las verdades. Como dice el Papa, el encontrarse con
el amor de Cristo cambia nuestras vidas y ésa es una señal
que el Señor nos llama.
El Santo Padre también les dice a los religiosos que la contemplación
de las cosas divinas y la unión asidua con Dios en la oración
debe ser el primer y principal deber de todos los religiosos. Lo primero
de la vocación religiosa es contemplar las cosas divinas y la
unión con Dios en la oración. Son palabras que hoy el
Papa Benedicto XVI recuerda especialmente a la vida religiosa.
Hace pocos días celebrábamos con tanta alegría
los 400 años de la muerte de Santo Toribio de Mogrovejo y el
Papa nos decía: “Somos conscientes que la vida de la Iglesia
depende en gran parte del ministerio de los sacerdotes; el Santo Arzobispo
fundó el Seminario Conciliar de Lima que funciona hasta el día
de hoy. Es de esperar que siga dando abundantes frutos, precisamente
en momentos en que urge promover las vocaciones al sacerdocio y la vida
consagrada para que reúnan con gozo en la celebración
dominical, frecuenten los sacramentos, fomenten la vida espiritual,
transmitan y cultiven la fe, den testimonio firme de esperanza y practiquen
siempre la caridad”.
Si me preguntan qué se pide del Buen Pastor respondo que debe
ser ejemplo y que cuando sea necesario corregir, levante la voz. El
silencio de los pastores hace mucho daño a la Iglesia, tenemos
que rezar por ellos, obedecerlos; orar por las vocaciones sacerdotales,
dejar que la Iglesia brille en esa unidad.
De esta manera esa puerta de entrada, el amor a Jesús se abrirá
en nuestras vidas. No dejemos que el miedo al ‘qué dirán’
permita que ocultemos el bien y la verdad; tal vez eso no genere aplausos,
pero Cristo tampoco recibió aplausos. Por eso el Buen Pastor
los anima a tener el coraje, amar a la Iglesia, escuchar su voz, seguirla
y, luego, actuar en la vida diaria.
Los sacerdotes no nos predicamos a nosotros mismos, predicamos a Cristo
y hoy Él nos dice que somos sus hijos y nos llama por nuestro
nombre.
Hermanos, que importante es hablar de Dios en el tiempo de hoy, de
conversión, de amor a Cristo y sentarnos a confesar, dirigir
las almas y enseñar el Catecismo. Ésta es la tarea del
Buen Pastor en los tiempos modernos donde los lobos se disfrazan de
ovejas.
Vamos a pedir a la Virgen María ser como Ella que acerque muchas
vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa para la Iglesia en Lima,
en el Perú y el mundo entero.
Así sea.