- Domingo de Ramos, 9 de abril de 2006 -

HOMILÍA DEL CARDENAL JUAN LUIS CIPRIANI
PARROQUIA SANTIAGO APÓSTOL DE SANTIAGO DE SURCO
DOMINGO DE RAMOS, 09 DE ABRIL DEL 2006

Queridos hermanos:

El día de hoy hemos leído la Pasión del Señor. Lectura que debe ser motivo de meditación personal en estos días acerca de lo que cada uno de nosotros queremos y lo que Jesús quiere para nosotros.

Hoy, Domingo de Ramos, Jesús entra a Jerusalén y el pueblo lo aclama: “Hosanna en el Cielo, bendito el que viene en nombre del Señor”. La gente lo aplaude, el pueblo lo acoge y le pone mantos en el camino. Sin embargo, no pasan ni 48 horas y ese mismo pueblo grita: “crucifícalo, crucifícalo”. Así es el mundo, esos somos nosotros; tantas veces con el corazón le decimos a Jesús cuánto lo queremos, pero cuando viene la prueba, la dificultad, le decimos “crucifícalo”.

Esto es pecado, hay que ser humildes y saber reconocer ante el Señor que necesitamos su ayuda a través de la oración sincera, que no se cansa, que nos acompaña a diario; y así la presencia viva y activa de Jesús, nos enseñará a ser personas alegres, caritativas, fraternas.

Si no hay oración, seríamos como Pedro, el primer Papa, el discípulo que ha visto milagros, que ha escuchado a Jesús pero se deja llevar por su soberbia.: “Nunca te voy a negar, nunca te voy a traicionar”. Ese límite de no orar, de no contar con la ayuda de Dios hace de Pedro, un traidor.

Por eso, ahora que estamos iniciando esta Semana Santa, abran las puertas de sus corazones; reflexionen con humildad y en silencio y veremos cómo nunca habrá un motivo para desesperarse como Judas.

El mismo pueblo que está lleno de gozo y aplauso lo recibe en Jerusalén, y a los pocos días, lo está condenando por miedo al “qué dirán”. Acompañemos en el dolor a Jesús, que quiere que seamos felices, que tengamos una vida llena de gozo y nos señala que la puerta de entrada a Él es la humildad y la oración, y así podamos acompañarlo en la cruz.

Hermanos, ¿Qué es la cruz?: Es morir al pecado. Como dice el Papa Benedicto XVI, Cristo no quiere quitar nada, la cruz es un apartarse de lo que hace daño, del pecado, no es un invento de la imaginación, no inventa escrúpulos; persevera en la oración, no dejes que la soberbia se rebele y digas “no puedo” o “no quiero”. Deja que la conciencia te lleve por ese camino amable, crucifica los pecados: el egoísmo, la sensualidad, la envidia, la violencia, la mentira, el abuso. A eso se le llama “cruz” porque cuesta aceptar que tenemos pecados.

Por la cruz, que es la verdad de la humildad, reconozcamos nuestros pecados y acerquémonos a la oración. Que estos días de Semana Santa sean de más intimidad en los hogares. María nos acompañará en ese camino de oración diciendo que no tengamos miedo, que todo tiene arreglo, que nuestras vidas son de gozo, paz y serenidad junto a Cristo en la cruz, que no queda ahí puesto que acaba en la resurrección; María es nuestra Madre. Pidámosle que hable ante Jesús por nosotros, que sea nuestra intercesora.

Hoy que todo el mundo vive en esa ansiedad y curiosidad de quién gana y quién pierde, acuérdense sólo de una idea: en la Iglesia Católica, el poder significa servicio. Por lo tanto, se habla de quién sirve a los demás.

Vamos a pedirle a nuestra Madre que bendiga e ilumine a nuestra patria, una a la familia peruana y quienes sean los gobernantes descubran que lo que el pueblo les da es una delegación para que sirvan, ayuden a los demás.

No perdamos las esperanzas de que el Señor ayude a nuestra patria a vivir unida ya que somos una familia. Es cierto que hay opiniones diversas, pero acuérdense de una idea: el poder es servicio; caso contrario, no es poder, sino abuso.

Por eso le damos gracias a Dios que siempre está a nuestro lado para ayudarnos, para hacer conversiones, nos va a comprometer más para no traicionarlo; nos dará la fortaleza para admitir que somos pecadores.

Jesús, el Hijo de Dios, le dice a su Padre: “Dios mío, Dios mío: ¿por qué me has abandonado?”. Hay que hacer de estas palabras oraciones; y cuando se llegue a ese nivel en que repita esas palabras, veremos que luego de la muerte de Jesús nadie es abandonado jamás.

Que estos días por el camino de la cruz vayamos a la alegría de la conversión por la oración y por la humildad. Ahí está Ella, no hay dolor como el suyo, no hay humildad como la suya, no hay fe como la suya.

Madre mía, haznos el milagro, ayúdanos a amar a tu Hijo Jesús en todo momento. Vamos todos juntos a vivir con piedad estos días tan profundos de la Semana Santa.

Así sea.


+ Juan Luis Cardenal Cipriani Thorne
Arzobispo de Lima y Primado de la Iglesia en el Perú


Lima, 12 de Abril del 2006

 
 

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