Muy queridos hermanos sacerdotes concelebrantes, muy queridos miembros
de las hermandades, cofradías que acompañan a nuestra
madre, la Virgen del Carmen, muy queridos hermanos todos en Cristo:
Hoy tenemos con nosotros a nuestra Madre, Madre de la iglesia, Madre
de Dios, la Virgen María en la advocación de la Virgen
del Carmen. Con mucho gozo celebramos esta eucaristía en presencia
de Ella.
Con ocasión de esta fiesta, hay que recordar que la Virgen María
es el camino que Dios ha querido para que vayamos al encuentro de Cristo.
Vemos hoy tantas veces que el mundo se olvida un poco de Jesús
Eucaristía; que la gente, inclusive creyente, deja de lado los
mandamientos de la Ley de Dios, la práctica de los sacramentos;
pues, ahora, en estos momentos, Dios espera de la humanidad que vuelva
sus ojos, sus pensamientos a María, que vuelva al rezo del Santo
Rosario, al uso del escapulario de la Virgen del Carmen, porque Ella
conducirá a la humanidad al encuentro con Cristo.
Esa es la fórmula, la llave que nos abre las puertas al futuro
de este siglo XXI, recordar que desde el inicio de la fe, desde el inicio
de la revelación de Cristo, nuestra Madre siempre ha ido por
delante en los momentos de oscuridad, de violencia. En las grandes crisis,
María siempre ha sido esa luz que ha conducido a la Iglesia al
sendero correcto.
No será esto lo que espera el Señor para que la humanidad
vuelva a mirar con más paz, con más confianza; para que
la humanidad vuelva a ver la familia unida, para que la juventud recupere
esa vía del encuentro con Cristo, para que cesen la violencia
y las guerras.
No será que Jesús manteniéndose fiel a lo que
ha sido siempre la historia de la Iglesia estará esperando que
vuelvan todos a amar a su Madre con obras. Que María vuelva a
ser la Madre, la Reina, llena de ternura, de piedad, así como
hoy ustedes la han traído en procesión con mucho cariño.
No será que esa es la clave que nos ayuda a entender cual es
el camino que hay que seguir para lanzarnos con esperanza a un mundo
mas humano, más cristiano, más solidario, a un Perú
más fraterno. Piénsalo, toma tus decisiones.
“A Jesús, se va y se vuelve cuando uno se ha alejado, por María”,
palabras de San Josemaría Escrivá. Todos los santos, sin
excepción, han tenido siempre una señal, han tenido un
amor muy grande a María. No hay santo que no haya tenido un amor
especialmente tierno, cercano, que no haya rezado el rosario, que no
haya tenido esa imagen de María en su casa, en su cuarto, en
su trabajo, y que haya acudido en peregrinación. Toda la vida
de los santos, toda la vida de la Iglesia está coronada por el
amor a la madre de Dios, a la madre de la Iglesia, que es nuestra.
Por eso te animo, cuando vemos confusión en cosas que no van
bien en la vida, en la familia, en la juventud; cuando vemos esa contradicción
de una fe que no se convierte en cultura, que más bien es una
cultura que nos aleja de Dios; cuando vemos esa oscuridad, levanta la
mirada a la luz, mira a María, pídele que ilumine la mente
de quienes tienen responsabilidades en el mundo, que ilumine a las familias
y al mundo entero. Ella es la Reina de la paz, es la Mediadora de todas
las gracias, la Auxiliadora de los cristianos, Nuestra madre del monte
Carmelo, la Virgen del Carmen.
El Papa Juan Pablo II decía: “La Iglesia es experta en humanidad,
sabe la Iglesia que es el hombre y que es la mujer”, ¿Por qué?
Por que la persona humana, el hombre y la mujer, son la vía,
el camino por donde va la iglesia.
Por eso, le pedimos a nuestra Madre, con humildad y urgencia: Madre
mía hace falta hombres y mujeres más llenos de sabiduría,
¡no de inteligencia!, que vuelvan a rescatar el valor de la dignidad
humana, que vuelvan a iluminar el camino de lo que son las relaciones
dignas entre los hombres, entre los países.
Que vuelva a surgir una cultura que atraiga a la juventud, que ilumine
el camino del progreso, que respete al Creador, y por lo tanto promueva
la familia cristiana, la única familia verdadera: la de un hombre
y una mujer para toda la vida, bendecido por el sacramento del matrimonio.
¡Que cesen las guerras!, ¡que triunfe la verdad y la justicia!.
Para todo ello, nos dirigimos a la Virgen del Carmen, para que surjan
hombres y mujeres santos, ¡no sabios!. Humildes, pero con luz
clara, promotores de la verdad, que cuando el mundo estuvo un poco a
oscuras, han sabido iluminar su época dándole el sabor
cristiano.
Hace falta porque vivimos unos tiempos llenos de pensamientos ligeros,
superficiales, tantas veces falsos, en donde más interesa la
imagen y el éxito que la verdad, que la justicia y la bondad.
Todo esto hermanos, lo lograremos si cada uno mirando a María
con humildad le decimos: ¡Madre Mía, perdóname!,
condúceme a tu hijo, quiero aprender a amar a Jesús por
eso quiero entrar en la escuela de María, y si me encuentro lejos,
quiero volver a la casa de tu Hijo, llévame de la mano. Te aseguro,
es la hora de María, es Ella que como en Caná adelanta
los tiempos de Jesús en tu conversión y en la mía.
Por eso, con enorme gozo recibimos en la Catedral a nuestra Madre,
¡esta es su casa!. Y con enorme alegría contemplamos estas
hermandades, que no solo hoy, sino que a lo largo del año promueven
esta devoción al escapulario, al rosario, a la visita frecuente,
¡A nuestra Madre!.
Quiero añadir un comentario. Toda la vida es un don. Don es
un regalo gratuito, desproporcionado, demasiado grande para mí,
¿Quién se ha dado la vida y la fe a sí mismo? Nadie.
El don de Dios es muy grande, no es algo que se compra o que se negocia.
Para recibirlo, sólo me pide algo: “no me pongas condiciones”.
Acéptalo con agradecimiento. Recíbelo con amor, libremente.
La Iglesia no impone nada, la Iglesia es un don, un regalo inmerecido,
una iniciativa de Dios que te ha dado tu vida, tu familia, tus hijos,
tu fe, y te pide que recibas ese don en ese amor, ¿Dónde
aprendo a amar? En Cristo, “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”,
y ¿Quién me lleva a Cristo? Ella, la Virgen María.
Por lo tanto, para recibir ese don de la vida y de la fe, necesito irme
donde María y decirle: “enséñame Madre Mía
a amar ese Amor Hermoso, limpio y puro”.
Meditemos y cuidemos estos dones maravillosos que son importantes,
no te dejes capturar por tanta idea superficial: la televisión,
preocupaciones, y escándalos, ¡no! Toda esta manifestación
de maldad, no es cierto, hay una enorme mayoría silenciosa que
junto a María contempla estos tiempos llenos de esperanza, y
le dice a nuestra Madre: “Acorta este tiempo, muéstranos ese
camino de luz, pacífico, alegre, justo, solidario e ilumina nuestras
mentes, de esa manera, verás como la vida, el mundo, la familia
es una maravilla, y la Iglesia es obra de Cristo.
Por eso, como propósito práctico, entrega tu vida a María,
ten la audacia de decirle: “Madre mía, aquí esta mi vida,
la pongo en tus manos para que la presentes a tu Hijo Jesús,
y así tenga valor”.
Todo esto brota de nuestro corazón al contemplar a nuestra Madre
la Virgen del Carmen, que hoy nos acompaña en la Basílica
Catedral de Lima.
Muchas Gracias Hermandad, Cofradía y Orden Carmelita por este
amor que nos muestran a María Santísima.
Así sea.