- Domingo, 16 de julio de 2006 -

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani
Fiesta de la Virgen del Carmen
Basílica Catedral de Lima

Muy queridos hermanos sacerdotes concelebrantes, muy queridos miembros de las hermandades, cofradías que acompañan a nuestra madre, la Virgen del Carmen, muy queridos hermanos todos en Cristo:

Hoy tenemos con nosotros a nuestra Madre, Madre de la iglesia, Madre de Dios, la Virgen María en la advocación de la Virgen del Carmen. Con mucho gozo celebramos esta eucaristía en presencia de Ella.

Con ocasión de esta fiesta, hay que recordar que la Virgen María es el camino que Dios ha querido para que vayamos al encuentro de Cristo.

Vemos hoy tantas veces que el mundo se olvida un poco de Jesús Eucaristía; que la gente, inclusive creyente, deja de lado los mandamientos de la Ley de Dios, la práctica de los sacramentos; pues, ahora, en estos momentos, Dios espera de la humanidad que vuelva sus ojos, sus pensamientos a María, que vuelva al rezo del Santo Rosario, al uso del escapulario de la Virgen del Carmen, porque Ella conducirá a la humanidad al encuentro con Cristo.

Esa es la fórmula, la llave que nos abre las puertas al futuro de este siglo XXI, recordar que desde el inicio de la fe, desde el inicio de la revelación de Cristo, nuestra Madre siempre ha ido por delante en los momentos de oscuridad, de violencia. En las grandes crisis, María siempre ha sido esa luz que ha conducido a la Iglesia al sendero correcto.

No será esto lo que espera el Señor para que la humanidad vuelva a mirar con más paz, con más confianza; para que la humanidad vuelva a ver la familia unida, para que la juventud recupere esa vía del encuentro con Cristo, para que cesen la violencia y las guerras.

No será que Jesús manteniéndose fiel a lo que ha sido siempre la historia de la Iglesia estará esperando que vuelvan todos a amar a su Madre con obras. Que María vuelva a ser la Madre, la Reina, llena de ternura, de piedad, así como hoy ustedes la han traído en procesión con mucho cariño.

No será que esa es la clave que nos ayuda a entender cual es el camino que hay que seguir para lanzarnos con esperanza a un mundo mas humano, más cristiano, más solidario, a un Perú más fraterno. Piénsalo, toma tus decisiones.

“A Jesús, se va y se vuelve cuando uno se ha alejado, por María”, palabras de San Josemaría Escrivá. Todos los santos, sin excepción, han tenido siempre una señal, han tenido un amor muy grande a María. No hay santo que no haya tenido un amor especialmente tierno, cercano, que no haya rezado el rosario, que no haya tenido esa imagen de María en su casa, en su cuarto, en su trabajo, y que haya acudido en peregrinación. Toda la vida de los santos, toda la vida de la Iglesia está coronada por el amor a la madre de Dios, a la madre de la Iglesia, que es nuestra.

Por eso te animo, cuando vemos confusión en cosas que no van bien en la vida, en la familia, en la juventud; cuando vemos esa contradicción de una fe que no se convierte en cultura, que más bien es una cultura que nos aleja de Dios; cuando vemos esa oscuridad, levanta la mirada a la luz, mira a María, pídele que ilumine la mente de quienes tienen responsabilidades en el mundo, que ilumine a las familias y al mundo entero. Ella es la Reina de la paz, es la Mediadora de todas las gracias, la Auxiliadora de los cristianos, Nuestra madre del monte Carmelo, la Virgen del Carmen.

El Papa Juan Pablo II decía: “La Iglesia es experta en humanidad, sabe la Iglesia que es el hombre y que es la mujer”, ¿Por qué? Por que la persona humana, el hombre y la mujer, son la vía, el camino por donde va la iglesia.

Por eso, le pedimos a nuestra Madre, con humildad y urgencia: Madre mía hace falta hombres y mujeres más llenos de sabiduría, ¡no de inteligencia!, que vuelvan a rescatar el valor de la dignidad humana, que vuelvan a iluminar el camino de lo que son las relaciones dignas entre los hombres, entre los países.

Que vuelva a surgir una cultura que atraiga a la juventud, que ilumine el camino del progreso, que respete al Creador, y por lo tanto promueva la familia cristiana, la única familia verdadera: la de un hombre y una mujer para toda la vida, bendecido por el sacramento del matrimonio. ¡Que cesen las guerras!, ¡que triunfe la verdad y la justicia!.

Para todo ello, nos dirigimos a la Virgen del Carmen, para que surjan hombres y mujeres santos, ¡no sabios!. Humildes, pero con luz clara, promotores de la verdad, que cuando el mundo estuvo un poco a oscuras, han sabido iluminar su época dándole el sabor cristiano.

Hace falta porque vivimos unos tiempos llenos de pensamientos ligeros, superficiales, tantas veces falsos, en donde más interesa la imagen y el éxito que la verdad, que la justicia y la bondad.

Todo esto hermanos, lo lograremos si cada uno mirando a María con humildad le decimos: ¡Madre Mía, perdóname!, condúceme a tu hijo, quiero aprender a amar a Jesús por eso quiero entrar en la escuela de María, y si me encuentro lejos, quiero volver a la casa de tu Hijo, llévame de la mano. Te aseguro, es la hora de María, es Ella que como en Caná adelanta los tiempos de Jesús en tu conversión y en la mía.

Por eso, con enorme gozo recibimos en la Catedral a nuestra Madre, ¡esta es su casa!. Y con enorme alegría contemplamos estas hermandades, que no solo hoy, sino que a lo largo del año promueven esta devoción al escapulario, al rosario, a la visita frecuente, ¡A nuestra Madre!.

Quiero añadir un comentario. Toda la vida es un don. Don es un regalo gratuito, desproporcionado, demasiado grande para mí, ¿Quién se ha dado la vida y la fe a sí mismo? Nadie. El don de Dios es muy grande, no es algo que se compra o que se negocia. Para recibirlo, sólo me pide algo: “no me pongas condiciones”. Acéptalo con agradecimiento. Recíbelo con amor, libremente.

La Iglesia no impone nada, la Iglesia es un don, un regalo inmerecido, una iniciativa de Dios que te ha dado tu vida, tu familia, tus hijos, tu fe, y te pide que recibas ese don en ese amor, ¿Dónde aprendo a amar? En Cristo, “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, y ¿Quién me lleva a Cristo? Ella, la Virgen María. Por lo tanto, para recibir ese don de la vida y de la fe, necesito irme donde María y decirle: “enséñame Madre Mía a amar ese Amor Hermoso, limpio y puro”.

Meditemos y cuidemos estos dones maravillosos que son importantes, no te dejes capturar por tanta idea superficial: la televisión, preocupaciones, y escándalos, ¡no! Toda esta manifestación de maldad, no es cierto, hay una enorme mayoría silenciosa que junto a María contempla estos tiempos llenos de esperanza, y le dice a nuestra Madre: “Acorta este tiempo, muéstranos ese camino de luz, pacífico, alegre, justo, solidario e ilumina nuestras mentes, de esa manera, verás como la vida, el mundo, la familia es una maravilla, y la Iglesia es obra de Cristo.

Por eso, como propósito práctico, entrega tu vida a María, ten la audacia de decirle: “Madre mía, aquí esta mi vida, la pongo en tus manos para que la presentes a tu Hijo Jesús, y así tenga valor”.

Todo esto brota de nuestro corazón al contemplar a nuestra Madre la Virgen del Carmen, que hoy nos acompaña en la Basílica Catedral de Lima.

Muchas Gracias Hermandad, Cofradía y Orden Carmelita por este amor que nos muestran a María Santísima.

Así sea.

 
 

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