- Domingo, 20 de agosto de 2006 -

Homilía del Señor Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne el Domingo 20 de agosto del 2006 en la Basílica Catedral de Lima

Muy queridos hermanos en Cristo:

En este domingo del tiempo ordinario, la primera lectura, nos dice: “Dejen la inexperiencia, dejen de lado la falta de experiencia, sigan el camino de la prudencia”. Esta primera parte de la Sagrada Escritura nos habla de inexperiencia hasta experiencia, nos habla de una virtud: la prudencia; y nos advierte que no estemos aturdidos.

La Iglesia tiene muchos temas para enseñarnos la experiencia. Tengo aquí unas palabras del Papa Benedicto XVI, donde de una manera muy sencilla y clara nos habla de la experiencia de una institución fundamental: la familia. Nos dice que no podemos actuar de cualquier manera, la familia tiene una experiencia querida por Dios por siglos, antes de la venida de Jesucristo.

La inexperiencia sería olvidar lo que es la familia por siglos y ahora querer cambiarla por unos años. Dice el Papa: “La familia es el lugar privilegiado donde cada persona aprende a dar y a recibir amor”. Ahí tenemos una tarea, ya que no solo aprendemos a comer, a leer, a tener un horario.

La iglesia proclama esta verdad al mundo. La experiencia que debemos tener siguiendo el evangelio es la familia, lugar privilegiado para dar y para recibir amor. Y más adelante dice que “una de las tareas más grandes de la familia es la de formar personas libres y al mismo tiempo responsables”. Una segunda luz de la experiencia de la Iglesia en estos siglos.

Y dice: “Papás, con el tiempo han de ir devolviendo a sus hijos la libertad de la cual durante algún tiempo ustedes han sido tutores. Hay una serie de años en la que todos hemos vivido al ejemplo, a la obediencia de lo que era ese aprender a dar y recibir amor”. Hemos aprendido el camino de la fe, de la obediencia, de la religión, del estudio, del trabajo. Llega un momento en que los papas deben ir devolviendo a los hijos que cuidaron mientras se formó su personalidad.

A partir de ese momento, esa juventud ya madura y preparada, empieza a ejercer la libertad y la responsabilidad.

Esto, hermanos, es muy importante. Son dos ideas muy sencillas, que nos ayudan mucho al tratar de no vivir la inexperiencia. La iglesia sigue repitiendo, enseñando. Nos dice el Papa: Ninguna persona se ha dado el ser a sí misma; ninguna persona ha adquirido los conocimientos por sí mismos. Todos hemos recibido de otros la vida, todos hemos recibido las verdades básicas y estamos llamados a alcanzar esa perfección amorosa en la familia, fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer.

Hoy, ¡Cuántos celebran aniversario de matrimonio!. Para todos ellos, nuestra oración, nuestra cercanía, para pedirle al Señor que los acompañe con su bendición y los siga iluminando para que sigan siempre educando a sus hijos. Para que tengan paciencia, para que se llenen de alegría, buscar y ver qué bueno es el Señor.

En el evangelio, vemos que Jesús nos da una gran sorpresa. Jesús, nos dice que nos tiene un gran regalo: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre”. Nos encontramos deslumbrados, conmovidos, ¡Qué regalo me tenía preparado!. Su cuerpo, para que lo coma. ¿Puedes imaginar esta locura?. Sólo se puede imaginar, porque Él es Dios.

Es tan original este regalo de Dios, que los judíos empezaron a discutir: ¿Cómo puede darnos a comer su carne?. Se quedaron confundidos. Hasta hoy, el mundo no acaba de valorar que mi buen Dios, en Cristo, su Hijo, nos dice que lo coma, que es el alimento que me da la vida.

Por eso, tantas veces veo que hay gente que parece que no tiene vida, no come del cuerpo de Cristo. Ese alimento nos promete la vida, bonita, alegre, amable; con lucha, con esfuerzo, nos promete el Amor Hermoso y la vida eterna. Me revela que hay una vida eterna.

Hermanos, en un mundo como el de hoy esas verdades se nos escapan. Uno pregunta ¿Para qué sirve la Eucaristía?. Yo te digo que esa pregunta está equivocada. La Eucaristía no es un objeto. La Eucaristía es el Cuerpo de Cristo, el Dios que me da su cuerpo. Porque como dice la lectura: “El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí”. Yo habito en Dios y Dios en mí. ¡Qué promesa más extraordinaria que se cumple cada día en la Eucaristía!.

Por eso, te animo a cuidar la Eucaristía, la preparación para recibirla bien. No dejes que la falta de experiencia te lleve a buscar la respuesta a tus problemas en otro lado. Prueba este camino: la Eucaristía. Y para la Eucaristía, necesitamos que la casa esté limpia. Por lo tanto, la confesión cuando sea necesaria.

Ahí tenemos una luz que ilumina el mundo. El Santo Padre, Benedicto XVI, dice de una manera sencilla y breve qué cosa es la Eucaristía: La Eucaristía, es el acto central de transformación capaz de renovar verdaderamente el mundo. Cuando nos reunimos tanta gente, en tantos lugares para buscar la paz en el Medio Oriente, para buscar la justicia en nuestros pueblos, para buscar la comprensión entre todos, la eucaristía es el modo de lograr la transformación del mundo, para que sea más acogedor.

Quiero saludar de manera especial a la familia del señor embajador de Italia que nos acompaña, especialmente a sus hijos y a su señora esposa. Una familia que viene de otro país, vive con nosotros en el Perú dando servicio. Yo que celebro mañana veintinueve años de ordenación sacerdotal.

Todos celebramos cosas, y la celebramos junto a nuestra Madre Santa María. ¡Ayúdanos a descubrir, qué bonita es la vida!, ¡Gustar y ver qué bueno es el Señor!, ¡Dichoso el que se acoge a Él!.

Que la Eucaristía ilumine nuestras vida, que dejemos la inexperiencia, que no estemos aturdidos, que vivamos la prudencia que es esa fe en la palabra revelada.

Así sea.

 
 

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