- Domingo, 23 de abril de 2006 -

MISA DE LA DIVINA MISERICORDIA
BASÍLICA CATEDRAL DE LIMA.

Consagración episcopal de monseñor Kay Schmalhausen, Obispo de la Prelatura de Ayaviri

Un saludo muy especial al Señor Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, Arzobispo de Santo Domingo y Primado de América, Enviado Especial del Santo Padre para las celebraciones de conmemoración por los 400 años de la muerte de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo; a mis hermanos obispos que han venido de diferentes países para compartir con nosotros estos días de fiesta para la Iglesia en el Perú; a Ud. Señor Nuncio Apostólico; a mis hermanos en el Episcopado Peruano, que dejando muchas tareas, quieren estar con nosotros en la incorporación de un nuevo obispo al Colegio Episcopal; a los sacerdotes concelebrantes; religiosos, religiosas, miembros de la familia Sodálite; a todos hermanos en Cristo.

El Evangelio de San Juan nos dice estas palabras de Cristo Resucitado: “Paz a vosotros, como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Hoy, al celebrar el Domingo de la Divina Misericordia, instituido así por el Siervo de Dios Juan Pablo II, nos hemos reunido para la consagración episcopal de monseñor Kay Schmalhausen.

Es una hermosa coincidencia para ponernos en las manos de Dios misericordioso. Esto requiere de todos una lucha permanente para dejar que el Espíritu Santo actúe en nuestros corazones haciéndolo a la medida del corazón de Jesús y es, mi querido Kay, lo que de una manera específica se señala para los obispos: la caridad pastoral, es decir, la acción del mismo Cristo a través del Espíritu Santo en el corazón del pastor, una tarea ardua, gozosa y necesaria que se hace diariamente.

Estas palabras del Evangelio de San Juan tienen una profundidad muy grande en nuestro ministerio episcopal ya que Jesús mismo lo señala: como el Padre me ha enviado. Ésta es la imagen del obispo, del sacerdote, dar su vida para conocer a todas sus ovejas, para enseñar a hacer el bien, para sanar a los enfermos, para consolar los corazones afligidos.

Son palabras de Jesús que hoy tienen especial realidad y actualidad en la consagración episcopal, porque hoy monseñor Schmalhausen recibirá una efusión del Espíritu Santo que lo configura de manera especial a Cristo, Cabeza y Pastor. Que su vida personal sea un estar, sentir, pensar, obrar con Cristo, en esa entrega sin reservas que la Iglesia nos pide de manera especial a los obispos.

Hoy en estos tiempos, lo recordaba el Papa Juan Pablo II y ahora lo hace el Papa Benedicto XVI, la Iglesia necesita de hombres y mujeres que busquen la santidad. Todos debemos hacer el esfuerzo para que ésta deje de ser una meta lejana, ya el Concilio Vaticano II plasmó solemnemente esta llamada universal.

Con especial intensidad, hoy te lo recuerdo Kay: se necesitan sacerdotes, obispos y cardenales santos. La santidad está en el centro de cualquier plan pastoral y es su verdadera alma. Además, como dice el Papa Benedicto XVI, la Iglesia nos invita a la alegría de vivir la vida de Cristo cuando nos recuerda que Jesús no es un elemento extraño en la vida de cada uno, que es el mejor amigo y lo único que hace la Iglesia es invitarnos al modo maravilloso de ser verdaderamente hijos de Dios y portadores de su amor y sólo lo lograremos si dejamos que el Espíritu Santo actúe en nuestras almas.

Él nos pide docilidad a sus inspiraciones y sinceridad en nuestras respuestas; dos condiciones que iluminen el alma con tal fuerza que todo nos lleva a procurar hacer la voluntad de Dios, en ese diálogo interior y permanente en que la gracia, la presencia de Jesús, la acción del Espíritu Santo, se da especialmente a través de los sacramentos.

Esa permanente búsqueda de la iniciativa divina en nuestras almas requiere la respuesta de nuestra libertad en todo momento y, en ese diálogo de la acción de la gracia y la respuesta de nuestra libertad, surge la luz de la santidad cuando somos generosos. Nos dicen los Hechos de los Apóstoles que daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor y que Dios los miraba con mucho agrado.

Monseñor Kay, te irás a Ayaviri; el Señor te mira con mucho agrado y por eso, esta dimensión de la santidad tiene una inmediata proyección misionera; lejos de ser algo que se guarda para uno, se da a los demás, ilumina al mundo.

Me atrevo a señalarte con el cariño del hermano que cuides mucho la fraternidad, en primer lugar en el Colegio Episcopal, por voluntad divina constituido por todos los obispos en comunión con Pedro, representamos el Colegio de los Apóstoles. Esa fraternidad vivida con todos exige un auténtico amor lleno de comprensión que une y, cuando es necesario, requiere de la corrección fraterna, personal, sincera, expresión maravillosa del espíritu del Evangelio. Corregir no lastima, es una sublime expresión del amor de Dios. San Juan nos dice que si amamos a Dios, cumplimos sus mandamientos, en eso consiste el amor de Dios.

Esta semana que estamos dedicando a Santo Toribio de Mogrovejo me anima a sugerirte que pongas todo tu ministerio episcopal a la sombra de la intercesión de ese coloso de la santidad. Realmente, en el segundo arzobispo de Lima contemplamos a un obispo santo, misionero, entregado a los más pobres, acogedor y firme. Es un motivo de enorme gozo que el Perú lo tenga entre sus santos.

Probablemente ocupará tu corazón el Seminario, las vocaciones, la formación del clero, la promoción social, tantas responsabilidades que, -más que un peso-, serán el calor y la ternura que ocupen tu oración y Eucaristía. Trabaja con fe y esperanza. Podemos estar seguros que el Señor enviará operarios a tu mies.

Has sido formado en la escuela de María; aprende de ella a contemplar el rostro de Cristo, que ella acompañe tu ministerio episcopal, que te fortalezca para custodiar la verdad íntegra como estuvo en su corazón. La Madre de la Iglesia es madre nuestra de una manera muy tierna. Que la piedad mariana sea el camino de tu caminar en la prelatura de Ayaviri.

Quiero dirigir unas palabras a esa porción del pueblo de Dios que el próximo domingo te estará recibiendo y también un saludo especial de agradecimiento al que hasta hoy es el administrador apostólico, monseñor Juan Godayol. ¡Que Dios te bendiga por estos años de trabajo en Ayaviri!

Provienes de una familia de la Iglesia: el Sodalicio. Al ser ordenado obispo para la Iglesia no dejes de vivir los rasgos espirituales que aprendiste en la familia sodálite y ponlos al servicio de la Iglesia en esta nueva dimensión de tu vocación episcopal.

A Luis Fernando Figari, Superior General y fundador del Sodalicio, a ti y a todos ustedes va el agradecimiento de la Iglesia por este trabajo de evangelización, por estos frutos con los que el Señor nos está bendiciendo tan generosamente. ¡Gracias! Que Dios los siga bendiciendo y que sigamos siempre unidos en esta tarea que hoy abre un campo en esta zona del sur andino.

Muchas gracias también a tus familiares, por esa formación. Toda la Iglesia y en especial la Conferencia Episcopal Peruana, representada de manera numerosa por los obispos y presidida por monseñor Cabrejos, te acogemos con el cariño y la cercanía como miembro del Colegio Episcopal.

Que Dios te bendiga y que nuestra Madre te acoja en sus manos. Así sea.

 

 
 

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