- Lunes, 25 de diciembre de 2006 -

HOMILÍA DEL CARDENAL JUAN LUIS CIPRIANI EN LA MISA DE NAVIDAD

Catedral de Lima

Lunes, 25 de diciembre de 2006

Al contemplar a este Niño en el pesebre, al ver su sencillez, su pobreza, su pequeñez, pensemos que estrena un modo de vivir cada año. Dios hecho hombre tiene una finalidad, quiere acompañarnos en estos tiempos en que con frecuencia se toca la soledad, en que las relaciones humanas de afecto, de cercanía, de cariño a veces se endurecen por el mismo modo de vivir, pues en esa soledad Jesús nos dice “Yo estoy contigo” en este misterio de un Dios que se humilla, tenemos el amigo fiel.

¡Qué paz nos da celebrar la navidad sabiendo que tenemos un amigo fiel que no falla y nos acompaña en el caminar de la vida!. ¡Cuánta necesidad en el mundo de hoy por esa dimensión espiritual!. Jesús siendo Dios, la perfección, la sabiduría más grande, siendo un espíritu puro se quiere hacer carne nuestra para reconocer el valor de la dimensión humana, pero no quiere olvidar que en ese mundo en el que trabajamos, en el que nos movemos, en el que se entrecruzan tantos sentimientos diversos, la gran fuerza es la espiritualidad, el espíritu.

Es el lugar que todos tenemos en el cual se genera el amor, el perdón, la verdad, el bien, la solidaridad. No dejemos que la medida del espíritu se vea apresada en la metodología materialista que se nos impone. Cuánto vale la sonrisa de un padre, cuánto vale el beso de una madre, cuánto vale la cercanía de un hijo a su padre, cuánto vale la visita de un amigo al enfermo, cuánto vale la palabra de cariño a ese niño pobre, cuánto vale el esfuerzo de decirle me interesas tú porque eres hijo de Jesús. Eso no está en las estadísticas, no está en lo que tantas veces se exalta en los medios de comunicación. No dejemos que se sofoque esa dimensión maravillosa del hombre, que es su espiritualidad. Es allí donde brotan las grandes decisiones y es allí donde se generan las grandes guerras y odios, en el corazón del hombre.

Por eso, este Jesús pequeño viene a vernos y nos dice que le interesa todo lo tuyo y desde ese amor que nos tiene brotará la respuesta, es ese el espíritu de la navidad que significa que Jesús nace en mi corazón, en mi familia y me desafía, ¡despierta hombre, que por ti he venido a la tierra!,¡Despierta para generar amor al prójimo, preocupación por los demás, perdón!.

Cuánto le pido a Jesús que reconcilie a nuestra familia peruana. Vayamos por ese camino que conduce hacia el progreso, hacia la reconciliación, pero sin pedir cuentas. Jesús nos ama como somos, nos convoca no con el poder sino con la misericordia.

Cuando se enciende ese espíritu humano, esa fuerza interior se genera una auténtica revolución del espíritu donde se forja esos programas, esos proyectos. Le pido a Jesús desde ese misterio que despierte en nosotros la confianza, el amor en ese caminar de nuestra vida.

En el Evangelio, hemos escuchado las palabras de san Juan, la palabra que se hace carne, la palabra de Dios que se hace hombre. En la vida humana la palabra es consecuencia del concepto, la palabra sigue después del pensamiento, es el proceso de comunicación humana.

Pues, en la lógica divina se actúa de otro modo, nosotros seguimos a la palabra, no somos autores de la palabra.

Este Niño nos dice que en la amistad con Él, en el conocimiento de Dios encontraremos la respuesta a todas nuestras inquietudes. Es la lógica divina que tantas veces desafía la lógica humana. Por eso la obediencia de la fe exige la humildad.

Decía el cardenal Newman con palabras certeras “la conciencia tiene derechos porque tiene deberes”. Este hijo de Dios no exige nada, se da pero nos recuerda que todos los que venimos después que no somos “dios” estamos permanentemente en ese diálogo de derechos y deberes, cuando se rompe ese diálogo se implanta la arbitrariedad. La lógica divina nos recuerda que tenemos derechos, pero también deberes.

Despertemos en nuestras conciencias que tantas veces tiene la bandera de los derechos recuerden también la dimensión de sus deberes. Nos hace más grandes, más nobles cuando sabemos vivir bien nuestros deberes. Con esa comprensión exigimos los derechos, porque lo exigimos con el ejemplo del deber cumplido.

Dios no tenía deberes ni derechos porque es Dios, pero quiso manifestar su amor poniendo a nuestra disposición el Niño pequeño.

Hermanos, es la fiesta de esa paz interior tan necesaria en nuestra vida. Queremos entre todos fomentar en todos los niveles de la sociedad la dignidad de la persona humana y al mismo tiempo conceder a todo individuo la oportunidad de vivir de acuerdo a su dignidad.

Nos dice Jesús al finalizar el Evangelio de hoy: “El hijo único que está en el seno del Padre es quien lo ha dado a conocer”. Jesús, bendícenos, ayúdanos, fortalécenos. Familia de Nazareth, bendice y fortalece a la familia peruana. María, bendice a todas las mamás. María como toda madre hizo posible la venida del Niño. ¡Qué buena es la mujer madre!. ¡Qué suplemento de amor pone la mujer-madre!. Esto es imagen de María.

San José, el padre, hombre fiel, prudente, fuerte; el hombre del silencio leal al lado de María y de Jesús, pero al mismo tiempo responsable de que esa familia vaya adelante con los planes de Dios. ¡Qué buenos son los padres!.

Queremos unir padre y madre, familia. Que los hijos contemplen a ese Niño, todos hemos sido niños, todos hemos sido jóvenes, todos hemos pasado por nuestros momentos de rebeldía. Pero que bueno es que el hijo mire con ese respeto y amor a su padre y a su madre porque son lección viva de la que debemos aprender.

La alegría de Belén nos invade, nos enseña, nos desea a todos una muy Feliz Navidad. Estamos muy contentos y quiero decirle a nuestros amigos periodistas que les agradezco que este año contribuyan a través de la comunicación llevando al país alegría, esperanza, entusiasmo en nuestro Dios, en nuestro Jesús, en este pueblo que se alimenta de esta espiritualidad y la expresa de una manera apoteósica. Es el don que Dios le ha dado al Perú de una vida cristiana.

Que Dios los bendiga a todos, ¡Feliz Navidad!. Que así sea.

 

 
 

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