I. AMOR A LA PATRIA
En un día como hoy, celebramos la Santa Misa en acción de gracias, por el 185 aniversario de la Independencia del Perú. Es una ocasión en la que, invocando la bendición de Dios y de Su Madre Santísima sobre todos los peruanos, es necesario urgir y fortalecer el concepto de pertenencia a una Patria, sin excluir a nadie.
Es una gran riqueza saber que nuestra Patria es mestiza. Dios ha querido fundir, como en un crisol, las múltiples combinaciones de razas, colores y lenguas de modo maravilloso.
Nuestro carácter está formado por un hecho radical: el mestizaje hispano-indígena. Los que pretenden aislar dichos elementos de sangre y cultura, para exaltar uno y denigrar otro, incurren en un error antipatriótico. El Perú no es sólo indígena, ni sólo hispano; en la integración está su verdadera raíz y riqueza.
En estos tiempos que se vienen, en donde los procesos de regionalización y descentralización se profundizarán más, el concepto de pertenencia a la Patria es una urgente tarea por cumplir, un noble ideal que se va realizando un poco cada día, por obra de todos, una hermosa unidad de sentimientos y de destino. La Iglesia –con humildad- ha estado presente y seguirá iluminando este sentimiento que nos lleva a amar y proteger nuestra patria. Es preciso decir en voz alta una verdad de profundo sentido realista: el Perú auténtico es uno e indivisible y es el Perú mestizo.
Por eso imploramos del Señor su bendición sobre nuestra patria, es parte de la enseñanza de la fe católica el amor a la patria.
II. LA VIDA, EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
Los valores más altos, arraigados en el corazón de las personas y en el tejido social, son como el alma de los pueblos, que los hace fuertes en la adversidad, generosos en la colaboración leal e ilusionados en la construcción de un futuro mejor y lleno de vida, en el que todos, sin excepción, tengan la oportunidad de desarrollar la plena dignidad de ser humano, hijos de Dios en Cristo, creados a imagen y semejanza de Dios, jalonados en nuestra historia por la vida de Santa Rosa de Lima, Santo Toribio de Mogrovejo, San Martín de Porres y tantos otros santos.
Vemos con preocupación algunas tendencias que tratan de limitar el valor inviolable de la vida humana misma o de disociarla de su ambiente natural, como es el amor humano en el matrimonio y la familia. La Iglesia promueve ciertamente una "cultura de la vida", generosa y creadora de esperanza, y no sólo por motivos estrictamente confesionales. La Iglesia defiende lo que es un patrimonio de la humanidad: la familia.
Por eso, invocamos del Señor que proteja, acompañe a la familia peruana, una gran riqueza que la sociedad necesita.
III . LA JUSTICIA SOCIAL
“El Estado no puede limitarse a favorecer a una parte de los ciudadanos, a saber, a los ricos y poderosos, ni tampoco puede olvidarse de los demás, que representan claramente la mayoría de la sociedad” (Juan Pablo II, Centessimus Annus, 10). La Justicia social reclama la atención del problema de la generación de empleo y de la distribución de la riqueza como elementos fundamentales para promover la dignidad de la persona humana, que nos permita vivir en un clima de paz social.
El sistema liberal capitalista se ha demostrado eficiente para la producción de la riqueza pero injusto en la distribución de ella. Actualmente no se ha logrado conjugar este urgente desafío, que reconocemos requiere de un planteamiento gradual, pero firme al mismo tiempo. Para administrar bien los impuestos de todos los peruanos se requiere con urgencia que el Estado – sus gobernantes- den ejemplo de austeridad.
La austeridad es la autoridad moral que permite que el pueblo vea un camino, un futuro.
La globalización es una oportunidad para ir tejiendo como una red de comprensión y solidaridad entre los pueblos, sin reducir todo a intercambios meramente mercantiles o pragmáticos, y en la que tengan cabida también los problemas humanos de cada lugar y, en particular, de los emigrantes forzados a dejar su tierra en busca de mejores condiciones de vida, lo que a veces comporta graves secuelas en el ámbito personal, familiar y social.
Pidamos a Dios que acompañe a tanta gente que buscando un lugar donde trabajar pasa por momentos sumamente difíciles.
El materialismo práctico que sufrimos produce una hipertrofia del hombre exterior, se privilegia el consumo y el bienestar porque se consideran las principales señales del éxito y se debilita preocupantemente la energía interior de la persona. Por ello, insistimos, una vez más, en la inaplazable necesidad de mejorar sustancialmente la calidad educativa, no sólo en capacitación técnica y científica, sino también en la enseñanza de los valores morales.
IV. EL JUICIO DE LA HISTORIA
El cambio de Gobierno es una buena ocasión para abandonar el engreimiento social que busca la imagen y el resentimiento como prácticas habituales. Debemos terminar con las venganzas, persecuciones y maltratos porque son injustos. La recta aplicación de la justicia tiene sus normas. No se puede seguir viviendo contagiado de la práctica nacional de hablar a media voz, con ocultamientos vergonzantes de nuestros sentimientos y convicciones.
En este sentido, me permito hacer un llamado a los medios de comunicación, elementos importantísimos en el desarrollo y en la consolidación de la patria, para que de una manera armónica y equilibrada sepan expresar su libertad de expresión sin confundirla con el libertinaje.
No me conmueven las glorias humanas ni me amedrentan las incomprensiones y agravios. Siento el deber moral, antes que termine este Gobierno, de manera muy respetuosa, dejar clara mi posición en la historia, ante dos hechos concretos:
- En primer lugar, mi rechazo a gran parte de los juicios emitidos por la CVR: por un lado, especialmente aquellos que hacen referencia a la actuación pastoral de las iglesias locales de Huancavelica, Apurímac y Ayacucho; a las que rindo mi homenaje por los durísimos años que les tocó vivir y que de una manera injusta la CVR ha enjuiciado muy negativamente; a mis hermanos de la Sierra Central, mi cercanía y apoyo. Por otro lado, aquellos juicios que denigran en la CVR a las Fuerzas Armadas y Policiales; y a mis hermanos Ronderos, elementos fundamentales de la pacificación del país. No me parece justo voltear la página, sin dejar clara mi posición personal sobre esta situación.
- En segundo lugar, mi rechazo al infame intento, ya perdonado –pero no reconocido públicamente con la debida disculpa del caso- cuando se intentó denigrar la honra del Señor Nuncio y la mía, sin motivo ni justificación, a través del penoso y delictuoso hecho de las cartas falsificadas. No hay rencor, no hay odio, no hay venganza, pero todos tenemos el derecho a una honra y a que la historia conozca la verdad en su plenitud. Hoy de manera solemne, me parece importante completar esta página tan oscura para que no repita nunca más.
V. Conclusión
En esta fecha gloriosa, de fiesta, en la que Dios bendice a la patria quiero recordar las palabras del ilustre maestro el Dr. Raúl Ferrero Rebagliati cuando decía que “sólo son fuertes los pueblos que tienen plenitud de esperanza. Mas no esperanza hecha de lirismo enervante y soñador, sino esperanza activa, tensa por la voluntad de destino. Para la juventud, la palabra optimismo no debe tener un significado literario sino un contenido dramático: la acción.”
Vemos un país lleno de esperanza, vemos un cambio de gobierno en un clima de democracia, hay muchos motivos para agradecer a Dios y a ustedes que lo han hecho posible, hay muchos motivos para que la juventud vea el futuro con esperanza.
Termino con palabras del siervo de Dios Juan Pablo II que nos invitaba a “recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro”: Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre (Hebreos 13,8)” (Carta Apostólica al Comenzar el Milenio).
Que Dios bendiga a todos los peruanos. Muchas gracias, señor Presidente por su trabajo, en estos cinco años al frente del país.
Así sea.