Queridos hermanos:
Hoy al cumplirse 80 años de la creación de la Federación
Peruana de Basketball, tengo la alegría de ver aquí a
muchos amigos con los cuales he compartido momentos tan especiales.
Quiero saludar al Presidente del Instituto Peruano del Deporte (IPD),
Iván Dibós y al General Jorge Ferreyros, Presidente de
la Federación Peruana de Básquet (FPB), y a todos ustedes
miembros de esta gran familia.
Sabemos que hemos vivido momentos inolvidables y que llevaron tantas
veces a estar más unidos, que nos ayudaron a formar el carácter;
que a decir verdad nos permitió llevar muchas alegrías
al pueblo peruano. Fue la manera de pasar por nuestra juventud con un
espíritu sano. Tantas virtudes que tiene el deporte y hoy se
han dejado de lado.
No es solamente un problema de recursos económicos, yo creo
que es -sobre todo- despertar ese “espíritu deportivo” que te
lleva a entrenar, a luchar, a levantarte, a esforzarte, a jugar juntos,
que constituye un conjunto de actitudes que hacen del buen deportista
un luchador, un hombre disciplinado y es bien barato.
Por eso, aprovecho la presencia de este grupo de amigos para recordar
que el deporte reclama mucha más atención, que ayuda muchísimo
a la juventud, a la escuela, a los colegios, disipa muchas ideas que
tenemos en la cabeza y que no siempre son buenas; pero que el deporte
no son esas expresiones de una barra brava o de apedrear o pintar las
paredes.
El poco tiempo que cada uno de nosotros dedicó al deporte lo
recuerda en otro clima. Les agradezco mucho, especialmente a ti, Jorge
que llevas tantos años, batallando simplemente para que te dejen
organizar un poco la Federación. Y como está aquí
Iván, ojalá que algún día nos devuelvan
el coliseo de Básquet.
A veces nos lo prestan de vez en cuando, -no debo aprovechar la ocasión,
habrán otros motivos que no conozco- pero allí están
los nombres del ‘Chino’ Vásquez, de Eduardo Airaldi, imagino
que está el de Ricardo. Hay nombres y recuerdos de lo que han
sido años realmente gloriosos, hay que recordar la historia,
también en el deporte.
Hay tanta gente que quiere colaborar y hacer el bien, pero requiere
siquiera de un marco en el que no haya tanta teoría y pasemos
a la práctica; si hay espíritu todo va fácil, si
no hay espíritu no hay dinero que lo arregle.
Creo que hay que sembrar espíritu en las escuelas, en los colegios,
en los clubes, empezando por los medios de comunicación; que
no todo el deporte sea ese grupo pequeñito de los equipos de
fútbol profesional.
Hay mucho más deporte en el país, es difícil,
pero quisiera -y que me perdonen todos los fieles que hoy como todos
los domingos han venido a la misa-, pero son años que el Cardenal
como tantos amigos dedicó al deporte y cuando ve esa maravilla
que es el básquet abandonada, mal cuidada; la verdad es que uno
recuerda épocas de su juventud que fueron maravillosas.
No quiero decir que el básquet fue una ‘escuela de Cardenales’
porque no sería verdad, pero sí fue una escuela de amistad,
de esfuerzo, de camaradería, y creo que fue y han sido generaciones
francamente buenas que luego se han reflejado en muchos ambientes de
la vida familiar, de la vida escolar, de la vida política.
Ojalá, que fruto de este aniversario, además de recuperar
el coliseo, -que se pongan de acuerdo tantos amigos que veo aquí-
para que juntos recordemos con verdadero agradecimiento a aquellos que
ya no están con nosotros; que en medio de su trabajo –porque
tenían trabajo, tenían familia-, y sin embargo, ¡con
qué paciencia esos dirigentes aguantaban nuestras majaderías!.
Allí estaban, eran personas respetables y buenas que habían
dejado de lado cosas personales para acompañarnos, para animarnos
y también para discutir con nosotros de vez en cuando. ¡Son
tantos recuerdos de estos años de baloncesto!, ¡80 años
de la Federación!.
En la misa pediré por ustedes, por sus familiares y por todos
los que ya no están con nosotros. Que el Señor los bendiga
y que ojalá retomemos un nuevo reto en esta disciplina que es
el baloncesto.
Hoy la Iglesia celebra la fiesta de Santa Mónica, la mamá
de San Agustín, cuya fiesta es mañana. La historia de
Santa Mónica y San Agustín es una historia muy actual.
Santa Mónica, aquella mamá que no se cansa nunca de rezar,
de esperar a su hijo, de buscarlo, de corregirlo, de acompañarlo.
Se pasa veinte largos años en esta tarea. San Agustín,
un hijo que pasa por mil problemas, prueba de todo, discute con todos,
lleva una vida desordenada, pero siempre recuerda que en su casa está
su mamá.
En medio de la oscuridad más grande, en medio de los momentos
de más desánimo, en medio de la perdición más
grande, le viene al corazón: ‘mi mamá’. No la obedece,
pero queda la semilla. Y esa relación de Santa Mónica
y San Agustín, hoy es como una fotografía para la situación
actual.
Cuántas veces papás, tienen que hacer ese esfuerzo de
estar, de seguir esperando, de seguir rezando, de seguir teniendo paciencia,
de seguir acompañando, de seguir corrigiendo. No se olviden que
esos hijos estén donde estén y aunque parezca que es inútil
lo que uno hace; esos hijos dentro tienen un enorme amor agradecido
a sus padres.
Tal vez no lo manifiestan, -a veces parece que fuera lo contrario-,
pero, quisiera animarlos padres e hijos, que así como en el deporte
las dificultades son las que te hacen más competitivo, mejor
deportista, con más garra; en la familia, justamente en las dificultades
se prueba el verdadero amor.
Mamás, papás, hijos, esa búsqueda del amor que
hoy es tan complicada.¡Qué difícil es creer hoy!.
Esa tarea de aprender a amar a toda edad, de dejar que te amen, tiene
un fundamento que es el que Agustín nunca se olvida: Agustín
siempre buscaba la verdad.
Que en las relaciones familiares siempre haya esa verdad. Deja que tu
hijo te diga con claridad lo que le pasa, escucha a tu padre, a tu hermano
o a tu esposa. Deja que ese diálogo sincero sea el que alimente
el amor verdadero.
Esto es un poco el mensaje de lo que nos dice Jesús: El espíritu
es quien da la vida. Sembremos entusiasmo, amor, alegría, lo
que siempre se ha llamado ‘espíritu deportista’. Lucha, esfuerzo,
sacrificio, entrega.
En la familia, hoy más que nunca, la juventud nos pide ese esfuerzo:
‘nos lo dieron nuestros padres’. Todos recordamos a nuestros padres
con enorme agradecimiento. Todos cuando éramos más jóvenes,
éramos un poquito como Agustín: perdidos, movidos, pero
dentro de una verdad.
Pues, hoy, esos jóvenes nos piden: muéstranos el camino,
anímanos, danos luces. ¡No sólo con la palabra,
con el ejemplo!. Ese es el espíritu que hoy le pido a nuestra
Madre Santa María, para que ilumine los hogares, para que nos
enseñe a querernos, para que entremos en esa escuela de la sinceridad
y del diálogo en la que Cristo siempre estará alentándonos.
Vamos a recordar en esta Santa Misa –que es el sacrificio infinito
del amor de Dios- a tantos amigos, a tantas circunstancias de la familia
y del deporte para que el Señor nos bendiga a todos, nos anime
a seguir haciendo ‘un algo’ por ayudar a esta generación, a esta
juventud que nos pide ese esfuerzo especial.
Muchas gracias, queridos amigos deportistas por estar aquí en
la Basílica Catedral que los acoge a todos y los invita cada
domingo; y a todos ustedes que sepan que en la vida de cada uno hay
mil circunstancias; y que el Cardenal no se dedica toda la vida a ser
Cardenal. Muchos años fue un deportista como tantos de ustedes,
un joven deportista y la vida le trajo hoy a ser el Pastor.
Les agradezco y les animo a seguir con ese ‘espíritu deportivo’.
Que Dios los bendiga a todos.
Que así sea.