- Domingo, 28 de agosto de 2006 -

Homilía del Señor Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne
80 AÑOS DE LA FEDERACIÓN PERUANA DE BÁSQUET
Domingo 28 de agosto del 2006
- Basílica Catedral de Lima -

Queridos hermanos:

Hoy al cumplirse 80 años de la creación de la Federación Peruana de Basketball, tengo la alegría de ver aquí a muchos amigos con los cuales he compartido momentos tan especiales. Quiero saludar al Presidente del Instituto Peruano del Deporte (IPD), Iván Dibós y al General Jorge Ferreyros, Presidente de la Federación Peruana de Básquet (FPB), y a todos ustedes miembros de esta gran familia.

Sabemos que hemos vivido momentos inolvidables y que llevaron tantas veces a estar más unidos, que nos ayudaron a formar el carácter; que a decir verdad nos permitió llevar muchas alegrías al pueblo peruano. Fue la manera de pasar por nuestra juventud con un espíritu sano. Tantas virtudes que tiene el deporte y hoy se han dejado de lado.

No es solamente un problema de recursos económicos, yo creo que es -sobre todo- despertar ese “espíritu deportivo” que te lleva a entrenar, a luchar, a levantarte, a esforzarte, a jugar juntos, que constituye un conjunto de actitudes que hacen del buen deportista un luchador, un hombre disciplinado y es bien barato.

Por eso, aprovecho la presencia de este grupo de amigos para recordar que el deporte reclama mucha más atención, que ayuda muchísimo a la juventud, a la escuela, a los colegios, disipa muchas ideas que tenemos en la cabeza y que no siempre son buenas; pero que el deporte no son esas expresiones de una barra brava o de apedrear o pintar las paredes.

El poco tiempo que cada uno de nosotros dedicó al deporte lo recuerda en otro clima. Les agradezco mucho, especialmente a ti, Jorge que llevas tantos años, batallando simplemente para que te dejen organizar un poco la Federación. Y como está aquí Iván, ojalá que algún día nos devuelvan el coliseo de Básquet.

A veces nos lo prestan de vez en cuando, -no debo aprovechar la ocasión, habrán otros motivos que no conozco- pero allí están los nombres del ‘Chino’ Vásquez, de Eduardo Airaldi, imagino que está el de Ricardo. Hay nombres y recuerdos de lo que han sido años realmente gloriosos, hay que recordar la historia, también en el deporte.

Hay tanta gente que quiere colaborar y hacer el bien, pero requiere siquiera de un marco en el que no haya tanta teoría y pasemos a la práctica; si hay espíritu todo va fácil, si no hay espíritu no hay dinero que lo arregle.

Creo que hay que sembrar espíritu en las escuelas, en los colegios, en los clubes, empezando por los medios de comunicación; que no todo el deporte sea ese grupo pequeñito de los equipos de fútbol profesional.

Hay mucho más deporte en el país, es difícil, pero quisiera -y que me perdonen todos los fieles que hoy como todos los domingos han venido a la misa-, pero son años que el Cardenal como tantos amigos dedicó al deporte y cuando ve esa maravilla que es el básquet abandonada, mal cuidada; la verdad es que uno recuerda épocas de su juventud que fueron maravillosas.

No quiero decir que el básquet fue una ‘escuela de Cardenales’ porque no sería verdad, pero sí fue una escuela de amistad, de esfuerzo, de camaradería, y creo que fue y han sido generaciones francamente buenas que luego se han reflejado en muchos ambientes de la vida familiar, de la vida escolar, de la vida política.

Ojalá, que fruto de este aniversario, además de recuperar el coliseo, -que se pongan de acuerdo tantos amigos que veo aquí- para que juntos recordemos con verdadero agradecimiento a aquellos que ya no están con nosotros; que en medio de su trabajo –porque tenían trabajo, tenían familia-, y sin embargo, ¡con qué paciencia esos dirigentes aguantaban nuestras majaderías!.

Allí estaban, eran personas respetables y buenas que habían dejado de lado cosas personales para acompañarnos, para animarnos y también para discutir con nosotros de vez en cuando. ¡Son tantos recuerdos de estos años de baloncesto!, ¡80 años de la Federación!.

En la misa pediré por ustedes, por sus familiares y por todos los que ya no están con nosotros. Que el Señor los bendiga y que ojalá retomemos un nuevo reto en esta disciplina que es el baloncesto.

Hoy la Iglesia celebra la fiesta de Santa Mónica, la mamá de San Agustín, cuya fiesta es mañana. La historia de Santa Mónica y San Agustín es una historia muy actual.

Santa Mónica, aquella mamá que no se cansa nunca de rezar, de esperar a su hijo, de buscarlo, de corregirlo, de acompañarlo. Se pasa veinte largos años en esta tarea. San Agustín, un hijo que pasa por mil problemas, prueba de todo, discute con todos, lleva una vida desordenada, pero siempre recuerda que en su casa está su mamá.

En medio de la oscuridad más grande, en medio de los momentos de más desánimo, en medio de la perdición más grande, le viene al corazón: ‘mi mamá’. No la obedece, pero queda la semilla. Y esa relación de Santa Mónica y San Agustín, hoy es como una fotografía para la situación actual.

Cuántas veces papás, tienen que hacer ese esfuerzo de estar, de seguir esperando, de seguir rezando, de seguir teniendo paciencia, de seguir acompañando, de seguir corrigiendo. No se olviden que esos hijos estén donde estén y aunque parezca que es inútil lo que uno hace; esos hijos dentro tienen un enorme amor agradecido a sus padres.

Tal vez no lo manifiestan, -a veces parece que fuera lo contrario-, pero, quisiera animarlos padres e hijos, que así como en el deporte las dificultades son las que te hacen más competitivo, mejor deportista, con más garra; en la familia, justamente en las dificultades se prueba el verdadero amor.

Mamás, papás, hijos, esa búsqueda del amor que hoy es tan complicada.¡Qué difícil es creer hoy!. Esa tarea de aprender a amar a toda edad, de dejar que te amen, tiene un fundamento que es el que Agustín nunca se olvida: Agustín siempre buscaba la verdad.
Que en las relaciones familiares siempre haya esa verdad. Deja que tu hijo te diga con claridad lo que le pasa, escucha a tu padre, a tu hermano o a tu esposa. Deja que ese diálogo sincero sea el que alimente el amor verdadero.

Esto es un poco el mensaje de lo que nos dice Jesús: El espíritu es quien da la vida. Sembremos entusiasmo, amor, alegría, lo que siempre se ha llamado ‘espíritu deportista’. Lucha, esfuerzo, sacrificio, entrega.

En la familia, hoy más que nunca, la juventud nos pide ese esfuerzo: ‘nos lo dieron nuestros padres’. Todos recordamos a nuestros padres con enorme agradecimiento. Todos cuando éramos más jóvenes, éramos un poquito como Agustín: perdidos, movidos, pero dentro de una verdad.

Pues, hoy, esos jóvenes nos piden: muéstranos el camino, anímanos, danos luces. ¡No sólo con la palabra, con el ejemplo!. Ese es el espíritu que hoy le pido a nuestra Madre Santa María, para que ilumine los hogares, para que nos enseñe a querernos, para que entremos en esa escuela de la sinceridad y del diálogo en la que Cristo siempre estará alentándonos.

Vamos a recordar en esta Santa Misa –que es el sacrificio infinito del amor de Dios- a tantos amigos, a tantas circunstancias de la familia y del deporte para que el Señor nos bendiga a todos, nos anime a seguir haciendo ‘un algo’ por ayudar a esta generación, a esta juventud que nos pide ese esfuerzo especial.

Muchas gracias, queridos amigos deportistas por estar aquí en la Basílica Catedral que los acoge a todos y los invita cada domingo; y a todos ustedes que sepan que en la vida de cada uno hay mil circunstancias; y que el Cardenal no se dedica toda la vida a ser Cardenal. Muchos años fue un deportista como tantos de ustedes, un joven deportista y la vida le trajo hoy a ser el Pastor.

Les agradezco y les animo a seguir con ese ‘espíritu deportivo’. Que Dios los bendiga a todos.

Que así sea.

 
 

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