Muy queridos hermanos y hermanas:
Contemplamos en este día de sol el misterio de la comunión de los santos en el cielo y en la tierra. Hermanos no estamos solos, estamos rodeados por una multitud de testigos que formamos el Cuerpo de Cristo, los hijos de Dios.
Hoy, en esta Eucaristía en el que contemplamos al Señor de los Milagros que sale por última vez a bendecirnos, a perdonarnos, a acompañarnos, a convencernos ¡Yo estoy con ustedes todos los días, Yo los quiero, Yo los perdono, Yo los guío, Yo los sano, crean en Mí! ¡Señor, te damos las gracias por tantos dones con los que nos has bendecido este año como todos los años!; y, por eso, también nos comprometemos.
Esta fiesta de todos los santos nos llama a preguntarnos: ¿Qué es ser santo? Vivir con Él, vivir para Él, vivir en la Iglesia Católica. La procesión ¿nos ayuda? ¡Sí, nos ayuda! La hermandad ¿nos ayuda? ¡Sí, nos ayuda! La devoción al Señor de los Milagros, ¿nos lleva a Dios? Sí, nos lleva a Dios.
Que el Señor de los Milagros nos siga bendiciendo, que seamos muy agradecidos, que ser santos sea la llamada que el Señor de los Milagros nos hace a todos. ¡Pórtense bien! ¡Vivan cristianamente! ¡La santidad es para todos!.
El Señor de los Milagros nos dice hoy, que esa muchedumbre, ese enorme gentío en el mundo entero, vivos y difuntos. ¡No estamos solos! Es una inmensa multitud que alaba a Dios, que adora a Dios y que hoy a través de María le pedimos ¡Señor, ayúdanos a ser buenos hijos! ¡Enséñanos a quererte! Y la verdad te damos ¡Muchas gracias! ¡Qué bueno eres! ¡Cómo nos bendices, cómo nos cuidas! ¡Cómo nos acompañas! ¡Gracias, Señor de los Milagros! Y de verdad que me convierta.
¡Madre mía! ¡Auméntanos la fe en tu Hijo, que no se cansa de querernos y de bendecirnos! Agradezco muy especialmente –como todos los años- a las madres del convento de las Nazarenas por su trabajo intenso, alegre, lleno de cariño, que siempre nos miran desde arriba (aplausos); a la Hermandad que como todos los años con una unidad y un cariño muy grande, nuevamente hoy han sabido mostrar al Perú y al mundo la grandeza de esta imagen, de esta devoción al Señor de los Milagros. ¡Muchas gracias hermandad!, ¡Y a todos los hombres y mujeres que han colaborado! (aplausos) ¡Y, a todo el pueblo peruano! ¡A todos nuestros hermanos en el mundo entero, que han dado esta lección de fe a esta humanidad contemporánea!.
El Señor de los Milagros se ha paseado y se pasea por el mundo entero, acompañado y querido por todos nosotros, ¡Démosle al Señor de los Milagros este aplauso de cariño y de agradecimiento infinitos!