Hermanos todos en Cristo:
En este primer domingo de mayo, nuestro pensamiento se dirige en primer lugar a Santa María, es un mes al que siempre la Iglesia le ha dedicado un especial esfuerzo para que nos acerquemos a nuestra Madre, la Virgen. Por eso, los invito a visitar los santuarios marianos, a esas romerías, el rezo del rosario personalmente, en familia, en las parroquias. Saber que nuestra Madre en este mes es como una tradición, que está más cerca de cada uno de nosotros.
De esta manera, también pedirles que nos acompañen en estas próximas semanas, en las que se reunirán los obispos latinoamericanos, en la ciudad de Aparecida, en el santuario mariano de la Virgen del mismo nombre. Una reunión para ver delante de Dios, ¡cómo podemos impulsar más la nueva evangelización! ¿qué quiere Dios en estas tierras latinoamericanas? Para que nosotros, todos -no sólo los obispos, sacerdotes o religiosos- sino principalmente todos los fieles laicos, ¡cómo responder con más coherencia a nuestro bautizo! El que es hijo de Dios por el bautizo, pasa a ser miembro de la familia de Dios. Como miembro de esa familia de Dios que es la Iglesia Católica , ¿cómo es nuestro comportamiento? ¿Coherente?, o ¿es un comportamiento que a veces parece que no somos de la familia de Dios?
Allí hay un gran desafío para el mundo de hoy que está tan diversificado, hay tantos temas, hay tantas dimensiones de la vida diaria que es imposible que sólo un obispo, un sacerdote, un religioso, pueda dar respuesta de fe a las múltiples interrogantes que hoy vemos en el mundo. Por eso, las respuestas tienen que venir con un común denominador: ¡somos hijos de Dios!, ¡tenemos una misma fe, una misma doctrina, una misma vida en Cristo! y esa vida en Cristo nos lleva a una respuesta: En el campo de la cultura, de la educación, de los medios de comunicación, en el mundo del trabajo, en la enfermedad, en la juventud, en la niñez, en la ancianidad, en la economía. En todos los aspectos de la vida hace falta ese fermento, esa sal, esa luz, de quien por el bautismo ha sido incorporado a la familia de Dios.
Todo esto, -de una manera más organizada- procuraremos reflexionar en Aparecida un grupo de aproximadamente 250 obispos, 50 -más o menos- invitados. Y el Santo Padre, Benedicto XVI, inaugurará esta reunión en su primer viaje a Brasil, adonde llegará el próximo miércoles 9 y el domingo 13 estará dando inicio a esta Asamblea General del Episcopado Latinoamericano.
Pongo en manos de la Virgen y de ustedes, sus oraciones para que sepamos escuchar lo que Dios quiere -no lo que nosotros queremos- poner en práctica lo que Dios quiere hoy para esta Iglesia en Latinoamérica. Por eso, estaré ausente algunos domingos, que me reemplazará Mons. Adriano Tomasi, obispo auxiliar. Les pido que me acompañen a este viaje con sus oraciones.
Hoy domingo, quinto de pascua, solamente me quiero detener en este aspecto del Evangelio: Jesús está en el Cenáculo, donde estuvo con sus apóstoles en la institución de la Eucaristía. Y cuando Judas, -el traidor, la mentira, la oscuridad- ya salió, entonces Jesús de alguna manera respira: ahora es glorificado el Hijo del Hombre, su espíritu paternal ha querido recuperar a Judas. Pero hay gente que no acepta ¡ni la llamada de Dios!, ¡simplemente se encierra en su soberbia, en su mentira! Y vemos a este hombre, apóstol, escogido por Jesús que traiciona. Debemos estar siempre despiertos, el demonio no para.
Por eso cuando sale Judas, Jesús con dolor, pero con serenidad está más tranquilo, ya no está la mentira delante de él y Jesús les dice a los apóstoles: hijos míos me queda todavía un poco para estar con ustedes. Está cerca la pasión y muerte -¡me queda un poco!- y me da ese mandamiento nuevo, que me atrevo a calificar de nuevo porque se usa poco hasta el día de hoy.
Es un mandamiento que muchas veces permanece sin uso, ¡por eso está nuevo! Este mandamiento dice: “que se amen unos a otros, como yo los he amado, esta es la señal por la que conocerán que son mis discípulos, si se aman unos a otros como yo os he amado”. No es cualquier amor, ¡es como Él nos ha amado! ¿Cómo nos amó Jesús? ¡Hasta la muerte! ¿Cómo nos amó Jesús? ¡Obedeciendo a su Padre Dios!
El Papa Juan Pablo II nos dice en el documento Novo Millenio Ineunte, del año 2001, al inicio del nuevo milenio, -muy breve y muy bonito, prácticamente su testamento- “¿Qué significa esto, ese amarse los unos a los otros? Significa ante todo una mirada del corazón hacia el misterio de la Trinidad que habita en cada uno de nosotros, cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos”.
Significa una mirada de tu corazón hacia la Santísima Trinidad. Y ¿cómo hago si estoy con Cristo? ¿si estoy en Cristo? ¿si como el cuerpo de Cristo? ¿si vivo unido por la vida de Cristo de la gracia del sacramento? Esa vida con Cristo me introduce a ese misterio de la Trinidad. Con Cristo soy hijo del Padre, con Cristo estoy en comunión con el Espíritu Santo, ¡purifico mi mirada! Es el mundo de la fe que le pido a Dios para todos, pero encontramos que algunos que no la tienen, en lugar de vivir con humildad y pedirla ¡Desafían a los que tenemos fe! ¡Recemos por ellos!
Ese Cristo que recibo en la Eucaristía , que me perdona en la confesión, que me recibió en el bautizo, que bendijo mi matrimonio y está incorporado a él; ese Cristo que me ungió las manos y me convierte en ministro suyo, ese Cristo es el camino para poder llevarme a esa mirada diferente ¡que no es mía! Son como unos anteojos que él me presta, ponte estos anteojos: ¡es la fe! ¡vas a ver más claro!, ¡vas a ver con más exactitud, vas a descubrir lo que no veías antes! Y esa mirada de la fe -como dice el Papa- me introduce para ver en el rostro de mis hermanos ¡la imagen de Cristo! Otro modo de mirar.
Nos dice el Papa: “tengo que tener la capacidad de sentir al hermano de la fe como uno que me pertenece para compartir sus alegrías, sus sufrimientos, sus deseos y sus necesidades, una verdadera y profunda amistad. Ver ante todo lo que hay de positivo en el otro para acogerlo. Desterrar esa tentación egoísta que tantas veces nos llena de desconfianza”.
No nos hagamos ilusiones -decía el Papa Juan Pablo II- de poco servirían tantas organizaciones para la unidad porque serían un medio sin alma, como una máscara vacía.
La reunión de los obispos, es un instrumento para organizar la pastoral, pero de nada serviría sino está animada por la presencia de la fe, la mirada en Cristo. Igual en tu familia, la unidad de tus padres e hijos ¡en Cristo! Igual en el mundo, en la sociedad, ¡desterrando egoísmos, mentiras! Y sabiendo con la fe dar respuesta de esperanza a los que te miran.
Hermanos, -con esto termino- hemos sido incorporados a la familia de Dios, la Iglesia Católica por el sacramento del bautismo. Esa familia de Dios es la que debe iluminar toda esta familia humana; y, en este mes de mayo, muy unidos a nuestra Madre Santa María, acompañando al Santo Padre, en este viaje, en esta peregrinación que inicia el día miércoles hasta el domingo, en Brasil; adonde yo le llevaré en nombre de todo este pueblo su cariño, su oración, su cercanía.
Vayamos juntos para que unidos al Papa, con María emprendamos ese camino de la nueva evangelización con nueva ilusión en este mes de mayo.
Así sea.