- Lunes, 7 de enero de 2007 -

HOMILÍA DEL CARDENAL JUAN LUIS CIPRIANI EN LA MISA DE EPIFANÍA DEL SEÑOR

Catedral de Lima

Domingo, 7 de enero de 2007

La Iglesia celebra hoy la fiesta de la Revelación del nacimiento de Jesús en Belén. Hasta ese momento sólo se había revelado a un grupo pequeño de pastores. A partir de entonces, los reyes de la tierra, Herodes, los sacerdotes, los escribas, los científicos, conocen que hay unos magos, hombres poderosos de Oriente que vienen buscando al rey de los judíos.

¿Qué ocurre cuando el poder de la tierra se entera que el poder del cielo ha venido a la tierra? Lo hemos visto, se reúnen para buscar el modo de eliminarlo. Herodes engaña a los magos y les dice que cuando lo encuentren le digan donde está porque él también quiere adorarlo. Y sabemos cuál fue la adoración de Herodes: el asesinato de los santos inocentes, todos los niños menores de dos años reciben esa tristísima adoración que es la muerte. Esa era la adoración que tenía guardada para el Dios de los cielos, no venía a contemplarlo con amor, quería saber donde estaba para eliminarlo.

Hermanos, esa es la lógica de la tierra y la lógica del cielo. Difícilmente dialogan porque Dios es Dios. Cuando el Evangelio nos dice que los magos al contemplar la estrella que se había detenido donde estaba Jesús, entraron en la casa, vieron al niño con María y cayendo de rodillas lo adoraron. Pensemos en nuestra propia vida: ¿Qué quiere decir esto para nosotros?.

Nos lo explica el Papa Benedicto XVI, el camino exterior, ese viaje de dos años de los magos por los desiertos ha terminado, han llegado y están delante del misterio. Pero es allí donde te animo a ver la gran lección de este pasaje. En este momento, donde termina el viaje exterior y se inicia el viaje interior, empieza ese viaje de la peregrinación de la fe, ya no se trata sólo de ‘tener’ sino de ‘ser’. Acaba el viaje de buscar dinero, casa, poder, amigos; y empieza el viaje de la fe: amar, obedecer al Señor, perdonar, rezar, ayudar al prójimo.

Algunos la realizan, otros siguen en el viaje exterior, buscando notoriedad, poder, abuso, dinero, placer. La vida humana no se agota en lo material y tampoco es solo espiritual. La vida humana tiene una primacía en lo espiritual, en ese peregrinar interior de la fe, del amor, de la esperanza. Y esa peregrinación interior la hacemos si de rodillas, cada día en la Santa Misa ante esa Hostia Consagrada, que es Jesús, postrándome lo adoro.

Cuando la vida gira en torno a ese amor a Dios Eucaristía, entonces la peregrinación de la fe, esa lucha por ser mejor, ese caerme y levantarme, ese perdonar, creer en la vida eterna, me lleva a un enorme esfuerzo para que la vida terrena sea más humana.

Pero si elimino la peregrinación espiritual, la vida se convierte en una pelea sin límites por el poder, por el placer, por el dinero, por la corrupción, por la mentira. Estamos hablando de la lucha entre el bien y el mal. Sabemos por revelación que el bien –Jesús en la cruz- ha vencido, pero el mal en cada uno de nosotros no deja de intentar –como Herodes- engañarnos. Por eso los animo: ¡entra a la casa, mira a Jesús en la Eucaristía, a ese niño, cae de rodillas y adóralo!.

Hermanos, cuántas veces el Siervo de Dios, Juan Pablo II nos decía: el ser -la dimensión espiritual- es más importante que el tener, la dimensión material. Y la persona humana requiere de las dos, no somos puro espíritu ni pura materia, somos personas que necesitamos del dinero, del trabajo; pero que por encima de todo eso está nuestra fe en ese Dios que está con nosotros.

Cuando comienza ese camino interior de los magos al postrarse ante Jesús, María y José nos están invitando a ese camino interior que requiere de oración para levantar el alma hacia Dios que nos oye. Requiere del silencio para meditar, de humildad para formar la conciencia. ¿Qué pasó con aquellos hombres poderosos?: Tuvieron que cambiar su idea acerca de Dios, del poder, de los hombres. Y al ver aquel niño pequeño, indefenso tuvieron que cambiar y se dieron cuenta que el poder de Dios es diferente del poder de los grandes del mundo. Dios no le hace competencia al poder del mundo.

Tantas veces tenemos que dar ejemplo de ofrecer ese amor del Niño sabiendo que muchas veces no va a ser bien recibido, pero no tenemos más fuerza que la fe. Cuando Jesús viene al mundo y se revela comienza una nueva realidad. Jesús se opone a la injusticia, a la mentira, nos enseña un nuevo modo de vivir. Ahí tenemos los mandamientos, los sacramentos, el credo, la oración. Cuatro elementos para vivir de acuerdo al estilo que Jesús inaugura en este mundo.

Nuestra vida empieza a ser una lucha entre la soberbia y la humildad; entre el tener y el ser; entre el poder espiritual y el poder material; entre la lógica humana y la lógica divina; es decir, nos damos cuenta que toda nuestra vida es descubrir que quiere Dios de mí y hacerlo. Por lo que me pide intimidad, amistad y la única manera es recurriendo a la oración.

No son las ideologías las que van a cambiar nuestras vidas, lo que cambia nuestra vida es dirigir la mirada al Dios Vivo; la revolución verdadera únicamente consiste en mirar a Dios. Y, ¿que puede salvarnos? “Sólo el amor de este Niño”. Son palabras del Papa Benedicto XVI, que nos invita a renovar nuestra fe, nuestra responsabilidad. No nos construyamos un Dios privado, no fabriquemos un Jesús. Busquemos en la Sagrada Escritura y en la Iglesia nuestra Madre a Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre.

Por eso, los reyes entraron en la casa y vieron al Niño con María, su Madre y cayendo de rodillas lo adoraron. La Epifanía es la fiesta de la presencia viva de Dios en el mundo de hoy y que cada día lo encontramos entre nosotros en el altar, misteriosamente en la Eucaristía. ¡Qué mejor ejemplo que nuestra madre Santa María para que nos conduzca por esa estrella que ilumina nuestra mente, que da fuerza a la voluntad, que nos abre los ojos!.

Que María, Estrella de la nueva evangelización, ilumine nuestro caminar llevando esa Buena Nueva a mucha gente hablándoles con confianza y con el ejemplo, como José, el hombre del silencio leal y fiel.

¡Qué bonito el misterio de la Epifanía!. ¡Jesús, María y José bendigan a todas las familias peruanas!. Así sea.

 

 
 

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