- Domingo, 09 de setiembre de 2007 -

 

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani en la Catedral de Lima

Domingo, 09 de setiembre de 2007

Muy queridos hermanos en Cristo:

Quiero saludar, en primer lugar, al señor Ministro de Salud, y decirle cuánto hemos rezado por él, después del accidente que sufriera en la carretera; también a las autoridades, a los miembros de la familia de la Universidad Tecnológica del Perú, que celebran diez años de esa Casa de Estudios; y, por supuesto, a todos los miembros de la Pastoral Familiar de la Arquidiócesis de Lima, que hoy me acompañan en esta Eucaristía.

Quisiera meditar en lo que la Iglesia nos enseña acerca de la persona humana. La persona humana desde que es una criatura hasta la ancianidad, es un don que Dios nos ha dado, nadie se ha creado a sí mismo; todos hemos sido creados con la ayuda de nuestros padres y la intervención de Dios. Y a partir de ahí, el hombre empieza una tarea: educación, formación, hogar, estudio, trabajo, las mil circunstancias por las que todas las personas pasamos ¡todos! Unos pueden avanzar mucho, otros poco, otros retroceder, otros no enterarse que es una tarea, piensan que la persona es simplemente alguien a quien le ocurren cosas: hoy tengo hambre, mañana tengo sed, hoy me enfermo, hoy estoy contento, hoy me voy a estudiar, hoy me voy a dormir ¡un sujeto a quien le ocurren cosas!

La Iglesia nos enseña que esta tarea se va realizando a través de nuestras decisiones interiores y de nuestros actos. Las decisiones interiores nos hablan de la moralidad, si lo que hacemos es bueno o malo; y tenemos obligaciones si queremos cumplir con la tarea de ser personas, de establecer una conciencia que tiene obligación de dar su opinión. Evidentemente, esas decisiones interiores requieren estudio, formación.

Por eso, la enseñanza a los hijos en la familia de los principios de la fe, de los principios morales es darle a la conciencia de esas criaturas los elementos para que puedan darse cuenta de lo que está bien y lo que está mal. Lo acaba de decir el Papa ‘nadie te lo impone, te lo propone. Si no hay educación de la conciencia en la familia se le está quitando a ese niño lo que nuestros padres nos dieron a nosotros, se le está empobreciendo frente a una obligación que va a brotar de todas maneras’.

¡No podemos silenciar la gravísima responsabilidad y el derecho que tienen los padres de familia de intervenir activamente en el proceso educativo! Hay que darles a esas criaturas los elementos para que cuando tomen decisiones lo hagan con responsabilidad; y al mismo tiempo nuestros actos dejan una huella dentro de nosotros ¡todos! Tenemos que recordar esa doctrina elemental, porque sino se va a responsabilizar a otros y escuchamos de cuando en cuando que se habla de un término realmente escandaloso por su cinismo ¡el hijo no deseado!

Resulta difícil calificar a un padre que pueda decir ‘este es un hijo no deseado’. Porque los hijos no se hacen por casualidad ¡no seamos cínicos! Seamos responsables de la formación moral de la juventud, de la educación de los hijos, de la responsabilidad que tenemos para que no aparezcan hijos ¡no aparecen! Son fruto de actos libres, responsables y muchas veces sujeto de enorme castigo por parte de Dios. Y se quiere remediar ese cinismo con un cinismo peor ¡el aborto! ¡El aborto que habla de la cobardía de la sociedad contemporánea! No le dan espacio al no nacido ¡los egoístas del mundo de hoy!

Hay que decirlo claramente, no podemos estar en silencio para no levantar problemas ¡el aborto es un asesinato! Y quienes lo cometen son ¡asesinos! Esos niños tienen todo el derecho ¡a vivir!, En las condiciones que el mundo les dé.

Hermanos, los actos que cada uno realiza como persona humana va poniendo una huella, van ayudando a ser más honesto, más estudioso, más deportista, más trabajador; o más flojo, o más tramposo. Los actos van configurando a la persona humana. Allí tenemos las virtudes, por eso es importantísimo que tanto en la universidad como en la vida de la familia la conducta virtuosa sea el punto de referencia. Se debe buscar la palabra ‘excelencia’. Está bien, pero no la vayamos a vaciar del contenido espiritual de la virtud. Excelencia, no es necesariamente el que gana más, excelencia no es necesariamente el que tiene más títulos. ¡Cuántas veces lo más complicado es encontrar un hombre o una mujer honestos! Que trabajan en equipo, serviciales, generosos con su tiempo, sacrificados; pero sobre todo ¡honestos!  Hay que calificar los actos de las personas.

El Papa nos acaba de decir en Austria: ‘este relativismo tiene un enorme problema y es que relativiza lo bueno y lo malo’. Por lo tanto, de qué me sirve una gran conquista en el orden científico, si se utiliza para hacer daño. Como todo es relativo, la gran conquista científica se convierte en una gran amenaza para la vida, ¿de qué nos sirve?

Por eso, el relativismo tiene esa preocupación muy grande para el mundo de hoy. No es lo mismo tener fe o no tenerla, ser hombre o mujer; no es lo mismo, es una connotación que la naturaleza, Dios la ha dado y uno la acepta; ni es más ni es menos.

Pero esta característica de la persona que se va realizando, va creciendo, va siendo más digna, tiene mucho que ver con la formación de su conciencia y con los actos de la virtud.

Hermanos, tenemos una tarea apasionante en el mundo de hoy y no es muy cara, está al alcance de todos; el hombre de hoy tiene un desafío inmenso, conquistar su libertad. No podemos dejar que nuestra libertad se defina por mayoría de votos, por encuestas, por corrientes de opinión o por ‘lobbys’. Conquistemos nuestra libertad, ¡Sé libre! ¡Sé persona! ¡No renuncies a tu dignidad!  La conquista de la libertad, tarea apasionante del mundo de hoy, en que se habla mucho de libertad, pero se pisotea la libertad. En nombre de ella, grupos de presión manejan la libertad de los demás ¿por qué? La Iglesia sólo quiere ofrecer la verdad revelada por Cristo, ofrecer la experiencia de su trabajo, el testimonio de sus obras y en donde este pueblo mayoritariamente católico solicita de Ella su propuesta, su palabra, su orientación.

Si la persona en sus decisiones y actos se realiza, es más feliz. Pensemos en la familia donde hombre y mujer, como dice san Pablo, ya no son dos, son una sola carne. Ahí encontramos que precisamente en la medida en que cada uno de los cónyuges realmente sea libre, entregarán esa libertad porque la poseen; su conciencia funciona, sus actos acompañan sus decisiones y entonces esa libertad la entregan a la persona amada; y ambos constituyen una nueva unidad en la que también hay que conquistar la libertad de la familia.

En estos tiempos tan importantes, porque nunca habíamos visto que una generación pueda decidir la existencia de otros seres. Esta generación está impidiendo la llegada al mundo de millones de seres humanos ¡porque les da la gana! ¿Quién soy yo? y ¿Quién eres tú? ¡Gracias a Dios y a nuestros padres estamos aquí! Pues con esa libertad conquistada, con mi conciencia bien formada tomo una decisión, y me daré cuenta que el aborto ¡tiene que desaparecer! Muchas veces nos explican que como hay tantos miles de abortos hay que legalizarlo. Yo diría una cosa un poco atrevida, pues legalicemos con el mismo sistema el robo ¡porque hay muchos! Legalicemos los delitos, ¡porque son muy frecuentes y es muy caro! Legalicemos todo lo que es muy frecuente. ¡Ese es el relativismo!

Los invito seriamente y de manera especial al mundo de la universidad, un estudio profundo en todas las carreras de lo que es la ética, de lo que es la antropología ¿Qué es el hombre? ¿Qué es la persona humana? ¿Cómo reaccionan? ¿Porqué funcionan? Y no dejemos que los determinismos superados pretendan programar la acción humana de una manera totalmente mecanicista. Ya no tiene espacio en el mundo de la ciencia ese planteamiento, lo mismo en la ética. La ética no es el éxito o fracaso, ni el funcionalismo. La ética tiene mucho que ver con la antropología, lo que hace feliz al hombre, lo que realmente es parte de su deber ser.

Uniendo este día en que la familia celebra esta fiesta, le pedimos a Dios: Que el mundo de hoy tenga la valentía de dialogar la razón con la fe y con la ciencia. A la Iglesia que tantas veces se le ha tildado de oscurantista, de imponer, de prohibir, hoy ante el momento que vive la humanidad abre sus puertas para ofrecer ese diálogo serio, intenso en la verdad, entre la razón humana, la fe y la ciencia. ¡Cuántos males evitaremos al mundo futuro, si tenemos el coraje de dialogar con seriedad y profundidad, en este campo que hoy el Papa nos lo recuerda constantemente!

¡Señor, ayúdanos en esta tarea para dejar a la siguiente generación un mundo más humano! ¡Que tengamos el coraje de defender a esas criaturitas! ¡Que tengamos el coraje de apoyar a las familias y a tanta gente que pasa por momentos difíciles! Ayudemos a la juventud que a veces le falta claridad para empezar ese proyecto de matrimonio y de familia. Papás, no abandonen a sus hijos, es tarea compleja y difícil, pero no se puede renunciar a la gran responsabilidad de educar a sus hijos para que conquisten su libertad.

Así sea.

 
 

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