Muy queridos hermanos:
En la primera lectura vemos un pasaje bastante duro para la vida, por defender sus principios y su fe todos los hermanos son martirizados, dan la vida por la verdad de sus principios. El mensaje es muy claro y directo, hay principios que no se negocian aunque te quiten la vida, vale la pena tener esa ley dentro de nosotros mismos, hay temas que no se negocian; si cuestan la vida ¡la vida! Pocas veces tendrás el privilegio de que Dios permita que llegues al martirio, pero hay que tener la actitud interior; porque el que negocia con cualquier cosa acaba traicionando.
Hay que tener ideas claras, en la Iglesia son pocos los principios de la ley de Dios: Diez Mandamientos; pero no se negocia, no se rebaja, no nos da miedo, porque nos dice san Pablo que Jesucristo nos ha amado tanto, que nos ha regalado un consuelo permanente y Él es la fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas. Temor por nuestra debilidad ¡sí!, pero temor por no contar con Dios ¡No! Nunca permitirá Dios que seas tentado por encima de la ayuda que Él te da ¡nunca!
Los principios y valores de la fe católica no se negocian, no se silencian, se está dispuesto a dar la vida, si llega hay que darla, pero probablemente el Señor te pida la vida en pequeños sacrificios de cada día; morir un poquito a ese ‘hombre viejo’ que reclama orgullo, pecados, soberbia, cólera, caprichos, egoísmos; hay que ir ¡sometiéndolo! Ese martirio pequeño de cada día es para todos morir un poco cada día, porque en la vida cristiana la lucha es lo habitual, cada día hay que luchar para ser personas con principios, con valores, que cumplen y viven su fe católica a plenitud, ¡cuesta!, al que no le cuesta está fuera del camino.
En el pasaje del evangelio hay algo muy importante, porque esa gente que vivía junto a Jesús están buscando como complicarlo, como discutir, como tratar de enredar su mensaje y le van contando lo que hemos leído acerca de siete hermanos que se casan con una misma mujer. Jesús los escucha con mucha paciencia, pero al final les dice “en la vida eterna no estamos discutiendo estas cosas, la felicidad que nuestro Padre Dios nos tiene reservada es mucho más rica, no hay estas pequeñas discusiones ¡esto es aquí abajo!”.
En la lectura de la Oración Colecta de hoy le hemos pedido a Dios “Aparta de nosotros los males para que bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu podamos libremente cumplir tu voluntad”, nuestro cuerpo y nuestro espíritu ¡la persona! Ahí es donde también quisiera darles una norma de conducta “los bienes materiales y corporales terminan, se acaban, nunca son suficientes, despiertan egoísmos, violencias”. Los valores materiales como el dinero, el trabajo, la salud, la casa, la ropa no son infinitos; dinero, inversión ¡está muy bien!, pero hermanos, lo que no podemos hacer es negociar y dejar de lado los valores espirituales: la fe, la familia, la vida, la catequesis, la verdad, la justicia, la honradez, el amor al prójimo ¡no podemos negociar!
Y justamente el Señor termina este pasaje del evangelio diciendo: “no es un Dios de muertos sino de vivos, porque para Él todos están vivos”; el alma de los fieles difuntos para Él están vivos; no es una vida que se acabó en la tierra y otra vida diferente en el cielo; ¡es la misma vida temporal y la misma vida eterna! Es diferente el modo, aquí estoy envuelto en este cuerpo material que me exige comida, descanso, sensualidad, orgullo; cuerpo caprichoso pero un amigo con el que hay que convivir, pero no negocies lo grandioso de nuestra condición humana, como son los valores de la dignidad: la vida, el matrimonio, la familia, la verdad, la honradez, el trabajo, el perdón, el amor. Cuando esas palabras no significan nada quiere decir que la dimensión espiritual, el ser está muerto; el ídolo del tener está haciendo mucho daño.
Al ver el conjunto de este domingo recordamos las palabras de Juan Pablo II. “El ser humano es más por lo que es, que por lo que tiene”. ¡Examínate! Si tus preocupaciones, tus estados de ánimo van más unido al “ser” persona alegre, amigo, cercano, cariñoso, valiente; o si están más unido al “tener” plata, ropa, la casa. No puede la Iglesia –como un complejo- silenciar que su mensaje habla de una vida eterna, su mensaje habla de unos valores que están encarnados pero que son valores fundamentalmente ¡espirituales!; y que mientras estemos en esta vida esos valores espirituales están encarnados; por lo tanto hay que esforzarse en las leyes, en las negociaciones para que la justicia brille, para que el amor se vea, para que la verdad triunfe.
Todo esto hermanos, lleva a ese gran principio ‘la vida es lucha’ y la lucha es bonita. Por eso san Pablo nos dice “no te preocupes, únete a Jesús, pero lucha”, ¡no te engañes! Cuanta gente dice que lucha y se le ven los mismos defectos años y años, ¿qué tipo de lucha es esa que nunca cambia? No será lucha, será un engaño. Dios no se ha olvidado de nadie, cuando nos cuesta y pasan los años y uno no cambia, en el mundo es un ¡querer, sin querer! En cambio, cuando uno por amor a Dios y al prójimo procura mejorar, hay más entusiasmo, se va superando y se van logrando esos ¡imposibles!; los imposibles los da Dios.
Que nuestra Madre la Virgen María nos dé fuerzas para no decaer en esa lucha diaria, permanente y alegre.
Así sea.