Hermanos:
En una semana nos adentraremos a vivir los misterios centrales de la fe. Pidámosle a Dios que entre en nuestros corazones para que esos misterios los vivamos de verdad. Que no nos acostumbremos a leer el evangelio, a escuchar las mismas palabras, que el Señor nos de esa fuerza interior para que cada día esa amistad con Jesús se refleje en la palabra de Dios. Hacemos la incensación de la Palabra, de homenaje ya que la Palabra de Dios es palabra viva. No escuchamos una historia pasada.
Hoy, aquí, ahora, Jesús nos quiere decir algo, y no lo sabemos. Por eso, ese trato, la intimidad con Él nos tiene que llevar a ir teniendo esa amistad para que cuando Él nos busque, nos enseñe, podamos escucharlo.
Hemos escuchado un pasaje del evangelio y siempre traigo a la memoria el ambiente, donde vemos a los escribas y fariseos. Ese grupo de escribas que estudiaba la ley, conocían todo perfectamente bien, pero: ¿Para qué? ¿Para enseñar o para criticar?
De que sirve la sabiduría, si falta la humildad. Los escribas siempre estaban vigilando que se cumpla todo, pero ellos no lo cumplían. Y los fariseos eran los que todo el tiempo murmuraban, criticaban a los demás. Estos son los que se acercan a Jesús –los doctores de la ley: escribas y fariseos- Y vienen con verdadero odio: hemos encontrado a esta mujer en pecado, la hemos sorprendido en adulterio. La ley dice que hay que apedrearla, tú ¿qué dices? ¡Hipócritas, no quieren ni salvar a la mujer, ni cuidar la castidad, ni ayudar a Jesús; simplemente están probando esa manera de ser que tantas veces nos rodea. Y Jesús, cuando le preguntan, simplemente espera que la gente medite un poco.
Cuando hay una vida de oración de verdad, en esos ratos de silencio con Dios se despierta la conciencia, la humildad, la sinceridad, ya no me escondo; pero si no hago oración, si no me detengo, como ahora, a escuchar a meditar en mi propia vida: ¿qué debo cambiar? ¿cómo me acusarían estos hombres si yo hubiera vivido en esa época? ¿qué hubiera hecho Jesús conmigo? Él está como distraído escribiendo en la tierra, como si no hubiera escuchado. Y como insistían en preguntarle, se incorpora y dice esa frase que ilumina nuestra vida: “el que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”.
Aquí el Señor nos está revelando una gran verdad, que somos pecadores. Uno de los grandes problemas de hoy es que nadie se reconoce pecador. Hablan en general, todos somos pecadores, ¡No! Yo, con nombre y apellido. Es la revelación que nos hace Jesús y no es para decir que si somos pecadores no vale la pena esforzarse ¡No!, al revés, esa revelación de que somos pecadores nos lleva a la revelación de la Cruz. Por eso, Jesús muere en la cruz, por eso, el bien ha vencido al mal. Esta revelación me lleva de la mano a amar la cruz, hay que pedir perdón, hay que sacrificarse.
No son los tiempos actuales de sacrificio, ¡No! Es de la vida cómoda, de consumo, donde cada uno tiene su teoría, pero esa teoría no lleva a Dios. Por eso, tantas veces la gente no cambia ¡fariseos! No es que no cambien por ir a Misa, pero es que van misa sin estar presentes, es que no van al confesionario con dolor para pedir perdón, es que rezan como máquinas o no rezan.
Hermanos, esta Semana Santa, como cada año, el Señor me dice: Aquí estoy, para perdonarte, para ayudarte, para acercarte a mí. Esta vida se va rápido, estamos destinados a la vida eterna, a disfrutar de la vida cara a cara con Dios, de la alegría, de la paz, de la amistad, donde ya no hay ni problemas, ni dificultades; donde todo es amor, alegría, todo es bueno. Pero, no todos van. También hay el infierno eterno.
Algunos pueden decir que son teorías pasadas. No son teorías pasadas, pero estamos viviendo unos tiempos en el mundo donde la gente solo quiere disfrutar con egoísmos, con injusticias, con sexo, porque no cree en la vida eterna. Yo te animo a que te acerques a esta Semana Santa mirando la eternidad. El camino es la cruz, esa cruz lleva a la Eucaristía, la Eucaristía te pide que tengas el alma limpia.
Jesús les ha dicho esa gran verdad: el que esté sin de pecado que le tire la primera piedra. Cuando Jesús les habla cara a cara, a cada uno, allí no hay mentiras, allí no cabe la cobardía de la multitud, allí cada uno tiene que asumir su responsabilidad. “Entonces, se fueron yendo uno a uno, empezando por los más viejos”. Y, Jesús se quedó con la mujer y finalmente le dice: “yo tampoco te condeno, anda y en adelante no peques más”.
No puede ser que el pecado sea una rutina, pecar todo el tiempo. El Señor perdona a esta mujer, pero le dice que no peque más; sólo no se puede, sólo se puede con la ayuda de Dios, con la cruz de Cristo. Por eso, el P. Urraca, ante esta cruz, rezaba, pedía al Señor, se identificaba con Él, y por eso es tan milagrosa. Jesús ha querido tener ese detalle de cariño con nosotros, porque la cruz es la respuesta a no pecar más.
Señor, que yo me convierta, que no pasen estas palabras como el agua por encima de las piedras sin dejar huella, que entre a mi corazón un propósito y verás como en la vida habrá más confianza, más oración, más humildad, sinceridad. Preguntémonos, ¿qué puedo hacer por los demás?, ¿en qué cosas estoy defraudando a mi Dios?.
San Pablo nos dice una frase muy fuerte: “todo lo estimo como una pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por Él, por Cristo lo perdí todo, todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en Él, no como una justicia mía, sino con la que viene de la fe de Cristo”.
Le pido al Señor ese gran regalo para nosotros, en víspera de la Semana Santa: todo lo estimo basura, sino estoy con Cristo, si la fe en Él no me lleva a esa alegría, a esa paz, a esa serenidad. Qué esperamos. Es una semana maravillosa, hemos oído todas las tradiciones de la imagen de la Virgen, de Jesús, de la cruz, del Señor de los Milagros ¡cuántos regalos de Dios a nuestra querida Lima! Haz el propósito de vivir mejor esta Semana Santa, junto a Cristo, junto a la Cruz y pídele a la Virgen que nos ayude a poner en práctica esa ilusión que nos ha puesto en la vida, que la vida es una maravilla siempre y cuando la luz de la eternidad esté encendida. En esta semana estará una luz inmensa, en la que te dice que Jesús te ama y muere por ti. Jesús sufre y te perdona. Jesús te da de comer su cuerpo. Jesús resucita y te dice que ha vencido el mal y que está con nosotros.
Son misterios muy grandes que se iluminan mucho, Virgen María, que no tengamos miedo junto a ti de recorrer ese camino de la cruz, de la muerte, de la resurrección. Agradezco mucho a las hermandades por su presencia y a seguirse preparando espiritualmente para que llegue la semana santa y los encuentre con la casa limpia, arreglada en la que Jesús está en nuestro corazón.
Así sea.