Excelentísimo señor Presidente, doctor Alan García Pérez; señora Pilar Nores; distinguidas autoridades; miembros del Cuerpo Diplomático; señor Nuncio Apostólico; hermanos obispos; queridos hermanos todos:
Hoy, en la Basílica Catedral de Lima, acogemos con verdadero gozo a todo el pueblo que se ha congregado para celebrar la navidad, es una ocasión en la que el nacimiento de Jesús atraviesa todas las circunstancias, familiares, políticas, enfermedades, gente sencilla, joven, adulta; e ilumina la vida de todos. La fiesta de hoy es fundamentalmente de esperanza.
Hemos leído en el evangelio el pasaje de san Juan donde nos habla de “la palabra que se hizo carne y acampó entre nosotros”. Al contemplar el misterio del nacimiento de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, estamos asistiendo al momento en el que surge en la historia la esperanza de salvación del mundo. Se trata como dice el Papa en su encíclica reciente, de una esperanza, no aún de su cumplimiento. Pero, una esperanza que nos da el valor para ponernos de la parte del bien. El camino está claro, la meta está clara, pero hay que recorrerlo. Una esperanza viable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente, aunque sea fatigoso, con la alegría de estar en el camino verdadero que conduce a la gran meta del amor a Dios y al prójimo.
La navidad nos enseña una lección bonita: Quien tiene esperanza vive de otra manera. ¿Por qué el Santo Padre ha querido escoger como primera encíclica el amor? La segunda, ¿la esperanza? Porque no es un secreto para nadie que vemos una primacía –por decirlo de alguna manera- en el mundo actual en el que la esperanza se oscurece ante los grandes males, como el terrorismo, la violencia, los problemas en las diferentes sociedades, una tecnología que se ha disparado sola sin el acompañamiento ético y moral y que muchas veces ni le pregunta al hombre, sino que actúa por inercia de la misma tecnología. Vemos cosas muy positivas, pero también sombras.
Por eso, el Papa quiere confirmarnos de una manera clara: con el nacimiento de Jesús, se invita al hombre a vivir de una manera nueva, el hombre necesita a Dios, de lo contrario queda sin esperanza. En su sabiduría infinita tomó la decisión de quedarse con nosotros. ¡La delicia de Dios es gozar de la amistad de sus hijos! Pero, Dios se manifiesta niño, desafía la sensibilidad humana. Para muchos es sorpresa, estupor, asombro, pero no podemos decir que para otros es rebeldía. Te animo a que contemples a ese Dios Niño, con ternura en tu corazón, que te fascine besarlo, abrazarlo.
La sociedad debe contemplar a los niños porque son una escuela maravillosa para aprender a ser más humanos, se debe siempre privilegiar el cariño, la educación, ¡el hogar! También esta fecha siempre va unida a ese canto de amor a los niños, todos recordamos nuestra niñez con agradecimiento a nuestros padres, con verdadera alegría interior ¡es bueno! Los niños, un tesoro de la sociedad que debemos cuidar, educar, proteger la familia que es el lugar natural donde se forman. Este Jesús que contemplamos pone en movimiento el interior de nosotros que está adormecido, surge el gozo, la emoción, el dolor, la firmeza; surge el deseo que la familia peruana esté unida, que el amor prevalezca sobre el odio.
El que reza, nunca está solo, -nos enseña el Papa- por eso los animo en esta navidad y en estos días, disponer de unos momentos para que ese encuentro íntimo, sincero, personal, nos ayude a mejorar nuestra conducta, a que nuestras obras den mucho fruto. Sólo un Dios que haciéndose hombre entra personalmente en la historia y sufre en ella, puede eliminar el poder del mal, de la culpa y quitar el pecado del mundo. Este es el atrevimiento de nuestro Dios, no manda una solución ¡viene Él! Y viene hoy, y ese Dios que viene cada día, inaugura un momento nuevo, irrepetible, que no se dará en tu corazón hasta que te encuentras con Él. Y cada encuentro es origen de un nuevo amor, de un nuevo dolor, de un nuevo perdón, de una nueva fuerza.
Hermanos, que la misericordia de este Niño nos ayude en el mundo entero a darnos cuenta que el día que la sociedad de hoy vuelva a descubrir la dimensión del amor de Dios, surgirá la dimensión de la paz, de la justicia, del orden, del progreso, ¡seremos más felices!
La Palabra –nos dice el Evangelio- era la luz verdadera. Tantas veces escuchamos hoy, gracias a Dios no en el Perú, pero en los países desarrollados un desafío a la increencia, al agnosticismo, una cierta suficiencia de un mundo pagado a su desarrollo material y pobrísimo en su desarrollo espiritual. Y aquí en el Perú podemos darles lecciones de humanidad, de amor, de perdón, de alegría sana. La verdad no se impone, solo tiene la fuerza de la misma verdad. Al corazón de los hombres no se accede sin gratuidad, sin caridad, sin diálogo. Al corazón del hombre se accede de manera que la palabra anunciada no sólo se pronuncia sino que se testimonie con la conducta.
Por eso, para entender, para querernos más, necesitamos tener en cuenta las esperanzas, los sufrimientos de los demás. En estos días y momentos de la navidad me acerco con cariño a los rincones de nuestra patria, para llevarles de parte de Dios el afecto, la bendición, el amor, la comprensión a todos nuestros hermanos.
Recordamos especialmente en esta ocasión a nuestros hermanos que sufrieron el terremoto, y que fueron una oportunidad de testimoniar como el país tiene una dimensión de solidaridad maravillosa. No hagamos un balance de otro estilo, hubo una corriente de apoyo, de ayuda, de esfuerzo muy grande ¡eso vale mucho!
Asimismo, me duele especialmente en estos días el golpe del terrorismo. Invoco a estos hermanos nuestros: ¡Dejen que Jesús ilumine sus vidas! No es humano –no solo cristiano- el matar, por eso las familias no solo de estos hermanos, sino de toda la Policía, de las Fuerzas Armadas que permanentemente tienen que estar cuidando a todos los demás, ¡Que el Señor los bendiga, los guíe, los proteja y que en esta navidad el Niño nos ayude a nuevamente reforzar esa unidad de la familia!
Sin hacer uso de esa dimensión de la pobreza, sino de la dimensión espiritual, que muchas veces el que no tiene o tiene poco le es más fácil; a todos los hermanos, de manera especial a quienes tienen esa difícil responsabilidad poco comprendida y fundamental en la patria, de ejercer responsabilidades de gobierno ¡Que Jesús los ilumine, los fortalezca, los proteja, los llene y confirme de esperanza! Con el nacimiento de Jesús hay muchos motivos para estar alegres en el dolor, sabiendo esperar aunque el camino sea fatigoso y que llegando ya al final del año podamos contemplar con serenidad nuestra patria que luce mejor.
A todas las familias peruanas, a todos ustedes que nos acompañan ¡Feliz Navidad!, especialmente a los medios de comunicación que hacen posible llegar esta palabra de cariño, de bendición a todos los rincones de nuestra patria, ¡Que el Señor bendiga a todos y que Jesús reine en nuestros corazones!
Así sea.