- Domingo, 30 de diciembre de 2007 -

 

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani en la Fiesta de la Sagrada Familia

Domingo, 30 de diciembre de 2007

Hoy la Iglesia celebra y conmemora el hecho maravilloso de que el hijo de Dios, Jesús, vino al mundo en una familia. Es decir, que la institución familiar, una institución natural forma parte del ser humano y Dios la escogió para que su hijo la dignificara aun más. Y quiso en esa Sagrada Familia venir Jesús junto a su madre María y José.

La familia en el plan de Dios

En estos tiempos, me parece muy importante recordar algunos aspectos de lo que la familia es en el plan de Dios. Nos enseña la Iglesia que la familia es una comunión íntima de vida y de amor, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer. Esto es lo que la naturaleza humana nos transmite –no solo la fe- la complementariedad; cómo la creación ha puesto una naturaleza en el hombre, una naturaleza en la mujer con muchos aspectos iguales, y otros aspectos complementarios.

Jesucristo ha querido elevar esta institución natural y es un Sacramento; es decir, Dios garantiza que la familia es un lugar de encuentro para siempre entre un hombre y una mujer, lugar privilegiado donde llega la vida y donde reina el amor.

¡Que cesen los ataques contra la familia!

La idea puede parecer muy bonita pero no es tan fácil y tienen razón. Porque la sociedad en el mundo entero a través de leyes, propaganda, esfuerzo, inclusive de instituciones internacionales como Naciones Unidas, durante décadas ha estado atacando a la familia, quitando el ambiente para que pueda ir adelante; aprobando leyes que hacen más difícil la vida familiar. Va estableciendo un modo de trabajo en el cual mamá y papá no se pueden ver, y después de décadas de un ataque fuerte contemplamos con dolor la familia debilitada, frágil; y, en muchos lugares, sumamente rota, con gran daño para los niños, para la juventud, para la sociedad.

Hay que reconocer que esa campaña contra la familia es una campaña que debe cesar. No le hace bien a nadie, son campañas de egoísmo contra la racionalidad de una propuesta que el Creador ha puesto en nuestros corazones.

Familia: escuela de humanización

Recordamos con enorme agradecimiento y alegría a nuestros padres. Gracias a Dios supieron unirse, educarnos, transmitirnos esa fe. Y hoy día, quisiera recordarles que la familia es el primer lugar donde la criatura recién nacida va humanizándose. No es un programa del Estado, no es un programa de los medios de comunicación, no es un programa de una ideología o de un grupo de presión, ¡No!, No hay nadie que reemplace a la familia en esa tarea esencial donde la humanización de la criatura encuentra los primeros rasgos de algo tan importante como es el amor.

Nadie puede reemplazar a los papás de una manera digna en la enseñanza de que el mundo está hecho para amar, que está hecho por amor, que desde pequeñita, la vida humana tiene un valor mayor que el mundo material entero. Junta casa, barcos, aviones, construcciones, minas, toda la riqueza material son nada frente a la más pequeña vida humana y eso hay que enseñarlo en el hogar.

Cuando eso no ocurre podemos estar dejando a esas criaturas en esta selva en donde nadie les enseñó a amar, a dignificar su vida, a ser queridos, y surgen corrientes sumamente dolorosas de niños y jóvenes desarraigados que acaban en caminos de droga, de violencia, de soledad, de locura, ¿por qué? Porque no tuvieron ese nido, ese vientre que es la familia.

Lógicamente, en ese proceso encontramos aquellos aspectos, virtudes, valores, que se aprenden en la familia: la dimensión religiosa. Todos aprendimos de manos de la mamá o de un hermano mayor o de una abuelita a besar un crucifijo, a dar gracias a Dios, a hacer la señal de la cruz, a rezar una oración pequeña al acostarnos. Cuántos detalles pequeñísimos guardamos en la memoria después de muchos años, porque se impregna en el recuerdo más íntimo del corazón lo que aprendimos de niños en esa escuela de la fe, papás: ¡enseñen, cultiven la fe de sus hijos!

Una escuela de valores

Y asimismo en esa familia aprendimos a amar y acoger a los hermanos. Qué mejor escuela que al ver a un hermanito, aprender a dialogar, a tener paciencia, a darse cuenta que somos diferentes, a compartir un juguete o un pedazo de pan, esa escuela, hermanos, es baratísima, eficacísima, hay que cuidarla.

La primera dimensión de la autoridad la encontramos en el gesto de nuestros padres, cuando con cariño nos indicaban “hijo no bajes”, “a lavarse las manos”, “no ensucies esto”, “espera aquí”. Y uno va entendiendo que en la vida hay una autoridad en un clima de cariño, ternura, cercanía, amor, de servicio a los más débiles. Así el niño va aprendiendo que hay gente en el mundo que requiere de su servicio, de su visita. No es una ideología, no es un proyecto de nadie, es algo que es connatural a la naturaleza que está dentro de nosotros y se inscribe en la familia.

Como no recordar cuando la mamá se acerca a ese hijo pequeño y le dice “eso no se hace”, “pídele perdón a tu hermanita”, una pequeña pelea, un disgusto familiar, un pequeño jarrón, florero o vaso que se rompió, y se tiene que pasar por la escuela de pedir perdón y uno aprende que la vida se dignifica cuando se saben reconocer los errores.

Nos dice el Papa, “Todo esto ayuda a los niños a formar parte de la cultura de la paz, la vida es gozo, paz, esfuerzo, trabajo”. Esa paz que todos añoramos pero la queremos cuando ya somos mayores y nos sigue diciendo el Santo Padre Benedicto XVI: “La gramática para poder leer esa educación en los valores cristianos, esa formación de la criatura en el seno familiar, el lenguaje para poder entendernos está hecho de gestos, de miradas, de palabras, de signos que los papás y los niños intercambian con esa transparencia que se vive en una familia”.

Frente a esta maravilla, no podemos decir que es parte del pasado, que forma parte de otra época, ¡no! Esta maravilla tierna, frágil, ha sido maltratada porque no había quien la defienda; la Iglesia no se cansa de repetir: ¡La familia es esencial para la sociedad, para la juventud, para la niñez, para la paz, hasta para los negocios!.

Un elemento al servicio de la globalización

La familia por voluntad de Dios es el mejor modelo de desarrollo, y cuando se habla de globalización es solamente un intercambio material porque no se asemeja a la globalización familiar.

La familia también es un elemento maravilloso al servicio de la globalización. Y si no es ¡fracaso!, lo vemos en el mundo de hoy. ¡Fracaso! Lógicamente para cumplir estos objetivos tan importantes en la vida espiritual, la humanización de esas criaturas, la familia también necesita “unos medios materiales”. ¿Qué medios materiales? ¡La familia merece una especial atención de la sociedad, de la empresa, del Estado!

Tiene necesidad de una casa, de un trabajo, de un acceso a la salud; tiene necesidad de que la sociedad piense en esta gravísima obligación de atender esa dimensión material que haga posible que la familia cumpla su rol esencial en el mundo.

Revaloricemos el trabajo doméstico

Asimismo, en el mundo de hoy, hace falta revalorizar el papel del trabajo doméstico. En ese ataque a la familia se ha dejado como un trabajo de segunda, mal visto. El que una mujer cocine, ayude a sus hijos, lave la ropa, atienda la casa. ¡No! eso ya no es un rol de la mujer. ¿Por qué ese ataque? ¡Revaloricemos la tarea de la mujer que hace su trabajo y busca a Dios en la tarea doméstica!

Por eso, el horario de trabajo, las costumbres de trabajo deben ser derechos que permitan que los padres vean a sus hijos, estén con ellos. Que el trabajo les permita una atención digna y cuando no se puede, de manera subsidiaria el Estado y las diferentes formas de organización deben proveer atención de salud, educación, casa para que esas necesidades primarias estén al alcance. ¡Lleva tiempo! Pero es más importante este esfuerzo, que los gastos militares. ¡Es mucho más barato formar bien y facilitar el acceso de la familia a los bienes materiales que toda la corrupción que puede haber en un país! Y allí formamos buenos ciudadanos, futuros dirigentes, padres de familia y es una manera natural de ir al encuentro de los problemas actuales de la droga, el pandillaje, la violencia callejera, del abandono de los niños.

Ayudemos a la institución familiar hoy que celebramos a la Sagrada Familia para que de esa manera sepa acoger a los hijos sin temor; la vida se hace realidad en familia. Pido a los medios de comunicación, con ese potencial educativo que tienen, que difundan ese modelo de familia de ese hombre y esa mujer y la responsabilidad que tienen; que defiendan el respeto a la institución familiar, que resalten el amor hermoso, que no solo se utilice la atracción de la mujer como un objeto comercial, que se promueva la belleza del amor de padres e hijos.

En resumen, que nos ayuden a ilustrar que la familia es la esperanza de la sociedad y del mundo y que la familia tiene unos derechos y unos deberes que deben cumplirse.

Todo esto lo pongo en manos de esta Sagrada Familia, de Jesús, María y José. ¡Que Dios bendiga a la familia peruana!.

 
 

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