Al celebrar esta Santa Misa, le damos gracias a Dios por las bendiciones recibidas en el año que terminó, y queremos mirar llenos de esperanza este Año Nuevo, deseando que la paz de nuestro Señor Jesucristo ilumine todos los corazones y hogares del Perú.
El valor de la Paz, tan importante en esta Jornada requiere del esfuerzo de todos, de sólidos valores espirituales y éticos que todos juntos logremos establecer. Cuando vemos la importancia de muchos fenómenos económicos, sociales, políticos, queremos desde la Iglesia resaltar la enorme importancia que tiene el patrimonio de valores cristianos de nuestra patria.
“Fomentemos los valores humanos cristianos”
Tenemos que poner esta prioridad en cualquier proyecto de bienestar, de mejorar la espiritualidad de cada uno de nosotros, no solamente tener más, sino ser mejores, es una tarea de todos que se apoya en la norma de la moral natural; norma que tenemos dentro del corazón, que me indica hacer el bien, perdonar, ser generoso, ser obediente, mantener la unidad. Por eso, esta llamada a fomentar relaciones entre todas las personas que tengan ese firme sustento de los valores humanos y cristianos.
Uno de los principales y primeros valores: la familia. La familia como célula fundamental construida en el matrimonio entre un hombre y una mujer, con estabilidad, y con una decisión definitiva. ¿Por qué? Porque ese valor maravilloso de la familia nos ayuda en los desafíos de la educación; ¡Los padres son los primeros educadores desde el primer instante en que una criatura viene al mundo! Con un gesto del papá, de la mamá, con una palabra de cariño y acogida comienza el proceso educativo de la formación cristiana de los hijos.
Que bueno recordarlo hoy que la Iglesia celebra la solemnidad de María, Madre de Dios. Y qué podemos esperar en el año que comienza: en primer lugar, darnos cuenta que la mejora material por acumulación tiene un límite, pero la mejora espiritual depende de cada uno de nosotros y de cada día del año, no hay estructuras. Por eso, ese llamado a la familia y a la tarea educativa de la familia; la llamada a la responsabilidad en el proceso de la educación primaria y secundaria como prolongación del hogar, no como proyecto aislado, es una delegación que reciben de las familias para que los profesores continúen el proceso iniciado en el hogar.
Reflexiones para esperar un buen año 2008
Si queremos esperar un buen año, pongamos mucho empeño en la formación de la conciencia.
Me atrevo a hacer unas reflexiones en forma de preguntas, que pueden ser un esquema para este año que comienza: ¿Seremos capaces de trabajar unidos, dejando de lado la violencia, la corrupción, las venganzas, los egoísmos? ¿Tendremos el coraje de afrontar los desafíos que el desarrollo económico presenta con una educación adecuada? ¿Acogeremos a la juventud sabiendo que son la esperanza de nuestro país, orientándolos con sinceridad y con firmeza en la búsqueda del bien y del trabajo? ¿Le daremos el lugar y la importancia que merece a la familia como célula fundamental de toda organización social? ¿Sabrán los responsables de la actividad política convertirla en una actividad de servicio hacia los demás? ¿Compartiremos generosa y solidariamente los beneficios económicos de la mejor manera? ¿Seremos más respetuosos de cuidar la honra de los demás?
Son pequeños bosquejos de valores que Jesucristo trajo al mundo, de valores que en estos tiempos estamos dejando de lado. Quiero llamar la atención: el mundo solo se ocupa del desarrollo puramente material, que es necesario y que es bueno, ¡pero que es completamente insuficiente cuando hablamos de personas!; las personas no se desarrollan solamente con cosas materiales, hace falta un esfuerzo muy profundo para que la fe impregne las relaciones humanas, para que la honradez, el respeto a los demás, la verdad, la vida humana, sea acogida y no perseguida; para que la familia encuentre el apoyo de las instituciones. Es muy urgente esta cruzada de valores humanos y cristianos que Jesucristo ha venido a poner al servicio de la humanidad, son verdaderas escuelas de humanización del progreso material; cuando falta ese aspecto tan importante de nuestra dimensión humana que es el espíritu realmente se producen ¡desarrollos catastróficos! No basta el tener más, es mucho más importante ser mejores, no se excluyen pero hace falta más empeño para potenciar esa oferta, ese ejemplo, esa difusión de testimonios de vida sana, honesta, correcta.
Los apóstoles movidos por el Espíritu Santo invitaban a todos a cambiar de vida, a convertirse, nosotros los obispos, sucesores de los apóstoles también continuamos esa tarea de sembrar la Buena Nueva en la historia de hoy. Con mucha alegría contemplo en la Arquidiócesis la enorme gracia de la adoración del Santísimo Sacramento; cuánto más sean y cuánto más adoremos a Jesús, más corazones sentirán el deseo de ayudar al prójimo, de amar a Dios, de dar ejemplo en su trabajo, en su hogar, en la vida diaria. Agradezco a quienes con tanta ilusión promueven y siguen promoviendo -y este año más aún- la participación en esos Sagrarios delante de Jesús Sacramentado.
Una Gran Misión para Lima
Ciertamente la tarea no es fácil, vemos un gran secularismo que quiere separar a Dios de la vida diaria, quiere dejar a Dios en una Sacristía al margen de la vida. Y tenemos que recordar que el Señor vino para participar en nuestras vidas, nos dice Jesús “Estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.
En este día, al inicio del año, al amparo de nuestra Madre Santa María, convoco a esta Iglesia local a la Gran Misión de Lima que empezará en la solemnidad de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo, Segundo Arzobispo de Lima y patrono del Episcopado Latinoamericano, el domingo 27 de abril. Empezaremos los preparativos, pero desde ya iniciamos el año convocando a todos a esta Gran Misión de Lima que dará muchos frutos de santidad, de bienestar, de ilusión a la familia, a la juventud, a la educación a todo el mundo. Remar mar adentro en el que queremos reforzar nuestra identidad de hijos de Dios en la Iglesia Católica. Nada hay más hermoso, dice el Papa, que haber sido alcanzado por el Evangelio, por Cristo, nada hay más bello que conocerlo y comunicar a los otros la amistad con Él. Queremos ofrecer ese tesoro maravilloso que se nos ha dado, la pertenencia a la Iglesia, la identidad con Cristo.
Lugar privilegiado de la Gran Misión será la formación religiosa en todas sus dimensiones, necesitamos no solo escuchar y aprender el catecismo, sino ver modelos, personas, jóvenes, hombres, mujeres, niños, casados y solteros, religiosos y civiles, ¡todos! ¡Muéstrame que Jesús vive, que Jesús quiere que lo amemos! ¡Muéstrame que a Jesús le interesa mi vida, muéstramelo con el ejemplo! Por eso, esta siembra de valores cristianos en la vida de la sociedad, será una tarea muy grande, muy entusiasmante y con mucho trabajo.
Quiero especialmente convocar a los medios de comunicación, a los que les agradezco su presencia, su entusiasmo por participar de estas iniciativas en servicio de toda la sociedad, que nos ayuden en difundir todas estas iniciativas que tendrán lugar en la Gran Misión de Lima y que iremos dando a conocer poco a poco.
La importancia de los valores cristianos en el desarrollo globalizado
Nuestra patria enfrentará grandes desafíos este año, importantes reuniones internacionales tendrán lugar aquí en el Perú. ¡Queremos aportar! Siendo el Perú el país anfitrión, queremos que aporte la importancia que tienen los valores cristianos en el desarrollo globalizado; un desarrollo globalizado sin valores cristianos, sin defensa de la familia, sin el valor de la verdad, de la honra, de la dignidad, sin una fuerte lucha contra la corrupción que corroe el desarrollo mundial, ¡Con la defensa de la vida!, ¡La defensa de hombres y mujeres, con principios del orden natural! Queremos que este sea un aporte que le de sabor a estas reuniones en esta vitrina que llevará a nuestra patria a ser objeto de un interés mundial.
Lo ponemos en manos de Santa María, la Madre de Dios a quien le confiamos la Gran Misión de Lima, a quien le pedimos que lleve la paz a todos los rincones de nuestra patria. A todos ustedes ¡Muy feliz año y que Dios los bendiga!