- Viernes, 01 de agosto de 2008 -

 

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani en el 187 Aniversario de la creación de la Corte Suprema de la República del Perú

Viernes, 01 de agosto de 2008

Hoy fundamentalmente nos reunimos para darle gracias a Dios por tantas cosas que nos da, por tantas bendiciones, aspectos familiares, profesionales y también para pedirle por esta tarea nada fácil de administrar justicia.

Quisiera en la presencia de Dios recordar estas palabras que acabamos de escuchar del Profeta Jeremías “Esto dice el Señor: si no me obedecen ni cumplen la ley que he dado, ni escuchan las palabras de mi siervos, entonces, yo trataré este templo como el de Siloé y haré que esta ciudad sirva de escarmiento para todos los pueblos”.

Formar parte de un Poder del Estado conlleva una responsabilidad especial

El Señor como expresión de su bondad infinita le habla a su pueblo con sinceridad y pienso que en ese clima de cercanía de Dios debemos reflexionar como cuando formamos parte de algún Poder del Estado, ya que de alguna manera especial asumimos el compromiso de compartir el destino de ese pueblo.

Por eso, cuando formamos parte de un Poder, -en este caso-, el Poder Judicial, debemos darnos cuenta que adquirimos un compromiso especial, más delicado, de compartir el destino de este pueblo, vamos a poder ayudarlo o perjudicarlo, vamos a poder orientarlo o desorientarlo, pero es bueno que asumamos la responsabilidad. Yo como Pastor soy consciente que la responsabilidad que tengo me compromete con el destino de este pueblo.

Es un pensamiento que nos puede ayudar a despertar más el sentido de responsabilidad. Hay otras profesiones: un ingeniero, un agricultor, un médico, cuya tarea, no necesariamente, está unida a compartir el destino de su pueblo. No todos tienen ese privilegio y esa responsabilidad.

Esto nos lleva a considerar una vez más el espíritu de servicio, que permanentemente nos lleva al trabajo, y ese espíritu de servicio me dice que yo debo encontrar a Dios, que yo debo ir a Dios a través de mi trabajo. El trabajo no es un inconveniente, no es un problema, no es una dificultad, el trabajo es el lugar privilegiado, junto a la familia en donde me espera Dios.

Por eso, que importante en ese trabajo, entrenarnos en una vida de virtudes, de fortaleza, de sinceridad, de honestidad, de tantas virtudes que requiere toda persona para ejercer bien su trabajo.

Asumamos el compromiso de formar parte del Poder Judicial

Cada uno de nosotros –meditemos esto- cada uno de nosotros personalmente conformamos el Poder Judicial. Es fácil hablar de “ese ente” el Poder Judicial y criticarlo o alabarlo. Es fácil hablar de quien ostenta el Poder Judicial representativamente: el Presidente, la Corte Suprema, ¡Es muy fácil! Quisiera animar a todos a decir que ya sea Juez de Paz, sea un Juez Provisional, esté en el lugar que me corresponda ya que de mi comportamiento dependen muchos resultados de la Justicia en el Perú, no solo en Lima, también en provincias, en distritos y en todos los niveles, porque uno tiende a pensar “son ellos”, “son otros” y “unos por otros” a veces no encajamos esa responsabilidad que nos hace parte de un cuerpo y si una parte está enferma, enferma a todo el cuerpo.

Por eso, requerimos todos de ese concurso, de ese esfuerzo, de esa unidad para que realmente la dimensión de la justicia brille.

Hace pocos días, el Presidente de la República mencionó esa frase en su discurso “la reforma del alma”, hermanos, no es una utopía. Comprendo que en cierto clima cínico sea motivo de burla.

Yo no hago política con la frase, pero la frase y el contenido tienen una validez muy profunda, muy urgente y muy prioritaria. Evidentemente, no se reforma el alma a base de leyes, o a base de cárceles, pero es una tarea prioritaria, barata, y que no requiere más que de decisiones personales.

Por eso, creo que sí es muy importante esa dimensión moral en la que está cada uno de nosotros y Dios.

Los abogados están llamados a custodiar el ejercicio de Derecho y el Imperio de la ley

Una referencia puntual con mucho respeto y con mucha confianza. Debemos todos custodiar el ejercicio del Derecho y el Imperio de la Ley. Pero, debemos empezar –pienso yo y me atrevo a decirlo así- en primer lugar por la honradez y la transparencia de los señores abogados.

Que importante es porque en la búsqueda de la verdad, en la búsqueda de la justicia, en la búsqueda del bien común hay un elemento muy importante que son los abogados. Hay que animar a que se viva más esa honradez.

La vocación del Juez es una vocación de orden superior

La vocación del Juez es una vocación de orden superior. Así se debe practicar. Han escogido ustedes un camino empinado, angosto. Han escogido ustedes una vocación superior, un servicio superior. Por lo tanto, no es raro que la sociedad les exija un esfuerzo superior. Jamás podrá ser retribuido de una manera que satisfaga a todos. Pero, evidentemente siempre debemos recordar que es muy difícil, muy difícil que las circunstancias de una carga procesal imposible de atender se mantenga de una manera indiferente.

No es que uno quiera o no quiera conciliar. Son maravillosos intentos. Pero, también cuando la Justicia tarda es sumamente injusta. Por eso, hermanos le elevo esa súplica a Dios, necesitamos ese ejercicio de la justicia. No es fácil. No es un reproche a nadie. Es una petición a Dios. Es una petición a cada uno de ustedes. Ni el que recibe un expediente, ni el que lo transcribe, ni el que hace la fotocopia para un cliente ¡No caigan! ¡Hay que esforzarnos entre todos!

La ciudadanía los ve con aprecio, aunque las encuestas digan lo que digan. Todo el mundo acude al Poder Judicial con esa confianza de encontrar ahí la paz, la respuesta a su preocupación. Por lo tanto, los animo a que sigan batallando con fortaleza, con sabiduría, con honradez, con paciencia.  Y, les agradezco que acudan a esta Eucaristía para presentar juntos a Dios tantas necesidades personales, familiares. ¡Tantas situaciones que cada uno lleva en el corazón!

Por eso, le pido a nuestra Madre, a la Virgen, “Espejo de Justicia”. ¡Acógenos! ¡fortalécenos! Danos ese suplemento de entusiasmo, ¡si podemos!, si debemos seguir en ese camino de levantar el prestigio, el respeto al Poder Judicial. Lo merecen, lo deseamos todos y está en manos de todos el que esto sea una realidad.

Así sea.

 
 

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