- Domingo, 03 de febrero de 2008 -

 

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani en la Fiesta por la Virgen de la Candelaria

Domingo, 03 de febrero de 2008

Queridos hermanos en Cristo Jesús:

En primer lugar quiero saludar a nuestros hermanos de Puno que hoy han traído la imagen de la Virgen, Nuestra Señora de la Candelaria; ayer celebrábamos esta fiesta de Santa María que tiene tanta devoción en la zona del sur andino, en Puno. Nuestra Madre siempre está aquí en la Catedral y hoy nos alegra verla en esa advocación, Mamacha Candelaria. A Ella nos encomendamos en este momento de reflexión sobre las palabras del Santo Evangelio.

El Señor de una manera muy clara, plantea en este Evangelio una alternativa, Él se da cuenta que en este mundo hay una serie de personas que -vamos a decir- tienen éxito, son reconocidos, influyen en los demás, pero, -es importante el pero- no es este el reino de Dios, y por lo tanto Él nos promete otro reino. La Iglesia tiene que ser muy clara, nosotros luchamos, trabajamos, nos esforzamos pero tenemos la mirada siempre puesta en el Reino de Dios, que no es otra cosa que identificarse con Cristo, y muchas veces, -por eso estas Bienaventuranzas- lo que aquí es un fracaso, una condena, lo que aquí es mal visto resulta que es el camino para ir al Reino de los Cielos.

Las Bienaventuranzas: Código de la moral del Evangelio

Estas Bienaventuranzas son un estilo de vida, un código –decía Juan Pablo II- de la moral del Evangelio, de cómo se debe comportar un hijo de Dios en la tierra, mirando a ese destino eterno.

En primer lugar, el Señor quiere que entendamos que el sufrimiento es en cierto modo un destino de la persona humana. El sufrimiento que acompaña la vida humana no es malo; será malo el que hace sufrir a otros, por egoísta, por abuso, pero tenemos que descubrir el sentido cristiano del sufrimiento No se trata de huir de lo que me cuesta, o de la enfermedad, o de las situaciones que nos hacen pasar malos momentos, hay un sufrimiento que es cristiano, es camino de alegría, la senda hacia la vida eterna.

 ¿No les parece que el mundo de hoy es todo lo contrario? Le llamamos sufrimiento al abuso, a la corrupción, al maltrato, a la mentira, ¡eso no es sufrimiento, eso se llama pecado! El sufrimiento es el que nos acompaña en el esfuerzo diario por portarnos bien, en el manifestar esa solidez del matrimonio, en educar a los jóvenes, en mantener la justicia, en decir siempre la verdad, ¡Cuesta!, pero hay que descubrir que en ese esfuerzo y en ese sacrificio, brilla Cristo.  ¡Descubre el sentido cristiano del sufrimiento humano!, allí tenemos una particular fuerza que nos acerca a Cristo. Primera norma del código de conducta: encontrar, descubrir el sentido cristiano del sufrimiento, y abrazarse a él.

Y luego vemos en una de estas enseñanzas un mandato, una invitación maravillosa, Jesús nos dice que el amor humano, cristiano, limpio es un amor hermoso, ¡Descúbrelo!

Corazón limpio, distingue entre esa sensualidad, entre ese dejarte llevar por las pasiones desordenadas, distingue ese camino que corrompe las relaciones humanas y descubre que estamos para un amor hermoso que construye hogares, matrimonios, familias, que crea un clima con los hijos y con los jóvenes donde la gente se entusiasma. Sé que hay una fortísima corriente contraria que quiere educarnos de otra manera y que a través de todos los medios busca aumentar pasiones desordenadas, escandalizar, corromper, desde la niñez hasta la vejez; sabemos que el ambiente corrosivo de la impureza campea.

Ese segundo código de las bienaventuranzas te dice: ¡Atrévete a amar limpiamente, a ser libre, descubre el amor hermoso, siémbralo a tu alrededor padre de familia, autoridades! No nos quedemos pasmados diciendo: ‘es lo qué quiere la gente’, ¡Falso! No lo quiere la gente, lo impone una serie de personajes ¡corruptos!, que maltratan a la niñez a la juventud y abusan, extendiendo esa marea de sensualidad que corroe la familia, el matrimonio, la juventud, la niñez, la educación.

La violencia engendra violencia

En tercer lugar, el Señor nos habla de algo muy importante: ‘la justicia no basta, hace falta la misericordia’; por lo tanto, siembra en tu corazón y en tu alrededor esa dimensión que es resultado de la justicia iluminada por la caridad. Y por lo tanto tomemos una acción decidida para que la misericordia nos impulse a sembrar la paz en la familia, en lo social, lo laboral, lo político, a nivel nacional e internacional; saber que la violencia engendra violencia, sea esta una violencia verbal cuando uno miente y maltrata a otros, esa mentira engendra respuesta de más mentira y esa espiral de la mentira engendra violencia. Igual en la justicia, esa corrupción de la justicia genera una respuesta de más injusticia, y así se va creando una espiral que acaba en la violencia de la injusticia.

Este es el fondo de quien no tiene misericordia, “el ojo por ojo y diente por diente” ha quedado atrás. Jesús ha descubierto un panorama maravilloso en el cual la última palabra la tiene la misericordia. Ilumina con amor cuando tengas que corregir, cuando tengas que hablar.  Descubramos esa misericordia con la tercera tarea del código moral que el Señor nos enseña en estas Bienaventuranzas.

Y luego nos dice de una manera muy clara: ¿los problemas de la tierra, del mundo le interesan a Dios?, ¡Sí!, ¿A la Iglesia le interesa que haya más justicia, solidaridad?, ¡Sí!, le interesa desde su misión. La Iglesia no hace política pero enciende la luz para dar algunas reflexiones, principios. Por ejemplo, hay que proteger y amar a la vida desde su concepción hasta su muerte natural. Es un principio que ilumina el gran valor de la vida humana. Igual puede decirlo con respecto a la familia y al matrimonio, es una célula natural, punto esencial para la marcha de una sociedad, de una buena educación de los hijos, para la tranquilidad social.

 

No es que la Iglesia condene y destruya a los que están en una situación diferente, pero enseña sin descanso, sin ataques que estos principios de la Doctrina Social deben iluminar las respuestas políticas que cada uno puede escoger dentro de la moral de la Iglesia.

La visión del mundo, de la vida, de la familia lleva a la Iglesia a decir: ‘Conoce y estudia la Doctrina Social’, ¡Estúdiala! Lee el “Compendio de Doctrina Social”, forma bien la conciencia y luego actúa..

Un estilo de vida que es el retrato de Cristo

Y viene el resumen final en el cual Jesús dice “Bienaventurados los pobres de espíritu”. Pobres de espíritu que por un lado carecen de bienes materiales, pero ricos en Dios. Y por otro lado poseyendo los bienes materiales comunican esos bienes a los demás. Esos son los pobres de espíritu, no simplemente esa reducción a una pobreza puramente material. La pobreza del Espíritu del que habla Jesús es desprendimiento, no estar sujetos a lo material, por lo tanto el que tiene que ayude al que no tiene; y el que no tiene que busque en Dios el modo de ir adelante en su vida; pero no violencia, no lucha de clases, ni tampoco un simple mirar, cómo hay gente rica y gente pobre, hay que lanzarse a esa ayuda al prójimo.

Juan Pablo II decía: “El hombre no es solamente necesidades materiales, ni tampoco solamente necesidades espirituales, pero si tengo que compararlas, la primacía es la necesidad espiritual y después viene la necesidad material, la primacía es el ser y luego el tener”.

Por eso, pensemos que esa pobreza de espíritu nos lleva a decir que de ellos es el Reino de los Cielos, o sea que más vale que quien tiene abundancia viva como no teniéndola, compartiendo con los demás y el que tenga carencia que viva en esa entrega al sufrimiento y dolor buscando la paz en Cristo que no sea olvidado. Y los que tienen responsabilidades de poder influir, buscar que vaya surgiendo esa civilización de amor en dónde se comparten los bienes; sin embargo, siempre habrá gente que tiene más y gente que tiene menos, ¡Pero no el abuso de la carencia de lo más elemental, eso no es humano ni cristiano!

En resumen, este programa de vida: ‘Retrato de Cristo’, solo es posible con una intimidad en la oración, en la confesión frecuente, en la Eucaristía; deja que ese mensaje transforme tu vida desde Cristo, con Él, por Él, en Él. La Iglesia no se cansa de repetir: ‘Cristo es la repuesta a todos nuestros problemas’.

Y le pedimos a nuestra Madre: ‘Enséñanos una y otra vez cómo acudir a tu hijo Jesús, buscando esa paz y alegría que no es fácil porque es bonita, es entusiasmante, es libre, está llena de amor y dolor’. A ese camino te invito en esta semana en la que empezamos el camino de Cuaresma este Miércoles de Ceniza.

Así sea.

 
 

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