- Domingo, 13 de enero de 2008 -

 

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani en la Fiesta del Bautismo del Señor

Domingo, 13 de enero de 2008

Con mucha alegría recibimos en la Catedral de Lima todas estas imágenes traídas por las hermandades de esta multitud de personas que viven en Lima y que provienen de las provincias de habla quechua; Dios quiere bendecirlos y animarlos a mantener la fe de sus padres y de sus abuelos, a mantener esas costumbres sanas que de niños aprendieron en sus pueblos. Saludo al Padre Serpa que con tanto empeño y por muchos años viene pastoreando esta comunidad quechua hablante, a mis hermanos sacerdotes y a todos ustedes en esta ocasión que la Iglesia conmemora el Bautismo del Señor.

Reflexión para no quedarnos en lo externo

Cuando veo estas hermandades con sus mayordomos y todo este cariño que le ponen a las imágenes de los Santos, de la Virgen, de Jesús, me da mucha alegría y al mismo tiempo me invita a una reflexión: hermanos, ¡no nos quedemos en lo externo! ¿Qué hay dentro de tu alma? Piensa que si a una imagen la adornas, le pones flores, le cantas, la traes en hombros… ¿qué dirá Jesús que está dentro de ti?

No te voy a repasar los diez mandamientos, pero ¡Pórtate bien!  Matrimonios: hombre y mujer para toda la vida; educación de los hijos; poco licor; menos violencia. Todo este ambiente maravilloso que los primeros misioneros sembraron hace más de 400 años en sus corazones y en sus pueblos, con valentía, sacrificio y una gran alegría levantaron sus costumbres, implantaron la educación y llevaron el progreso material.

Hoy, al rendir homenaje a esos misioneros, también les vuelvo a preguntar: ¿Queda en el pueblo y en los hogares la semilla de la fe limpia, de la Confesión, de la Eucaristía, del Bautismo? Esto es lo que el pastor le dice a sus ovejas: Hay que ir por el camino del amor a Dios, del cumplimiento fiel de lo que la Iglesia nos enseña: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.

Con el Bautismo recibimos una vida nueva

Hoy, la Iglesia nos quiere recordar la gran importancia del sacramento del Bautismo. Nos dice el Papa: “Con el Bautismo, recibimos una vida nueva, que te permite tener una relación, una amistad personal con Dios, ya no es un Dios arriba en las nubes, que no sé si me oye. Es un Dios que conoce tu nombre, tu apellido, tus hijos, tu familia. Te conoce a ti y te ama más que nadie”.

Pero, mi Dios me dice: ¿Por qué no me hablas?, ¿Por qué no me buscas?, ¿Por qué no eres mi amigo si el Bautismo te ha invitado a una casa que jamás hubieras podido entrar? ¡La casa de Dios! A una amistad con alguien que jamás hubieras conocido ¡Dios hecho hombre Jesucristo!

Me preocupa que no nos demos cuenta del gran tesoro que significa el Bautismo; es muy grande y cambia mi vida. Nos sigue diciendo el Papa: “Esta nueva vida, nos invita a la eternidad, en el momento en que me bautizo yo tengo una vida que no acaba en esta tierra, va a la eternidad”  Qué importante la lección del Papa y lo dice de una manera muy sencilla: “Las criaturas, los animales, las plantas no están llamados a la eternidad”, por lo tanto, cuando mueren se acabó su existencia. En cambio, nosotros cuando morimos, nos abrimos a una nueva vida: o el cielo y la felicidad eterna, o el infierno y la condenación eterna.

Y continúa el Papa: “El pecado es capaz de matar esa vida eterna y crear una vorágine que corre el riesgo de tragarnos para siempre”.  Si yo cometo un pecado grave, sigo vivo, ¡Sí!, pero he roto algo tan importante dentro de mí que empiezo a ser un hombre triste, sin orientación, violento, mentiroso, ladrón. Por eso vemos que en donde abunda el pecado, abunda el daño, el mal. El Bautismo es ese gran tesoro, y si un hombre o una mujer que lo recibió lo bota entristece a Dios, quien está buscando que vuelvas a pedir perdón y a componer tu vida.

¡Qué importante será el bautismo cuando nos regala una vida nueva! ¡Qué dramático el pecado cuando la rompe! ¡Qué bondad la de Dios que siempre me busca para perdonarme, levantarme y ayudarme! Por eso, papás, eduquen a sus hijos, acerquen a los niños al Bautismo. Qué importante la catequesis, no solamente para prepararse al Bautismo, la catequesis de modo habitual en todas las parroquias, escuelas, que siempre enseñen la bondad de Dios, la gracia, la vida de Dios y la maldad del pecado. ¡Esto es muy importante en la catequesis de hoy!  El peor pecado es el silencio, no predicar el daño que nos hace.

Termino invocando a la Virgen María que ilumine nuestra conciencia para reconocer la maravilla del amor de Dios, de la Eucaristía, de la Oración, de la Confesión, del Bautismo; y su ayuda para que mi conciencia se de cuenta que el pecado es muy grave, que hace mucho daño. Hay que luchar y si uno se cae, a levantarse.

Que Dios los bendiga a todos, que Dios bendiga al Padre Serpa y a todos ustedes que hoy con tanta alegría llenan la Basílica Catedral.

Así sea.

 
 

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