- Domingo, 16 de marzo de 2008 -

 

Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani en el Domingo de Ramos

Domingo, 16 de marzo de 2008

Queridos hermanos todos en Cristo:

Realmente no entendemos cuánta maldad. Cuánto dolor le causa al Hijo de Dios esta reacción de los hombres, ya que la única manera de entender el mensaje de Dios es con humildad.  Nuestros ojos requieren de la ayuda de la fe.  La fe me permitirá poder entender lo que ocurre, si no hay humildad parecería que no necesitamos la salvación.  Hay un misterio en la Pasión, en la Muerte de Jesús que no se entiende si no es con ayuda de la fe y de la humildad.

La fe y la humildad deben ir de la mano

La fe me la da Dios, pero la humildad la pongo yo.  La humildad tiene muchas maneras de poder examinarse, por ejemplo: ¿Amas la verdad?  La verdad de tu comportamiento, la verdad de tus pecados, la verdad de tus culpas; o ¿prefieres esconderlas?, si la escondes ¡no eres humilde!; ¿Respetas a los demás, o siempre tienes tú la razón? Si constantemente estoy yo, imponiéndome a los demás ¡no tengo humildad!  La humildad me dice: pide ayuda; o ¿tengo dentro de mí esa rebeldía?  No necesito que nadie me ayude, o nadie me quiere ayudar.

Hermanos, la enfermedad de la soberbia, del amor propio, del orgullo, es difícil de detectar; es una enfermedad que se mete dentro y quien la tiene no se da cuenta. El humilde se cree soberbio, el soberbio se cree humilde; y en esa situación veo que no entendemos la Pasión del Señor, no la vivimos si falta nuestra humildad y la fe que el Señor me regala.

Yo creo que Jesús ha muerto por mis pecados y la humildad me dice: ‘tengo pecados y pide perdón por tus pecados’; la humildad me dice: reconócelos, arrepiéntete y acércate a la confesión.  Si no, podemos pensar que la Pasión es un hecho que recordamos, ¡algo pasado! ¡La pasión es hoy, hermanos!

Vivamos la Semana Santa meditando la Pasión del Señor

Yo le pido al Señor al empezar la Semana Santa ¡Danos una nueva luz de tu fe para que veamos! ¡Para que podamos vivir todo lo que nos dice la Pasión!  Te animo a que cultives esa fe, leyendo y meditando la Pasión, ponte dentro, cómo hubiera reaccionado; procura ponerte en el lugar de Judas, de Pedro, de María, de Pilatos, en el lugar de la masa o del apóstol Juan; ¡Procura revivir con ayuda de la fe la Pasión! ¡Léela, medítala! El Señor te dará una nueva explicación y lo único que te pedirá es que seas más humilde.

La humildad no es poner cara de santos ¡No! La humildad no es sentirse que somos pésimos ¡No! ¡La humildad es la verdad!, cómo está tu vida, tu comportamiento, tus amigos, tu familia, tu trabajo.  Con esa humildad y esa fe te animo a que en esta Semana Santa estrenes ese regalo: ¡Puedes y debes cambiar! Nadie puede decir ‘ya soy suficientemente bueno’, sería ¡muy soberbio!, y nadie puede decir ‘soy demasiado malo’, también ¡sería soberbio!

Busquemos en esta Semana Santa ese algo nuevo, ese arte de vivir siguiendo a Cristo que ¡te va a llevar, si quieres de verdad ser humilde, te va a llevar de la mano! Te va a decir: ‘debemos ir hacia el sufrimiento, hacia el dolor; ese es el camino que yo te voy a mostrar para que conozcas el amor’. Alguno pensará: ‘no me atrae’. Ese es el problema de todos los tiempos, la gente que ha querido hacer de este mundo el paraíso y cuando los invita a ese camino de la cruz, del sacrificio, del cumplimiento del deber, de la confesión, de vivir bien los mandamientos, de proteger la vida, de proteger el matrimonio y la familia, empieza a abandonar ¡Es muy difícil! ¡No estoy de acuerdo!  ¡Así fueron los que condenaron a Jesús!

Hoy, de una manera muy especial hagamos el propósito: ‘Señor, que yo cambie, que me convierta, que de verdad me acerque a hacer una buena confesión, que yo cambie esas tentaciones, pasiones, dificultades, que todo el tiempo están amarrándome ¡no me dejan!’

En estos días es la ocasión de decir: ‘Señor, ¡Ayúdame a cortar con esta situación! ¡Ayúdame a cambiar esta actitud! ¡Perdonar aquella persona! Señor, ¡sólo no puedo!’. Y por eso la Pasión es una cátedra ¡léela, medítala, ilusiónate para que en esta Semana Santa, empiece para cada uno de nosotros una nueva vida.

Le pedimos a Santa María que nos de la fortaleza para atrevernos a entrar en ese camino del amor.

Así sea.

 
 

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